El 1 de junio de 2022 comenzó el mes de la diversidad en el mundo. De manera gradual, la comunidad LGBT ha logrado aumentar la visibilidad de temas como la diversidad sexo-genérica y ha podido anclar sus demandas en la agenda pública de distintos países. Dada esta coyuntura, este artículo analiza las actitudes y el comportamiento político de las personas en función de su orientación sexual; es decir, analiza la ideología y el sentido del voto de los electores que se identifican como lesbiana, gay y bisexual (LGB). Específicamente, busca responder a la siguiente pregunta ¿existe el voto LGB en México? Los datos de este artículo se basan en el Estudio Nacional Electoral de México (ENEM), encuesta postelectoral representativa a nivel nacional que es parte del Estudio Comparado sobre Sistemas Electorales (CSES, Comparative Study of Electoral Systems). Es importante señalar que este artículo únicamente analiza el comportamiento político de aquellos entrevistados que se autoidentifican como lesbiana, gay, o bisexual (LGB) a partir de la pregunta que indaga la orientación sexual de los entrevistados. Este texto no estudia la identidad de género de los votantes, la cual es una dimensión conceptualmente distinta a la orientación sexual.1

La orientación sexual como identidad social y política
Las personas LGB comparten contextos de discriminación a lo largo de su vida,2 por lo que es probable que esta comunidad comparta agravios e intereses relacionados con sus identidades, lo cual puede verse reflejado en sus actitudes y comportamientos políticos. Aunque existe un creciente interés por este tema en Europa y Estados Unidos, en Latinoamérica la investigación al respecto aún es escasa. En la literatura existen múltiples explicaciones acerca del comportamiento electoral de los votantes. Hay estudios que explican las diferencias en función del ingreso, educación y el estatus socioeconómico de los votantes o en evaluaciones retrospectivas sobre el trabajo del gobierno en turno. Sin embargo, otras teorías basan sus explicaciones en un elemento identitario.
Por ejemplo, la identidad partidista es un tema ampliamente investigado en la literatura sobre los determinantes de las actitudes y el comportamiento político. Esta identidad moldea la manera en que los individuos evalúan a los políticos y los programas que estos avanzan.3 En ese sentido, una identificación grupal constituye un filtro que moldea la identidad propia, la relación con otras identidades y distorsiona las percepciones más objetivas de la realidad.4 Es por esto que la identificación con un grupo es un elemento relevante para comprender la manera en que las personas interpretan el contexto político, económico y social en el que viven. De ser así, la orientación sexual puede representar otra identidad grupal que es relevante para quienes la comparten.
En términos de identidades sociales, hay una amplia variedad de éstas que pueden tener efecto en las actitudes y el comportamiento político de las personas. Otro ejemplo claro es la raza. En Estados Unidos esto se manifiesta a través del vínculo electoral entre latinos y afroamericanos con el Partido Demócrata y los votantes con identidad racial blanca con el Partido Republicano —que se ha vuelto un factor sumamente importante para entender el voto de los electores en Estados Unidos.5 Otro ejemplo importante es la religión. Mientras que los evangélicos son un grupo central en la coalición de votantes del Partido Republicano, quienes pertenecen a las iglesias protestantes históricas afroamericanas, la comunidad judía y quienes no cuentan con una religión votan mayoritariamente por el Partido Demócrata (los católicos hoy en día están divididos entre quienes apoyan a los republicanos y a los demócratas).
En el caso de la comunidad LGB en Estados Unidos y otras democracias occidentales, se ha encontrado que tiene una tendencia a asociarse con partidos y candidatos con programas liberales o progresistas —por ejemplo, el Partido Demócrata en Estados Unidos.6 Asimismo, la comunidad LGBT tiende a identificarse con la izquierda en el espectro ideológico.7 A pesar de que es posible identificar ciertas diferencias ideológicas y de participación política dentro de la propia comunidad LGBT,8 este grupo minoritario tiende a actuar como un bloque en diferentes países y en mayor grado que otros grupos con características similares en Estados Unidos y países de Europa Occidental.9
La comunidad LGB en México: límites y particularidades políticas
Según datos del Inegi,10 el 3.2 % de la población mexicana mayor de 18 años se identifica como no heterosexual. Es decir, existe un número considerable de personas que se identifican como parte de la comunidad LGB, el cual es un porcentaje creciente en México y otros países, particularmente entre las nuevas generaciones. Sin embargo, el comportamiento electoral e identidad política de la comunidad LGB no ha sido un tema suficientemente estudiado en México.
Según la teoría de identidades sociales, existen procesos históricos y culturales que generan significados de pertenencia en poblaciones que comparten cierta identidad.11 Cuando este significado existe y se fortalece a lo largo del tiempo, esto implica la formación de preferencias colectivas que son distinguibles de otros grupos a lo largo del tiempo. En el caso de México, la orientación sexual diversa es un tema que genera opiniones divididas y polémicas. Hacía el final de los años ochenta, los movimientos lésbico y gay comenzaron a adquirir reconocimiento internacional y una gran cantidad de recursos para lidiar con la epidemia de VIH, que habilitó una gran fuente de recursos nacionales e internacionales destinados a su mitigación. En los años noventa, estos movimientos sobrellevaron un proceso de institucionalización que les permitiría crear alianzas para satisfacer sus intereses colectivos.12 En los años posteriores, el activismo LGBT giró hacia la garantía de derechos civiles más concretos, como el matrimonio igualitario. No obstante, la mayoría de estos avances en México han sido producto de negociaciones en la arena legislativa y no en la electoral. De hecho, en la actualidad, los partidos políticos en México no siempre han manifestado posturas o programas políticos concretos que atiendan, en el largo plazo, las demandas y las necesidades de la comunidad LGBT.
En el 2018, el entonces candidato, Andrés Manuel López Obrador, y su partido, Morena, se convirtieron en una opción política atractiva para una coalición de votantes de izquierda, pero también para un sector religioso importante. Como refiere Alejandro Díaz Domínguez13 en su estudio sobre religión y voto en la elección presidencial, cuando los candidatos de izquierda atraen votantes religiosos, entre otras cosas, restan importancia a cuestiones morales que puedan ser divisorias entre los votantes conservadores. Por ejemplo, en 2018, el candidato presidencial de Morena evitó profundizar en temas como el matrimonio igualitario y la despenalización del aborto; además, cuando llegó a tratar estos temas, el candidato evitó hacer menciones explícitas o descartó el tema diciendo que eran cuestiones que podían someterse a votación de la población.14
Sin embargo, esto no significa que las personas LGB no compartan algunas actitudes políticas; simplemente implica que esta identidad no está claramente politizada electoralmente al no existir una opción política explícitamente vinculada a sus intereses, a diferencia de otros países, como el caso del vínculo entre los votantes LGBT y el Partido Demócrata en Estados Unidos. Sin embargo, aun con la falta de señales de parte de los partidos políticos, los votantes LGB comparten ciertas características que, al mismo tiempo, generan lazos, un sentido de identidad y solidaridad grupal.15 En consecuencia, crecer como una persona LGB genera un cambio en las inclinaciones políticas como resultado de la marginalización y la discriminación institucional que esta población enfrenta.16 En conjunto, estos elementos hacen que las personas LGB sean más conscientes de las dificultades que sufren otros grupos que también son discriminados, lo cual genera simultáneamente una identificación con ideales que promueven valores como la justicia, la solidaridad y la igualdad17 y que hace que dichos votantes se inclinen por partidos e ideologías que comulguen con esos valores.
Encuesta Nacional Electoral de México (ENEM)
Los datos del presente análisis se basan en el Estudio Nacional Electoral de México (ENEM), encuesta postelectoral representativa a nivel nacional que es parte del Estudio Comparado sobre Sistemas Electorales (CSES, Comparative Study of Electoral Systems) y que en México es realizado por el CIDE. El ENEM se realiza cada tres años y se levanta días después de las elecciones presidenciales o legislativas, según sea el año electoral; en esta edición, se levantó una semana después de las elecciones intermedias de junio del año pasado. Para indagar la orientación sexual de los entrevistados se utilizó la siguiente pregunta: “¿Y usted se autoidentifica como gay, bisexual o lesbiana?”. Al respecto, los datos de la ENEM 2021 son bastante consistentes con la Encuesta Nacional sobre Discriminación del Inegi,18 en tanto que estima que 2.8 % del electorado en México se identifica como gay, lesbiana o bisexual. Como puede verse en la gráfica 1, este porcentaje es algo más alto entre personas más jóvenes (5 %), con educación preparatoria (5 %), y quienes no reportan tener religión alguna (7 %).
Gráfica 1. Porcentaje de la población total que se identifica como LGB
(por características sociodemográficas)
Ahora bien, para responder a la pregunta si existe el voto LGB en México, es decir, si las actitudes políticas y sentido del voto por parte de los votantes LGB se diferencian del votante heterosexual en México, primero contrastaremos la ideología de dichos votantes tanto en la dimensión moral/cultural como en la dimensión económica. En las siguientes gráficas los resultados representados en el eje vertical de cada panel van de 0 a 1, donde 1 representa el máximo apoyo y 0 el máximo rechazo. Los “brazos” alrededor de cada punto corresponden a intervalos de confianza al 95 %. Dichos resultados son producto de un modelo de regresión lineal.19
Como es posible observar en la Gráfica 2, las personas LGB sí tienen un patrón diferenciado con respecto a temas morales cuando se compara con la población heterosexual. Las preguntas que se utilizaron para realizar estas gráficas evalúan el acuerdo/desacuerdo que las personas tienen con cuatro temas en concreto: la adopción homoparental, la eutanasia, el matrimonio tradicional y el aborto. Es destacable que, en los cuatro casos, la orientación sexual está ligada a una posición más progresista en cada uno de estos temas.20 Eso quiere decir que, en comparación con las personas heterosexuales, la población LGB tiene mayores probabilidades de tener una postura de apoyo hacía la adopción entre parejas del mismo sexo, la eutanasia y el aborto. De igual manera, tienen mayores probabilidades de estar en desacuerdo con la concepción tradicional del matrimonio tradicional, que refiere que es únicamente entre dos personas de sexos y géneros opuestos (hombre-cisgénero y mujer-cisgénero).
Gráfica 2. Probabilidades de apoyar temas en la dimensión sociocultural
Ahora bien, a diferencia de las preguntas sobre temas morales, la orientación sexual no parece tener un efecto diferenciador en temas económicos, como es posible observar en la Gráfica 3. Estas preguntas indagan sobre el acuerdo o desacuerdo con la austeridad fiscal, el control de la inflación o el desempleo, el impuesto a los ricos y la participación del sector privado en la industria eléctrica. Esta diferencia se explica probablemente porque la orientación sexual no está explícitamente conectada con dichos temas económicos, como sí lo está con los temas morales/culturales, en tanto que los temas LGBT han sido tradicionalmente una parte importante de las guerras culturales en México y a nivel internacional, junto con temas como el aborto, eutanasia, etc. Además, como proponen diversos autores, el contexto de discriminación en el cual se desarrolla esta comunidad la hace más propensa que se inclinen por ideales asociados con la izquierda en temas culturales y sociales21, 22 pero no necesariamente se traducen en una agenda económica, sobre todo si las élites políticas no lo conectan explícitamente.
Gráfica 3. Probabilidades de apoyar temas en la dimensión económica
Finalmente, la identificación partidista y el voto son otras dos variables que pueden permitir establecer si hay un voto LGB en México. La tabla 1 reporta la identificación con algún partido político y la forma como votaron los entrevistados en la elección de diputados federales en la elección intermedia de 2021. Es destacable que no hay grandes diferencias entre las personas heterosexuales y las personas LGB en dichas variables. Como se ve en la tabla 1, en ambas poblaciones la identificación partidista y el voto es mayoritario por Morena. Donde se aprecian algunas diferencias es en torno a la identificación y voto por el PAN, que es un poco mayor entre los entrevistados LGB que entre la población heterosexual. Lo anterior seguramente se explica por el carácter más urbano y con mayores niveles de educación del votante LGB, el cual también suele ser más panista que la población general. No obstante, este resultado llama la atención dado que la plataforma más tradicional del PAN suele ser inconsistente con muchas de las demandas de la comunidad LGB. Igualmente, se aprecia que el bloque de votantes LGB tiende a identificarse menos como independiente que la población heterosexual. Finalmente, destaca el apoyo por Movimiento Ciudadano, partido de centro-izquierda que en los últimos años ha apoyado muchos de los temas de la agenda LGBT, que también es algo mayor entre la población LGB que entre la población heterosexual. Aunque estos resultados son estadísticamente significativos, hay que tomarlos con precaución dado que se basan en muy pocas observaciones en la encuesta.
Tabla 1. Identidad Partidista y Voto por Orientación Sexual
(% de votantes que se identifican con algún partido político/que votaron por ese partido)
** = estadísticamente significativo al 5 %, * = estadísticamente significativo al 10 %
En breve, este artículo es una primera aproximación para describir el perfil político de las personas LGB en México. ¿Existe un voto LGB en México? La evidencia es mixta. Por un lado, es evidente que hay un patrón claro de actitudes más progresistas entre la población LGB en temas morales/culturales, aunque este sesgo no se registra en temas económicos. Este contraste seguramente se explica porque la orientación sexual está explícitamente conectada con otros temas morales, pero a falta de claras señales por parte de las élites políticas, no parece estar también conectado al apoyo a temas progresistas en la dimensión económica. Asimismo, desde una perspectiva comparada, el efecto de la orientación sexual en el voto o en la identidad partidista en México es bastante menor que en otros países, donde la población LGB tiende a apoyar con mucho más fuerza a partidos de izquierda, como es el caso del Partido Demócrata en Estados Unidos o partidos socialistas en Europa. Lo anterior seguramente se explica por la importancia moderada que la agenda LGBT ha tenido en el sistema de partidos, incluso entre partidos y candidatos que tradicionalmente se han identificado a la izquierda del espectro ideológico en México. En ese sentido, de acuerdo a los datos de la Encuesta Nacional Electoral, se registran algunos sesgos importantes, pero en general el voto LBG registra bastantes coincidencias con el comportamiento electoral de la población heterosexual.
José A. Álvarez Reyes
Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el CIDE.
Rodrigo Castro Cornejo
Profesor-Investigador Titular de la División de Estudios Políticos en el CIDE y coinvestigador principal del Estudio Nacional Electoral de México (ENEM)
Referencias
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1 Desafortunadamente no se incluyó una pregunta sobre identidad de género en el cuestionario de la Encuesta Nacional Electoral 2021.
2 Hertzog, M., The Lavender Vote: Lesbians, Gay Men, and Bisexuals in American Electoral Politics. NYU Press, 1996; Corrales, J., LGBT Rights and Representation in Latin America and the Caribbean: The Influence of Structure, Movements. Chapel Hill: University of North Carolina, 2015; Araya, E. G., González, T. M., y Fuentes, I. L., “Discriminación y violencia hacia jóvenes lesbianas, gays y bisexuales en Chile”, Cuadernos Médico Sociales, 60(3), 2020
3 Green, D., B. Palmquist y E. Schickler, Partisan Hearts and Minds: Political Parties and the Social Identities of Voters, Yale University Press, 2002
4 Mason, L., Uncivil agreement: How politics became our identity, The University of Chicago Press, 2018.
5 Nelsen, M., y Petsko, C. “Replication Data for: Race and White Rural Consciousness”, Harvard Dataverse, 2021.
6 Hertzog, M., ob. cit ; Jones, Philip Edward, “Political Distinctiveness and Diversity Among LGBT Americans”, Public Opinion Quarterly 85, no 2, 21 de octubre de 2021, pp. 594-622; Lewis, Gregory B., Marc A. Rogers y Kenneth Sherrill, “Lesbian, Gay, and Bisexual Voters in the 2000 U.S. Presidential Election: Lewis et al. / LGB VOTERS IN 2000”, Politics & Policy 39, n.o 5, octubre de 2011, pp. 655-77.
7 Hunklinger, M. “Voting for Diversity? Political participation of Gay Men and Lesbian Women in Germany”, Momentum Quarterly – Zeitschrift für sozialen Fortschritt 10, n.o 1, 2 de abril de 2021, pp. 20; Perrella, A., Brown, S., y Kay, B., “Voting Behaviour among the Gay, Lesbian, Bisexual and Transgendered Electorate”, Canadian Journal of Political Science, 45(1), 2012, pp. 89-117; Swank, E. “Who Voted for Hillary Clinton? Sexual Identities, Gender, and Family Influences”, Journal of GLBT Family Studies 14, n.o 1-2,15 de marzo de 2018, pp. 21-42.
8 Egan, P. J. “Group Cohesion without Group Mobilization: The Case of Lesbians, Gays and Bisexuals”, British Journal of Political Science 42, n.o 3, julio de 2012, pp. 597-616; Hunklinger, Michael, ob. cit.; Jones, P. E., ob. cit.; Schaffner, Brian y Nenad Senic. “Rights or Benefits? Explaining the Sexual Identity Gap in American Political Behavior”, Political Research Quarterly 59, n.o 1, marzo de 2006, pp. 123-32.
9 Turnbull-Dugarte, S. J., y Townsley, J. “Political Engagement and Turnout among Same-Sex Couples in Western Europe”, Research & Politics 7, no. 4, octubre de 2020.
10 Inegi, Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis), 2017.
11 Huddy, L. “From Social to Political Identity: A Critical Examination of Social Identity Theory”, Political Psychology 22, n.o 1, marzo de 2002, pp. 127-56.
12 Díez, J. “Explaining Policy Outcomes: The Adoption of Same-Sex Unions in Buenos Aires and Mexico City”, Comparative Political Studies 46, no. 2, febrero de 2013, pp. 212-35.
13 Díaz Domínguez, A. “¿Votó la ciudadanía religiosa por AMLO en 2018? Un análisis empírico”, Política y gobierno, 27(2), 2020.
14 Ibid.
15 Ibid.
16 Hertzog, M., ob. cit.
17 Ibid.
18 Inegi, ob. cit.
19 Las siguientes gráficas son producto de un análisis de regresión en el que se incluyeron las siguientes variables independientes: identificarse como LGB, género, educación, edad, identidad partidista, religión y asistencia a la iglesia (religiosidad). Para facilitar la interpretación, los resultados que se reportan en el texto son producto de una regresión lineal OLS. Los resultados que se obtienen por medio de un modelo ordinal logístico son sustancialmente iguales.
20 Hertzog, M., ob. cit.; Jones, P. E., ob. cit; Lewis, Rogers y Sherrill, “Lesbian, Gay, and Bisexual Voters in the 2000 U.S. Presidential Election”, 2011.
21 Egan, P. J., ob. cit.
22 Hertzog, M., ob. cit.



