En febrero de 2024 se conmemoraron diecisiete años de la creación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV). El surgimiento de esta Ley está íntimamente ligado al contexto de violencia feminicida que desde entonces se vive en México. Por primera vez se buscaba abordar las violencias experimentadas por las mujeres en todos los ámbitos y en sus diferentes modalidades. En el mismo año (2007), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sometió el caso de Campo Algodonero a la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En aquel entonces se evidenciaba que México tenía responsabilidad internacional por faltar en otorgar medidas de protección a las víctimas, fallar en la prevención de estos crímenes a pesar del conocimiento de un patrón de violencia de género, por su falta de respuesta antes la desapariciones, por falta de la debida diligencia en la investigación de los feminicidios, por denegación de justicia, y por su falta de reparación adecuada.

En México, el 70 % de las mujeres han experimentado por lo menos una situación de violencia psicológica, física, sexual, económica, patrimonial o discriminación a lo largo de su vida.1 Además, se estima que en promedio 11 mujeres son víctimas de feminicidio al día.2 Aunque sin duda ha habido avances en estos diecisiete años, los obstáculos para conseguir justicia siguen siendo muestra de que el Estado Mexicano aún tiene deudas. En Impunidad Cero estimamos que entre 2016 y 2021 en México hubo una impunidad acumulada en feminicidio del 56.6 % a nivel nacional. Esto significa que menos de la mitad de los feminicidios fueron esclarecidos. Las irregularidades identificadas en los casos de violencia feminicida no son muy diferentes a las evidenciadas en aquel entonces.
En el marco del 8M de 2024, les traigo una invitación:
Retiremos la consigna “ojalá que te vayas a la primera agresión” y hablemos de prevención. Hay muchas razones por las que esta frase me irrita hasta la ira.
Dicen “Ojalá que te vayas a la primera…”, pero pareciera que en realidad quisieran terminar la frase con “porque de otra forma te irás sin vida”. Como si necesitáramos un recordatorio de la gravedad de la violencia de género. “Ojalá que te vayas a la primera” y “qué tonta eres si no lo hiciste”.
¿Saben que no ayuda a las víctimas de violencia a irse ni a la primera ni a la millonésima? ¡Exacto! La combinación de vergüenza y culpa que generan consignas como ésta. Podría seguir y seguir, pero ningún espacio editorial me alcanzaría.
No me mal entiendan; sí puedo comprender que es una frase que se replica con buena intención (seguramente yo también la he usado). Sin embargo, esta frase lleva implícita la idea de que las víctimas de violencia de género deben asumir la responsabilidad de prevenirla. Si nos vamos “a la primera” no hay agresiones subsecuentes, y por consiguiente nunca se presenta la escalada que conlleva la violencia feminicida. Aunque en principio pueda sonar coherente, la realidad es que está lógica de argumentación genera en la sociedad la impresión equivocada de que prevenir la violencia de género es una tarea relativamente sencilla y refuerza el estigma que recae sobre las víctimas.
Resaltar que los asesinatos intencionales de mujeres ocurren en contextos diferentes y son motivados por razones de género, que no se replican en homicidios de hombres, no tiene el propósito de desestimar otras formas de violencia homicida. En realidad se trata de comprender las necesidades diferenciadas en la atención de ambos fenómenos. Entender a la violencia feminicida como la manifestación extrema de violencia de género implica reconocerla como parte del continuum de violencias sexistas. Si queremos prevenirla, necesitamos detener el continuum.
Sí, evitar las agresiones subsecuentes, pero no depositando la carga de “irse” en las mujeres. Denunciar violencia de género es difícil porque vivirla tiene efectos en el autoestima; conlleva aislamiento que te deja sin círculo de apoyo, y hacerlo requiere superar diferentes obstáculos al navegar el sistema de justicia. Antes del feminicidio es muy probable que se presenten otras formas de violencia. Así, la prevención debe buscar promover cambios en el comportamiento a la par de fortalecer las medidas de protección que se puede otorgar a las víctimas.
La LGAMVLV contempla mecanismos que se otorgan para proteger a las mujeres que son víctimas de violencia en caso de que se encuentren en peligro. Estos se conocen como órdenes de protección y pueden ser emitidas por autoridades administrativas como Ministerios Públicos e incluso los Centros de Justicia para las Mujeres (Cejum). También pueden ser otorgadas por autoridades jurisdiccionales como los jueces. Para la solicitud de una orden de protección no es necesario que exista una carpeta de investigación, y puede solicitarlas tanto la víctima como cualquier persona que tenga conocimiento de un delito que pone en riesgo la integridad de mujeres o niñas. Una de estas órdenes puede comprender diferentes medidas y aunque tienen una duración de hasta sesenta días, pueden extenderse en caso de que no cese la situación de riesgo para la víctima.3

En lugar de decir “ojalá que te vayas a la primera”, fortalezcamos los espacios que tenemos para acompañarlas. Los Cejum son espacios que brindan atención integral y gratuita tanto a las mujeres víctimas de violencia de género como a sus hijos, hijas, e hijes menores de edad. El objetivo de estas instituciones es promover y garantizar su acceso a la justicia y el ejercicio pleno de sus derechos humanos. De acuerdo con el Inegi, en México existen 65 Centros de Justicia para las Mujeres ubicados en 31 entidades federativas.4 En 2022, estas instituciones atendieron a 526 172 mujeres. El 39 % de ellas acudieron al Cejum por primera vez y el 60 % fue atendida para recibir algún tipo de seguimiento a su caso.
Los Cejum son espacios importantes para la prevención porque al estar orientados para la atención integral ofrecen a las mujeres servicios que van más allá del acompañamiento legal. Además de recibir asesoría jurídica o representación legal, las mujeres que se acercan a esta instancia pueden recibir atención médica y psicológica, apoyo económico, resguardo en caso de emergencia, acceso a bolsas de trabajo, dar seguimiento a la gestión de diferentes trámites, participar en capacitaciones, entre muchos otros.
En 2022 los servicios que más se brindaron en los Cejum fueron asesoría jurídica (22 %), trabajo social (18 %), atención psicológica (16 %), servicios de seguimiento (9 %), y apoyo para denunciar o poner una querella (7 %). Cabe mencionar que una misma usuaria puede solicitar más de un servicio.

De acuerdo con la Endireh (2021), más del 90 % de las mujeres de 15 años y más que han experimentado violencia física o sexual en México no denunciaron lo ocurrido. Sin importar el ámbito en el que ocurrió la agresión, la principal razón para no denunciar fue considerar que se trató de algo sin importancia. Cuando la violencia ocurrió en el ámbito familiar o de la vida en pareja, la segunda causa de no denuncia es el miedo a las consecuencias o amenazas, y la tercera es por sentir vergüenza. En 2022, por cada 10 000 mujeres que acudieron a uno de los Cejum en el país, se abrieron 2240 carpetas de investigación. Cada vez que se denuncia un caso de violencia de género se abre una nueva puerta para detener el continuum y prevenir un feminicidio. Toda propuesta de una política de erradicación debe incluir estrategias para acercar a las víctimas a espacios clave como los Cejum y para promover la denuncia.

Ayudar a las víctimas de violencia de género a navegar el sistema de justicia es una acción de prevención en sí misma, siempre y cuando esta ayuda derive en la correcta aplicación de los mecanismos de protección que otorga el sistema. En una gran parte de los casos de feminicidio hay un antecedente de violencia que el Estado fracasó en identificar. Facilitar el acceso a órdenes de protección y mejorar su implementación es la mejor apuesta en contra de la violencia de género.
Entre 2019 y 2022 el número de las mujeres atendidas en Cejum para el trámite de una orden de protección pasó de 64 925 a 124 345; esto representa un incremento del 91.5 %. Cuando analizamos el tipo de orden solicitada identificamos un cambio importante. Mientras que en 2019 y 2020 el mayor porcentaje de órdenes solicitadas correspondía a órdenes “De emergencia”, en 2021 y 2022 se observa un cambio en la tendencia donde el tipo de orden que más se solicita es la “Preventiva”.5

Promover la cultura de la denuncia en contextos donde la procuración de justicia no cuenta con las capacidades para el correcto desempeño de sus funciones es un ejercicio estéril. No se trata de “irnos a la primera”. Se trata de que al estar listas para alzar la voz encontremos respaldo en las autoridades. Los Cejum ofrecen una ventana a la prevención al ser el lugar ideal para la implementación de herramientas de evaluación del riesgo. Prevenir implica trabajar en conjunto para que denunciar no sea un acto de valentía o ingenuidad. Para que la denuncia sea la puerta de acceso a la justicia debemos lograr que el proceso contemple medidas concretas que eviten la revictimización. El acompañamiento por parte de las autoridades debe evitar que el proceso se convierta en una extensión de la violencia que buscamos erradicar, evitando que la violencia de género quede impune.
Helga A. Jáuregui Ballesteros
Analista de datos en Inpunidad Cero e instructora de R en Data Crunchers. Egresada de la Maestría en Ciencia Política del CIDE
1 La información es retomada de la Endireh 2021 y es una estimación de la prevalencia de violencia contra las mujeres en México, entendida como la proporción de mujeres de 15 años y más que experimentaron una o más situaciones de violencia en un momento específico o durante un periodo de tiempo determinado.
2 Cálculo basado en las cifras de defunciones por homicidio con víctimas mujeres para 2022 publicadas por el Inegi.
3 Si tú o alguien que conoces vive situaciones de violencia de género recuerda que en https://denuncia.org/ puedes encontrar la información necesaria para identificar el delito del que eres víctima y conocer la forma en la que puedes acercarte a las autoridades.
4 Tabasco es el único estado de la república que no cuenta con un Cejum.
5 Las órdenes de emergencia incluyen medidas como la desocupación del domicilio, prohibición inmediata a la persona agresora para acercarse a espacios frecuentados por la víctima, reingreso de la víctima al domicilio y la prohibición de actos de intimidación que pueden extenderse a familiares de la víctima. Por su parte, las órdenes preventivas contemplan resguardo de armas en propiedad de la persona agresora, recuperación de documentos y bienes en el domicilio, auxilio policiaco de respuesta inmediata, y servicios de educación con perspectiva de género para la persona agresora.