Es una sospecha en el aire: quienes apoyan a Trump parecen tener un perfil peculiar; una disposición a creer en teorías de conspiración; a asignar las causas de su malestar en elucubraciones que no parecen tocar la realidad. Quisimos poner a prueba la sospecha y para nuestra sorpresa, encontramos evidencia empírica que la soporta.