En la conferencia del 4 de enero 2023, el presidente López Obrador afirmó que “ayudando a los pobres va uno a la segura porque ya saben que cuando se necesite defender, en este caso la transformación, se cuenta con el apoyo de ellos […] es un asunto de estrategia política”,1 lo que sugiere que existe una estrategia política del gobierno para captar mayor votantes a través de los programas sociales. En ese sentido, este texto analiza el posible efecto electoral que tienen los programas sociales en el comportamiento electoral de los votantes en México. Específicamente, analiza si el hecho de que los votantes sean beneficiarios de programas administrados por el gobierno federal —como las pensiones para adultos mayores, el programa Jóvenes Construyendo para el Futuro, las becas Benito Juárez, el programa Sembrando Vida, etc.— aumentó la probabilidad de votar por Morena en las pasadas elecciones intermedias.

Los datos de este artículo provienen de la Encuesta Nacional Electoral 2021, hecha por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) en colaboración con el Estudio Comparado sobre Sistemas Electorales (CSES, Comparative Study of Electoral Systems). Si bien no encontramos algún efecto electoral de los programas sociales entre los votantes menos favorecidos económicamente (con menor ingreso, menores niveles de educación), sí encontramos que ser beneficiario de programas sociales aumenta el voto a favor de Morena entre votantes con niveles preparatoria y niveles bajos de ingreso. Estos resultados sugieren que, efectivamente, los programas sociales pueden representar una estrategia política exitosa, aunque no únicamente entre los sectores que el presidente asume —al menos de manera retórica. Los resultados de este texto tienden a ser consistentes con diversos análisis sobre el perfil de los programas sociales del gobierno del presidente López Obrador (ver análisis de Máximo Ernesto Jaramillo y Viridiana Ríos), los cuales encuentran que no tienden a enfocarse en los más pobres sino, como muestran nuestros resultados, también entre votantes con educación preparatoria e ingreso muy bajo.
¿Los programas sociales influyen en la opinión pública?
La opinión pública y los votantes suelen ser influidos por las condiciones económicas que presente el país —como el nivel de inflación o la tasa de desempleo—, la percepción de seguridad y otros factores que inciden en la percepción sobre el desempeño del presidente y su capacidad para cumplir sus promesas de campaña. No obstante, aunque es cierto que estos factores importan, no son los únicos elementos que los votantes toman en consideración para tomar sus decisiones electorales. Otros elementos más personales —factores sociológicos y psicosociales— tienen un efecto incluso más fuerte a la hora de evaluar el trabajo del presidente y el desempeño del partido en el poder.2 En primer lugar, la identificación partidista influye en la forma como los votantes juzgan al partido en el poder: si se identifican con dicho partido puede criticar su desempeño con una severidad menor —y viceversa.3 Además, factores ideológicos también afectan la opinión pública, siendo más positivas las evaluaciones si coincide la ideología del votante y el partido gobernante. En tercer lugar, los incentivos económicos no programáticos también pueden aumentar la probabilidad de aprobar el trabajo del gobierno y, por ende, votar a favor del partido en el gobierno. Este factor es precisamente lo que analizamos en este texto: si ser beneficiario de los programas sociales administrados por el gobierno federal aumenta la probabilidad de votar por el partido en el poder.
Las decisiones de los votantes pueden ser afectadas por los programas sociales dado el beneficio material que obtiene un individuo, por lo que aumentan los incentivos para votar por el partido en el poder. Por un lado, de forma retrospectiva, gracias a los recursos que les provee, los ciudadanos pueden mejorar su opinión sobre el gobierno presente y, entonces, apoyarlo para mantener la continuidad del programa que los beneficia. Por otro lado, los programas sociales, como ejes de política pública, pueden resultar atractivos a segmentos del electorado, por lo que puede ser una herramienta politizada para atraer votantes. Finalmente, también se pueden crear relaciones clientelares entre partidos, gobiernos y votantes, en las cuales los electores reciben beneficios derivados de esos programas sociales a cambio de votar por el partido en el poder en la próxima elección. En cualquiera de estos casos, los sectores con menor ingreso y escolaridad suelen ser los más propensos a tomar en cuenta los programas sociales a la hora de votar. Dado que son los electores que tienen mayores dificultades para acceder a buenas oportunidades laborales o recursos para mejorar su calidad de vida, dichos electores obtienen comparativamente mayores beneficios marginales al recibir insumos adicionales por parte del gobierno.
Empero, los estudios sobre este tema presentan resultados variados. Por ejemplo, hay estudios que demuestran que en lugares como Sudáfrica —donde uno de cada tres habitantes recibe un insumo económico por parte de un programa del gobierno— hay poca evidencia de que los programas sociales aumentan la intención de voto a favor del partido gobernante.4 Por el contrario, hay escenarios en los que los programas sociales —o sólo la idea detrás de estos— afectan el voto de forma retrospectiva, siendo temas que se politizan durante las campaña al activar clivajes en sectores de la población. Por ejemplo, en Estados Unidos la opinión pública sobre programas sociales como Obamacare ha generado división entre Republicanos y Demócratas y votantes de izquierda y derecha.5
En el caso mexicano, sabemos que los programas sociales eran parte esencial de las campañas políticas en la era del PRI-partido hegemónico. Por ejemplo, el programa Solidaridad fungió como un mecanismo que buscaba comprar el voto, sobre todo de aquellos votantes con menos recursos económicos y que vivían en municipios con alto riesgo de ser ganados por la oposición.6 La transición a la democracia condujo a una profunda transformación del sistema electoral y, con ello, una continua despolitización de los programas sociales a nivel federal. Los programas sociales, particularmente Oportunidades y Prospera, fueron administrados por instituciones estructuradas para evitar el uso inadecuado de los recursos. Paradójicamente, si bien el uso electoral de los programas sociales por parte del gobierno disminuyó, aumentó significativamente el reparto de regalos por parte de los partidos políticos.7 En otras palabras, el clientelismo se democratizó: todos los partidos, en mayor o menor medida, hicieron del reparto de regalos una forma de hacer campañas electorales en México. Las relaciones clientelares se transformaron en forma de obsequios que los partidos regalan a grupos específicos para ganar su voto.
Aun cuando diversos estudios sugieren que en el ámbito federal los programas no han tenido impacto en la determinación del voto del ciudadano,8 es necesario investigar si este efecto es consistente, dado que la situación política del país ha cambiado desde las elecciones presidenciales de 2018. La cancelación de programas sociales como Oportunidades/Prospera o el Seguro Popular y, en su lugar, la creación de programas sociales como Sembrando Vida, las becas Benito Juárez o Jóvenes Construyendo el Futuro, con un sello más personalista de la figura del presidente López Obrador, sugiere que el papel de los programas sociales ha cambiado en los últimos años. Y, como el mismo presidente refirió, el uso de dichos programas para “defender la transformación” es un asunto de “estrategia política”, lo que podría incrementar el impacto electoral de los programas sociales en el voto a favor del partido en el poder. Por lo tanto, resulta pertinente analizar el efecto de los programas sociales en el voto para averiguar si realmente hay evidencia que están asociados a votar por Morena en las pasadas elecciones intermedias.
Encuesta Nacional Electoral de México (ENEM 2021)
Los datos del presente análisis se basan en el Estudio Nacional Electoral de México (ENEM), encuesta postelectoral representativa a nivel nacional que es parte del Estudio Comparado sobre Sistemas Electorales (CSES, Comparative Study of Electoral Systems) que en México es realizado por el CIDE. La ENEM se realiza cada tres años y se levanta días después de las elecciones presidenciales o legislativas, según sea el año electoral. En esta edición, la ENEM 2021 se levantó una semana después de las elecciones intermedias de junio. Para indagar si ser beneficiario de programas sociales influye en el voto, este estudio se basa en la siguiente pregunta: “El pasado 6 de junio fueron las elecciones para elegir diputados federales, ¿por cuál candidato o partido votó usted?”.
Ahora bien, el ENEM 2021 incluyó una batería de preguntas (tabla 1) sobre programas sociales, la cual registra si el/la entrevistado/a (o la familia del entrevistado/a) es beneficiaria de alguno de los programas sociales administrados por el gobierno federal. Tal como muestra la Gráfica 1, 32 % reporta que su familia es beneficiaria de un programa social, 11 % reporta que su familia es beneficiaria de dos programas sociales y 3 % reporta que es beneficiaria de tres o más programas sociales (el 54 % de los votantes reporta no ser beneficiario de programa alguno). En los siguientes párrafos colapsamos en una misma categoría quienes reportan ser beneficiarios de dos o más programas sociales dados los pocos entrevistados que corresponden a estas categorías.
Tabla 1. ¿Su familia es benefactora de…?
|
|
Sí mención |
No mención |
|
Pensión para Personas Adultas |
25 % |
75 % |
|
Liconsa |
11 % |
89 % |
|
Becas para Estudiantes (Becas Benito Juárez) |
19 % |
80 % |
|
Jóvenes Construyendo el Futuro |
5 % |
95 % |
|
Producción para el Bienestar (Antes Procampo) |
4 % |
96 % |
|
Programa Sembrando vida |
3 % |
97 % |
Gráfica 1. Número de programas Sociales (ENEM 2021)
En las siguientes gráficas los resultados representados en el eje vertical de cada panel van de 0 a 1, donde 1 representa la máxima probabilidad de votar por Morena y 0 la mínima probabilidad de votar por ese partido. Los “brazos” alrededor de cada punto corresponden a intervalos de confianza al 95 %. Dichos resultados son producto de un modelo de regresión logística que identifica las variables que están asociadas a votar por Morena (1=Morena, 0=otro partido). Los modelos también incluyeron las siguientes variables de control: género, edad, identificación partidista, ideología izquierda-derecha, el estatus laboral de los entrevistados (trabaja, desempleado, jubilado, ama de casa, estudiante) y los niveles de información política del entrevistado para estar seguros de que terceras variables no explican el voto de los encuestados.
La Gráfica 2 y 3 reportan la probabilidad de votar por Morena en las pasadas elecciones de diputados federales de 2021 dependiendo del número de programas del que es beneficiario y, además, separa a los entrevistados por sus niveles de educación e ingreso. Como se puede observar en la Gráfica 2, sólo entre un grupo educativo se observa la relación esperada entre ser beneficiario de programas sociales y el voto a favor de Morena: votantes con educación preparatoria. Entre votantes con educación primaria, secundaria y educación universitaria no se observa relación alguna. En otras palabras, al menos cuando se analiza por niveles de educación, el efecto electoral esperado de los programas sociales no se encuentra entre los votantes menos favorecidos —el grupo en que las estrategias clientelares se suelen focalizar según los estudios académicos que estudian el clientelismo.
Gráfica 2. Voto en las elecciones de diputados federales (2021) y número de programas sociales
Probabilidad de votar a favor de Morena por niveles de educación
De manera interesante, también se observa un efecto electoral de los programas sociales en el voto entre los votantes con ingreso muy bajo:9 si el entrevistado reporta ser beneficiario de más programas sociales, su probabilidad de votar por Morena aumenta. Estos resultados son significativos aun cuando se controla por otras variables como identidad partidista o ideología. En otras palabras, los resultados no se originan porque en los estratos con ingresos muy bajos haya más votantes identificados con el partido del presidente.
Que sea en el grupo de votantes con educación preparatoria e ingreso bajo donde se registra un efecto electoral a favor de Morena es consistente con diversos análisis sobre los programas sociales del gobierno del presidente López Obrador (ver análisis de Máximo Ernesto Jaramillo y Viridiana Ríos). Dichos análisis sugieren que los programas sociales no tienden a enfocarse en los más pobres sino en segmentos con menores niveles de pobreza o de clase media baja. En ese sentido, nuestro análisis muestra que entre el segmento de votantes con niveles medios de educación e ingreso bajo, el beneficio de formar parte de los programas sociales del gobierno federal aumenta el incentivo a votar por el partido en el gobierno.
Este efecto combinado de la educación e ingreso no es necesariamente inconsistente con la literatura en comportamiento político. Por ejemplo, el caso de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, donde muchos votantes pueden tener ingresos altos, pero no necesariamente contar con estudios universitarios, lo que los puede hacer más susceptibles de ser movilizados por candidaturas populistas autoritarias en contra de sectores más liberales educados y con una visión más multicultural. Eso sucedió precisamente en las elecciones de 2016, en las cuales Donald Trump obtuvo los mejores resultados en condados con alto ingreso, pero con nivel medio educativo. En contraparte, a Hillary Clinton le fue mucho mejor en condados con alto nivel educativo, pero con niveles medios de ingreso.
Gráfica 3. Voto en las elecciones de diputados federales (2021) y número de programas sociales
Probabilidad de votar a favor de Morena por niveles de ingreso
Este artículo constituye una primera aproximación para entender la relación entre ser beneficiarios de un programa social y las actitudes políticas de los votantes. López Obrador comenta que la estabilidad de la 4T descansa en el apoyo de los pobres, sugiriendo que los programas sociales son herramientas efectivas para obtener la aprobación por parte de las clases marginalizadas. Los datos, en realidad, muestran que —aunque si tienen la capacidad de aumentar el apoyo del partido en el poder— no necesariamente son exitosos únicamente entre votantes con menor ingreso y menores niveles de educación. Si bien encontramos que los programas sociales tienen efectos electorales entre los votantes con menos ingreso, también encontramos efectos significativos entre votantes con educación preparatoria. Este segmento de votantes —con bajo ingreso y educación preparatoria— seguramente se ubican en estratos de clase baja y clase media baja.
Finalmente, una pregunta pendiente para futura investigación es si la relación que este trabajo encuentra entre ser beneficiario de programas sociales y el voto por Morena es resultado del voto retrospectivo o de una posible compra de voto. Con los datos de esta encuesta es imposible saber si los votantes —con educación preparatoria e ingreso muy bajo— están recompensando una política pública (voto retrospectivo) o forman parte de una relación clientelar que les condiciona formar parte de dichos programas sociales siempre y cuando voten por el partido en el poder (clientelismo). Para responder a esta pregunta, tanto estudios cuantitativos que analicen este tema con más detenimiento como estudios cualitativos que entrevisten a votantes a profundidad, pueden aportar información valiosa para entender los mecanismos detrás de los resultados de este texto.
Eduardo León España
Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política del CIDE
Rodrigo Castro Cornejo
Profesor-Investigador Titular de la División de Estudios Políticos en el CIDE y coinvestigador principal de la Encuesta Nacional Electoral de México (ENEM)
1 Excélsior TV, “Mañanera de López Obrador, conferencia 4 de enero de 2023”. Accedido el 4 de enero de 2023.
2 Anchen, C. H., y Bartels, L. M. Democracy for Realists, Princeton, Princeton University Press, 2016.
3 Mason, L. “Capítulo uno”. En Uncivil Agreement. Chicago, The University of Chicago Press, 2018.
4 Seekings, J. “Social grants and voting in South Africa”. Centre for Social Science Research núm. 246, mayo de 2019.
5 Rigby, E. “State Resistance to “ObamaCare””, The Forum 2, vol. 10, 2012.
6 Magaloni, B.; Díaz-Cayeros, A., y Estévez, F. “Clientelism and Portfolio Diversification: A Model of Electoral Investment with Applications to Mexico”, en H. Kitschelt y S. Wilkinson (eds.), Patrons, Clients, and Policies: Patterns of Democratic Accountability and Political Competition, Cambridge University Press, 2007, pp. 182-205.
7 Beltrán, U., y Castro Cornejo, R. “La activación clientelar del electorado en México: entre compra de votos y comunicación política”. Política y Gobierno 26, núm. 2, 2019, pp. 171-204.
8 Núñez, B., Mitzy, J. “Efectos electorales de programas sociales en México: el caso de oportunidades”. Tesis de licenciatura, Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2013.
9 Ingreso muy bajo (0-3999, 25 % de la muestra), ingresos bajo (4000-5000, 27 % de la muestra), ingreso medio (5001-10 000, 23 % de la muestra), ingreso medio alto (10 001 ó más, 25 % de la muestra).



Tal vez no sea prudente considerar el voto como clientelar cuando los votantes reciben o no algún beneficio derivado de políticas públicas. ¿Por qué no considerarlo como una política para generar una mejor distribución del ingreso, de la riqueza?
Otra forma de redondear esta distribución de los beneficios económicos que genera el país es generar sueldos más altos, más justos.
Igualmente la creación de empresas que generen más empleos.
Contar con un servicio de salud universal, paliaría la desigualdad.
Y haciendo una cobertura adecuada de la educación, no sólo básica, también la media y la de estudios superiores, incluyendo el combate al analfabetismo digital, sería una contribución a tener una sociedad más justa, más sana, mejor educada y con una distribución igualmente más justa de la riqueza.
Entonces ¡por qué preguntarse si aumentar los beneficios a los que menos tienen es una política clientelar en busca del voto?
¿No es mejor generar círculos virtuosos que seguir con una política que sólo beneficia a los que más tienen?
¿Qué los gobiernos no están para satisfacer las necesidades de toda la población, de las mayorías?, o ¿es sólo para los que más tienen?
Eduardo y Rodrigo, enorme su artículo, ocupa tiempo y espacio, quedé medio atolondrado ¡joder!. Veamos. ¿Los programas sociales influyen en la opinión pública?. Definitivamente SÍ, sobre todo en los jóvenes en edad de votar o primerizos, por llamarlos de alguna manera. También influyen en la gente de poco entendimiento y si a eso le agregan que la miseria tiene cara de hereje, unas pocas monedas no caen mal, no importa que sean de los contribuyentes. Remate con un capotaso largo: Ironía. Eduardo España y Rodrigo ¿no es Díaz de Vivar?. Vale.
Analizar a través de encuestas los efectos del clientelismo sobre el voto ciudadanos da un entendimiento parcial del problema. A estos estudios habría que añadir otras consideraciones. Por ejemplo, como afecta el tamaño del espacio en que se emite el voto con el resultado obtenido. Los estudios de Susan Stokes sobre Argentina demuestran que el control sobre el voto de los beneficiarios es menos probable en entidades o circunscripciones más grandes, ya que sólo en las pequeñas es posible confrontar los resultados obtenidos en la urna con el número de votos esperados. También se puede consultar el artículo de Allen Hicken y Noah Nathan (2020) para comprender más cabalmente el comportamiento de los votantes receptores de programas clentelares. De otra manera, se crea la impresión de que el triunfo de aquellos partidos o políticos encargados de su diseño e implementación es inevitable en cualquier circunstancia. A mi juicio, el asunto no es tan mecánico.