¿Quién accede a la tribuna? Una mirada a la participación en debates legislativos

Los reclamos que surgen desde los feminismos suelen partir del reconocimiento de que los principios político-sociales establecidos por el patriarcado son incompatibles con las necesidades de mujeres y grupos minoritarios de la sociedad. Esta incompatibilidad se teoriza mediante tres críticas centrales: 1) la falacia de la “neutralidad del género” que da origen a discriminación; 2) la distinción arbitraria entre lo público y lo privado; y 3) el sesgo en la reducción de los intereses de las mujeres a la ética del cuidado.1

La crítica sobre la distinción entre las esferas pública y privada identifica la segregación de las mujeres al ámbito privado y, por ende, la incapacidad de instituciones políticas para reflejar sus preferencias. Al reconocer que las relaciones de género son intrínsecamente políticas se logra argumentar que las características de esta relación permean en normas sociales, prácticas cotidianas y en las reglas que regulan al Congreso, una institución que tradicionalmente confiere poder a los hombres.2

 Actualmente la presencia de mujeres en instituciones políticas es una medida de la calidad de la democracia. La preocupación por facilitar la entrada de las mujeres al Congreso dio pie a la creación de normativas de acción afirmativa como los sistemas de cuotas. Detrás de este tipo de entramado institucional se encuentra el concepto de masa crítica, el cual establece que entre más mujeres haya —por ejemplo en el Congreso— más fácil será lograr representación sustantiva.3

El incremento del número de mujeres en el Congreso ha dado origen a diversos análisis sobre cómo llegan al poder,4 qué legislan,5 y si hay un efecto en la representación sustantiva.6 Sin embargo, suele ponerse poca atención a sus participaciones frente al pleno del Poder Legislativo. Saber si las mujeres acceden a la tribuna y conocer las características de dichas participaciones ofrece la oportunidad de analizar el comportamiento legislativo femenino desde una dimensión nueva, misma que puede ayudarnos a operacionalizar las dimensiones simbólicas y sustantivas de la representación.

Este texto representa un esfuerzo por contribuir a llenar este vacío. En él presento los resultados de un análisis descriptivo sobre las características de los diputados y diputadas que participaron frente al pleno de la cámara baja del Congreso mexicano.

Ilustración: Belén García Monroy
Ilustración: Belén García Monroy

Datos

La estructuración de los debates legislativos suele depender de la política interna de los partidos, así como de consideraciones electorales.7 Esto último se debe a que los debates suelen ser una herramienta para que los partidos envíen señales a los actores en el ambiente político. Además, las reglas institucionales que rigen la forma de conducir los debates determinan la medida en que líderes de partidos influirán en la decisión de quiénes acceden al pleno.8

La base de datos analizada se compone de un total de 278 observaciones, cada una correspondiente a la participación de 124 diputadas y 154 diputados en una muestra de 13 debates seleccionados a partir de criterios predefinidos.9 Los debates incluidos en la muestra tuvieron lugar en el primer periodo ordinario del segundo año de las legislaturas LX (2006-2009), LXII (2012-2015) y LXIV (2018-2021), y abarcan temas presupuestales, de educación y de género.

Adicionalmente, la base de datos incluye variables que miden diversos aspectos de la trayectoria de cada legisladora y legislador. Estas variables provienen del currículum vitae presentado por los propios representantes al momento de ocupar el escaño, los cuales son publicados por el Sistema de Información Legislativa.

Aunque la forma en que seleccioné estos 13 debates limitan la capacidad para generalizar los resultados que aquí presento, los hallazgos nos ofrecen un primer acercamiento útil y relevante para entender las características de diputados y diputadas que acceden al pleno de esa Cámara.

Resultados generales

A lo largo de las tres legislaturas seleccionadas se observan cambios importantes tanto en la composición del pleno como en el sistema de partidos mexicano. Como se muestra en la gráfica siguiente, en las legislaturas LX (2006-2009) y LXII (2012-2015) los partidos “tradicionales” como el PAN, el PRD y el PRI tenían un porcentaje de escaños mayor al resto de los partidos, pero no contaban con mayoría por sí solos. Aunque la entrada de Morena al sistema de partidos se da durante la LXII legislatura, es en la LXIV legislatura (2018-2021) donde se observa un cambio importante, pues logró obtener poco más del 50 % de los escaños. En esta misma legislatura también destaca la disminución de escaños obtenidos por el PRD, partido que dejó de estar dentro de los tres más grandes.

Durante este mismo período se notan los efectos positivos que el sistema de cuotas de género tuvo en el porcentaje de mujeres que paulatinamente integraron la Cámara de Diputados. Mientras que en la LX legislatura las mujeres representaban el 26.2 % de los escaños, para la LXIV —llamada la legislatura de la paridad— este porcentaje incrementó a 48.2 %.

¿Quiénes participan frente al pleno?

Comienzo el estudio de las participaciones de legisladoras y legisladores en los 13 debates seleccionados analizando sus edades. Además de ayudarnos a perfilar demográficamente a las diputadas y los diputados, esta variable puede ser utilizada como un control para mitigar perturbaciones al observar, por ejemplo, la experiencia de la o el representante. Como ilustra el siguiente boxplot, las mujeres que participaron en los debates analizados tienden a ser más jóvenes que los hombres. La media de la edad para mujeres es de 45.9 años, mientras que para hombres es de 49.1; aunque 3 años de diferencia pudieran parecer poco, la diferencia de medias resultó significativa.10

Al analizar la distribución de los años de educación según el sexo, los datos indican que las mujeres tienen un promedio ligeramente mayor que los hombres: 17.8 vs. 17.5 años, respectivamente. Sin embargo en esta ocasión la diferencia de medias no fue significativa, por lo que es posible que ambos grupos cuenten con niveles de educación similares.

Aunque los años de educación ofrecen información sobre la preparación de nuestros representantes, las características del Poder Legislativo y sus normas internas hacen que la experiencia previa sea un factor que influye en el comportamiento al interior de la institución y en el posible éxito legislativo.11 Los diputados que participaron en alguno de los debates de la muestra tienen, en promedio, 2.62 años de experiencia legislativa. En cambio, las diputadas tienen una media de 2.12 años de experiencia.

Sobre esta variable es importante puntualizar dos cosas. La primera es que se construyó considerando tanto experiencia previa en el Poder Legislativo federal como el estatal. La segunda es que durante el periodo analizado la reelección consecutiva a nivel federal aún no estaba permitida. En realidad, la LXIV legislatura fue la primera en la que sus integrantes pudieron decidir buscar la reelección. Esto provoca que medir la experiencia usando esta única dimensión no sea la forma más adecuada para el contexto institucional mexicano.

Para dar una solución a este problema incluí dentro del análisis cuatro áreas que ayudan a medir diferentes dimensiones de experiencia política: años de experiencia en algún cargo de la administración pública federal, estatal y municipal, así como años de experiencia en algún cargo dentro de burocracias partidistas.

Al analizar los años de experiencia política previa de las mujeres en estas áreas, los resultados indican que las diputadas que participan frente al pleno, al menos en lo que a esta muestra respecta, son aquellas que tienen una carrera política previa. Los datos muestran varios resultados interesantes. El primero es que hombres y mujeres tienen un promedio muy similar de años de experiencia administrativa a nivel municipal: 1.8 vs. 1.9, respectivamente. Esta similitud desaparece cuando se trata de experiencia administrativa a nivel estatal y federal. Las mujeres que participan en los debates cuentan con más años de experiencia en el nivel estatal que los hombres (2.1 y 1.7, respectivamente). Sin embargo los diputados tienen en promedio 2.1 años de experiencia en el ámbito federal y las diputadas sólo 1.

La media de experiencia en cargos de burocracia partidista nuevamente muestra similitudes entre hombres y mujeres (4.8 y 4.3, respectivamente). Además destaca que, sin importar el sexo, esta es el área en la que tienen más años de experiencia. Este resultado sugiere que quienes acceden a la lista de oradores tienen cierta cercanía con su partido.

Aunque imperfecta, una forma de observar esta proximidad entre las legisladoras y los legisladores que participaron en los debates con sus respectivos líderes partidistas, consiste en analizar la fórmula electoral mediante la cual obtuvieron su escaño. Debido a que la fórmula de representación proporcional (RP) usada en México para postular a las personas que serán candidatas a una diputación federal incluye el uso de listas cerradas y la ausencia de elecciones primarias al interior de los partidos, las y los dirigentes partidistas suelen tener cierto grado de discrecionalidad para asignar estas candidaturas, lo que a su vez apunta a una mayor cercanía entre la persona a la que se le otorgó la candidatura y la élite partidista. De manera similar, el sistema mixto de elección que existe en México genera incentivos diferenciados. Mientras que las personas electas por mayoría relativa (MR) le deben su escaño al voto popular, diputados y diputadas de RP le deben su escaño al partido. Esto podría generar que las legisladoras y los legisladores de MR busquen acceder al pleno para visibilizarse ante la ciudadanía, mientras que las y los de RP lo hagan para posicionar intereses del partido en la agenda.

Al analizar la proporción en que hombres y mujeres participan en los debates y el principio mediante el cual obtuvieron el cargo, destaca que las diputadas de MR y RP participaron en la misma proporción: 50 %. En contraste, la proporción de hombres electos por MR que participaron en los debates casi duplica a la proporción de diputados de RP: 66 % vs. 34 %.

Finalmente, si consideramos que el tamaño del partido influye en los recursos que reciben diputados y diputadas, y que la distribución de dichos recursos será a discrecionalidad del líder partidista, resulta importante ver la relación entre esta variable con el acceso al pleno.

Los cambios en la distribución del tamaño del partido para mujeres muestra que en cada legislatura se ha incrementado el número de mujeres de partidos pequeños que participa en los debates. Esto puede deberse al efecto de haber alcanzado el nivel de masa crítica, tal como muestra la segunda gráfica, pero para afirmarlo con certeza hace falta realizar un análisis mucho más profundo.

Al revisar el cambio en la forma de la distribución del tamaño del partido para los hombres a lo largo de las tres legislaturas se observa el mismo comportamiento: los hombres que pertenecen a partidos pequeños participan cada vez más. Sin embargo, la forma de las distribuciones deja ver un mayor grado de dispersión que en las distribuciones para mujeres.

Algo que no puede dejarse de lado es que la LXIV legislatura se distingue de las otras dos analizadas por un par de motivos: 1) el cambio en el sistema de partidos que se reflejó en la composición del pleno y 2) la posibilidad de reelección consecutiva al final de esta legislatura. Esto puede hacernos pensar que el aumento en la participación de representantes de partidos más pequeños obedece a los incentivos que se derivan de ambos motivos. El que un partido haya conseguido la mayoría de la Cámara puede hacer que participar en los debates sea más relevante para los partidos de oposición. Por otro lado, la posibilidad de lograr la reelección crea el incentivo de participar más para lograr mayor visibilidad.

“Cuando las personas están siendo representadas,
su reclamo por hacer escuchar sus intereses se vuelve relevante.”
—Hanna Pitkin

Alcanzar la representación sustantiva para grupos de la sociedad excluidos históricamente de instituciones políticas no es un camino sencillo. Cuando adquirimos conocimiento sobre las acciones que llevan a cabo nuestros representantes y sobre las normas institucionales (formales e informales) que moldean dicho comportamiento, abrimos la puerta de la rendición de cuentas en la relación existente entre persona representante y persona representada. Si optamos sólo por analizar la legislación que produce el congreso nos concentramos en evaluar si las iniciativas reflejan o no nuestros intereses. Si optamos por entender el proceso, por ejemplo identificar quiénes participan en las discusiones que dan origen a esa legislación, podemos construir estrategias de incidencia más eficaces.

 

Helga A. Jáuregui Ballesteros
Egresada de la Maestría en Ciencia Política del CIDE


1 Ver Kymlicka, W. Filosofía política contemporánea: una introducción, Oxford University Press, Nueva York, 2002.

2 Ver Palmieri, S. “Feminist Institutionalism and Gender Sensitive Parliaments: Relating Theory and Practice”, en Gender Innovation in Political Science: New Norms, New Knowledge, Marian Sawer, y Kerryn Baker (eds.), Palgrave Macmillan, 2019, pp. 173-194.

3 Ver Htun, M. N., Jones, M. P. “Engendering the Right to Participate in Decision-making: Electoral Quotas and Women’s Leadership in Latin America”, en Gender and the Politics of Rights and Democracy in Latin America, Craske, N., Molyneux, M. (eds), Women’s Studies at York Series, Palgrave Macmillan, 2002.

4 Ver Freidenberg, F., y Alva R. “¡Las reglas importan! Impulsando la representación política de las mujeres desde las leyes electorales en perspectiva multinivel”, en La Rrepresentación política de las mujeres en México, Freindenberg, F. (ed.), México, Instituto Nacional Electoral, 2017, pp. 1-43.

5 Ver Schwindt-Bayer, L. A. “Still Supermadres? Gender and the Policy Priorities of Latin American Legislators”, American Journal of Political Science, 50, 2006, pp. 570-585.

6  Ver Piscopo, J. M. “Beyond hearth and home: female legislators, feminist policy change, and substantive representation in Mexico”, Revista Uruguaya de Ciencia Política, 23(2), 2014, pp. 87-110.

7 Ver Proksch, S. O., y Slapin, J. B. “Institutional foundations of legislative speech”, American Journal of Political Science, 56(3), 2012, pp. 520-537.

8 Ver Bäck, H., Baumman, M., y Debus, M. “The Unequal Distribution of Speaking Time in Parliamentary-Party Groups”, Legislative Studies Quarterly 44(1), 2019, pp. 163-193.

9 Se seleccionaron debates que tuvieron lugar durante el primer periodo ordinario del segundo año de la legislatura, en los que se discutió alguno de los tres temas de interés (educación, género y presupuesto), y donde hubo al menos 3 participaciones en la discusión. Al codificar las participaciones se excluyeron aquellas intervenciones relacionadas con el protocolo para guiar el debate (es decir, todas las participaciones realizadas por las y los integrantes de la mesa directiva).

10 La prueba de hipótesis referida fue un t-test de dos colas con valor t = 4.58 y un valor-p de 0.000.

11 Aunque existen diversos debates sobre la forma en que se utiliza la actividad legislativa como variable dependiente, el éxito legislativos usualmente se entiende cómo la capacidad de lograr que en un proyecto de ley presentado logre atravesar todo el proceso legislativo hasta convertirse en ley. Ver Bertino, M. “Actividad legislativa, éxito e importancia como factores detrás de la producción legislativa”, Colombia Internacional, (83), 2015, pp. 77-101.

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Publicado en: Debate