¿Qué pasa cuando te vuelves mamá? El trabajo bajo la maternidad

Como mujeres jóvenes, nos encontramos en una encrucijada. Mientras entramos al mundo laboral y saboreamos la independencia de la adultez temprana, nos topamos cara a cara con una expectativa que se ha tenido sobre nuestras vidas desde que podíamos cargar una muñeca: en nuestros próximos pasos se encuentra la maternidad. Pero… ¿queremos ser madres?

Ilustración: Oldemar González

Para cada vez más mujeres en México, la respuesta es no. Entre 2005 y 2021 el número de mexicanas entre 15 y 30 años que son madres disminuyó 9.7 %.

Como beneficiarias del esfuerzo que nos dedicaron las personas que nos cuidaron en nuestra infancia, reconocemos la importancia del trabajo de la crianza. Este trabajo literalmente nos trajo al mundo y determinó parte de quiénes somos y quiénes seremos. Pero también, como mujeres jóvenes, nos volvemos más conscientes del sacrificio que conllevó este cuidado; un cuidado que, particularmente en el caso de las mujeres, ha permanecido invisibilizado.

Desde Data Cívica nos preguntamos entonces, ¿cómo se ven estos sacrificios en términos de trabajo? En otras palabras, investigamos ¿cómo afecta la maternidad al uso del tiempo de las mujeres? ¿Cómo se componen sus horas de trabajo según su remuneración? ¿Cómo influye la maternidad en la trayectoria en el mercado laboral? ¿El efecto de tener hijes es distinto para mujeres solteras y para mujeres casadas?1

Las madres trabajan desproporcionadamente sin remuneración

Para esta entrada, definimos el “trabajo” no sólo como la participación remunerada en el mercado laboral. Para nosotras, el desempeño de labores domésticas también constituye una forma de trabajo, a pesar de que no se recompense con un ingreso. Empleando esta definición más amplia del “trabajo”, sumamos el total de horas dedicadas al trabajo por los hombres, las madres y las mujeres sin hijes en México.2 Aunque las mujeres realizan un poco más de la mitad (55 %) de las horas de trabajo en el país, la diferencia más notable entre los hombres y las mujeres tiene que ver no tanto con la cantidad de tiempo que trabajan, sino con la porción de este tiempo que es remunerada. Si bien en el caso de los hombres la gran mayoría del tiempo que trabajan consta de trabajo remunerado, en el caso de las madres, vemos en cambio que la mayoría del tiempo que dedican al trabajo lo hacen sin remuneración.

Esta discrepancia sugiere que la carga del trabajo no remunerado en el hogar recae exageradamente en las mujeres, y más específicamente, en las madres del país. De cada diez horas dedicadas al trabajo del hogar en México, aproximadamente ocho son de las mujeres, de las cuales siete son de las madres. Como referencia, las madres representan sólo 38 % de la población mexicana, lo que significa que su carga de trabajo del hogar es casi el doble de lo que se esperaría si este trabajo estuviera distribuido igualmente entre la población.

Las solteras trabajan más en el mercado laboral, mientras que las casadas trabajan más dentro de la vivienda

Las horas de trabajo tampoco se distribuyen equitativamente entre las mujeres. No sorprende que la carga de trabajo del hogar sea mayor para las madres que para las mujeres sin hijes. No obstante, un tema interesante es que esta carga no depende sólo de la maternidad, sino también del estado conyugal de las mujeres y de su edad.3 En el panel inferior, vemos que, sin importar si tienen hijes o no, las mujeres casadas realizan considerablemente más trabajo del hogar que sus contrapartes solteras. Esto implica que no es sólo ser madre lo que aumenta la carga de trabajo del hogar, sino también vivir con una pareja.

La disparidad en el tiempo dedicado a esta forma de trabajo es particularmente exagerada en el caso de las jóvenes. Las solteras sin hijes entre 15 y 24 años, por ejemplo, pasan en promedio 13 horas de su semana realizando tareas domésticas. Sus contrapartes casadas sin hijes asumen el doble de esta carga (26 horas semanales). Las madres solteras de este grupo de edad dedican 35 horas semanales al trabajo del hogar y las madres casadas 48 horas semanales.

Es decir, las madres jóvenes casadas dedican más del equivalente de un trabajo de tiempo completo a las tareas domésticas, una carga 3.7 veces mayor que la de sus contrapartes solteras sin hijes. Cabe resaltar que parte del trabajo que recae en las madres jóvenes probablemente tenga que ver no sólo con la edad de las madres sino también con la edad de sus hijes. Muy probablemente, las mujeres jóvenes tienen también hijes jóvenes que requieren más cuidado y atención. De todas formas, la carga de trabajo del hogar que implica vivir con una pareja y especialmente tener hijes impacta la trayectoria educacional y laboral de las mujeres.

Mientras que las casadas trabajan más dentro del hogar, vemos que las solteras son las que más dedican tiempo al trabajo en el mercado laboral. En cuanto al trabajo remunerado, incluso vemos que la maternidad tiene un efecto distinto dependiendo de su estado conyugal de mujeres. Mientras las madres casadas dedican menos tiempo en promedio al trabajo remunerado, las solteras dedican más, posiblemente por ser el único sostén económico de sus hijes. Al sumar el tiempo dedicado al trabajo, tanto remunerado como no, vemos que la doble carga de trabajo en el hogar y el mercado laboral recae sobre todo en las madres jóvenes, y especialmente en las madres jóvenes solteras.

La participación de las mujeres en el mercado laboral no está dictada por tener hijes sino por su estado conyugal

Hasta ahora, hemos visto cómo la maternidad y el estado conyugal influyen en el tiempo que las mujeres dedican al trabajo, tanto remunerado como del hogar. Pero para poder dedicar tiempo al trabajo remunerado existe una precondición: participar en el mercado laboral. Es decir, tener un trabajo o estar en búsqueda de uno. Hay muchas mujeres que, por decisión propia o por necesidad, optan por no participar en el mercado laboral.

La diferencia entre hombres y mujeres en la tasa de participación en el mercado laboral constituye una de las disparidades más evidentes en cuanto a la desigualdad económica de género. Mientras que más de 9 de cada 10 hombres en México trabajan con remuneración o buscan hacerlo, sólo 5 de cada 10 mujeres lo hacen. Sí, las mujeres sin hijes participan en el mercado laboral en mayor proporción (7 de cada 10), pero todavía existe una disparidad importante en comparación con los hombres.

Pero, ¿tener hijes o estar casada es lo que determina la decisión de ingresar al mercado por un trabajo remunerado? Vemos que las mujeres solteras, sin importar si son madres o no, son parte del mercado laboral de manera bastante similar a los hombres: en total, 77 % de las mujeres solteras son parte de la población económicamente activa, mientras que 87 % de los hombres solteros lo son.4

Los datos sugieren que, más que ser madre, casarse o vivir con su pareja es lo que incrementa la desigualdad de participación en el mercado laboral. Que el estado conyugal dicte de forma tan clara la decisión de participar en el mercado laboral se puede contextualizar con la carga de trabajo en el hogar. Las mujeres casadas dedican más tiempo al trabajo del hogar que sus contrapartes solteras, sin importar si tienen hijes o no. Mientras que el 96 % de los hombres casados trabajan o buscan hacerlo, sólo 45.6 % de las mujeres de las madres lo hacen: esto constituye una diferencia de casi 50 puntos porcentuales. Sí, la discrepancia entre mujeres sin hijes y hombres es menor (64 % vs. 96 %), pero no por ello menos significativa.5

Las madres en el mercado laboral trabajan doble por la carga de trabajo en el hogar

Esperaríamos que al entrar al mercado laboral se redujera la carga de trabajo en el hogar que recae en las mujeres. Sin embargo, lo que observamos es que las madres que participan en el mercado laboral enfrentan una doble carga de trabajo y terminan asumiendo dos trabajos: uno en su empleo remunerado y otro dentro del hogar.

Sin importar si tienen hijes o no, las mujeres en el mercado laboral dedican aproximadamente 35 horas semanales al trabajo remunerado. Además de este tiempo remunerado, las mamás que trabajan fuera de la vivienda dedican 29.3 horas al trabajo del hogar, dos veces más que sus contrapartes sin hijes (15.1 horas). Para darnos una idea, los hombres en el mercado laboral dedican un promedio de 42.4 horas semanales al trabajo remunerado y 9.4 al trabajo del hogar. Sumando el trabajo remunerado y no remunerado, las madres en el mercado laboral trabajan un promedio de 64.3 horas semanales, las mujeres sin hijes 50.7 horas semanales y los hombres 51.8 horas semanales.

Otro tema interesante tiene que ver con la subocupación. Una persona está subocupada cuando dedica al trabajo remunerado menos horas de las que quisiera dedicar. Por cada 100 mamás empleadas, 9 están subocupadas. Estas son dos mujeres más que para las mujeres sin hijes. No es por falta de disposición que las madres no dedican más tiempo al trabajo que les provee ingresos, sino que es la baja demanda de su trabajo lo que las limita a extender sus horas de trabajo remunerado.

La disparidad de ingresos entre hombres y mujeres tiene más que ver con ser madre que con ser mujer

Sabemos también que en general las mujeres ganan menos que los hombres. Más específicamente, por cada peso que gana un hombre, las mujeres ganan 88 centavos. ¿Qué tanto de esta diferencia se debe a la maternidad?

La respuesta: casi todo. Las mujeres sin hijes son muy similares a los hombres en cuanto a la remuneración por su trabajo. La mayor parte de ambos grupos reciben entre 1 y 2 salarios mínimos, mientras la mayor parte de las madres reciben un ingreso menor o igual a un salario mínimo mensual. En corto, al considerar los promedios (demarcados por los puntos azules), por cada peso que gana un hombre, las madres ganan 83 centavos mientras que las mujeres sin hijes se ganan el peso completo. En otras palabras, las horas de trabajo de las madres no sólo son predominantemente no remuneradas, sino que, cuando sí lo son, son menos recompensadas por su trabajo que las mujeres sin hijes.

Ahora, ¿cómo se ve esta diferencia si la descomponemos también por el estado conyugal? Se ve bastante similar. Al parecer, ser casada o vivir con su pareja no cambia mucho los ingresos de las mujeres en el mercado laboral. Sin importar su estado conyugal, los ingresos de las mujeres sin hijes son más cercanos a los de los hombres, que a los de las mujeres con hijos.  Es decir, aunque el estado conyugal es el factor aquí considerado que más determina si una mujer participa en el mercado laboral, es la maternidad (y no el hecho de ser mujer o tener una pareja)  lo que tiene mayor injerencia sobre su salario.

El trabajo de la crianza es indispensable y permeable

Entonces, ¿por qué cada vez somos más mujeres las que nos sentimos contrariadas con el prospecto de ser madres? Nuestros hallazgos sugieren que, por ahora, ser madre sigue transformando el trabajo de las mujeres, dentro y fuera del hogar. Al ser madres, recae en las mujeres la carga de un segundo empleo no remunerado en el hogar. En el mundo laboral, las madres enfrentan salarios más bajos por cada hora de trabajo. Son sacrificios que muchas no podemos ni queremos tomar.

Pero ser madres, si es que así lo decidimos, no debe terminar con nuestras vidas personales o profesionales. Aunque como personas podemos optar por no tener hijes, como sociedad jamás podremos descartar el trabajo de la crianza; es una labor de la cual nos beneficiamos todes y que es responsable por constituir las generaciones que heredarán nuestro mundo. Para crear una realidad donde tener hijes no implique tomar sacrificios inalcanzables, tenemos que reimaginar la maternidad como la conocemos. El trabajo de la crianza no corresponde sólo a las madres; es una responsabilidad compartida por los padres, las madres, nuestras comunidades y el Estado. Hasta que adoptemos cambios culturales y políticas públicas que tomen responsabilidad por este trabajo comunitario, seguiremos viviendo en un mundo donde ser madre significa renunciar a nuestro desarrollo más allá de la familia.

 

Alicia Franco y Sierra Wellls

 

Nota metodológica
Todas las bases y códigos para replicar este análisis están en la siguiente carpeta


1 No está de más recalcar que las mujeres no se caracterizan ni definen por su estado conyugal o por ser madres, sin embargo sabemos que ambas características sí afectan sus roles y expectativas por parte de  la sociedad  y por lo tanto sus cargas de trabajo tanto en el hogar como en el mercado laboral.

2 Para todas nuestras gráficas y análisis del tiempo dedicado al trabajo, sólo incluimos a individuos mayores de 15 años.

3 Separamos las mujeres de nuestro análisis entre dos categorías: “soltera” o “casada o vive con su pareja”. “Soltera” incluye mujeres clasificadas como solteras, viudas, separadas o divorciadas. “Casada o vive con su pareja” incluye mujeres clasificadas como casadas o en unión libre.

4 Al desagregar por estado conyugal en nuestro análisis de participación en el mercado laboral y de ingresos, optamos por controlar por edad. Filtramos por personas entre 25 y 54 años, grupos de edad donde la distribución del estado conyugal se mantiene relativamente constante.

5 A lo largo de este texto, comparamos a las madres y las mujeres sin hijes con los hombres en general. Hubiéramos preferido distinguir entre los padres y los hombres sin hijes para hacer una comparación más robusta. Sin embargo, en la ENOE, únicamente preguntan a las mujeres, y no a los hombres, si tienen hijes. La ausencia de datos no sólo dificulta el análisis de las vidas de los padres, sino también refuerza la idea de que les hijes son únicamente responsabilidad de sus madres.

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Publicado en: Data Cívica, Debate

2 comentarios en “¿Qué pasa cuando te vuelves mamá? El trabajo bajo la maternidad

  1. Interesante análisis. Comentar que me parece que esta sesgado a mujeres jóvenes, clase media, educadas, urbana debatiéndose entre pago, dinero o hijos (Si alguien se plantea esta disyuntiva.. ya olviden lo de ser madres ya mismo!). «En el mundo laboral, las madres enfrentan salarios más bajos por cada hora de trabajo. Son sacrificios que muchas no podemos ni queremos tomar». Dudo mucho que más de la mitad mexicanas, quienes viven en pobreza estén considerando este tipo de dilemas. Una mirada más incluyente favorecería el análisis. Es el tipo de análisis cuantitativo netamente, unipersonal, que deja más preguntas que respuestas.

  2. Gracias por su publicación. Sería ideal contar con datos para madres docentes e investigadoras porque por increíble que parezca ahí también se registran desigualdades importantes. Saludos!

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