¿Por qué hay tantas muertes violentas sin clasificar en la CDMX?

De acuerdo con el glosario del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las muertes violentas, a diferencia de las muertes por enfermedad, son “aquellas defunciones debidas a acontecimientos ambientales y circunstancias, como: traumatismos, envenenamiento y otros efectos adversos. Se clasifican en accidentes, homicidios y suicidios”. Al consultar las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) publicadas por dicho instituto, la cantidad de víctimas que han muerto en la Ciudad de México de manera violenta y que no se han clasificado como víctimas de homicidio, suicidio ni accidente es preocupantemente alta: de las muertes violentas ocurridas en 2022 en todo México, el 7 % no han podido ser clasificadas, o bien, que “se ignora” su intencionalidad; pero en la capital del país este porcentaje es del 37 %. Un nivel tan alto de muertes violentas sin clasificar es problemático porque no permite comprender cómo están evolucionando realmente los homicidios, suicidios y accidentes en la ciudad.

¿Qué está pasando en la CDMX? ¿Por qué tiene un porcentaje tan alto de muertes violentas que no se pueden clasificar? ¿Qué características tienen las víctimas de estas muertes? ¿Son sobre todo hombres o mujeres? ¿Se sabe la causa de defunción de estas víctimas? ¿El número de víctimas de muertes violentas en las EDR del Inegi es consistente con el número de víctimas de muertes violentas en otras bases de datos sobre defunciones que hay en la CDMX?

Para responder estas preguntas, analizamos primero la información sobre muertes violentas sin clasificar de las EDR del Inegi. Después usamos otras fuentes de datos públicas, así como una base que no es pública, pero que fue compartida de manera anónima a Data Cívica, sobre cadáveres que ingresan al Instituto de Ciencias Forenses (Incifo) de la CDMX, antes el Servicio Médico Forense (Semefo) de la ciudad. Y lo que encontramos en este análisis es que hay indicios suficientes que sugieren que una parte de las víctimas de muertes violentas sin clasificar fueron homicidios o suicidios.

Ilustración: Patricio Betteo

 Al menos una parte de las víctimas de muertes violentas sin clasificar son víctimas de homicidio o suicidio

La categoría “se ignora” para clasificar algunas muertes violentas existe en las estadísticas del Inegi al menos desde el 2000. Sin embargo, como muestra la gráfica a continuación, a partir de 2011 las muertes violentas sin clasificar empezaron a aumentar en la CDMX. En 2017, las víctimas sin clasificar llegaron a superar por primera vez a las víctimas de homicidios y también al grupo de víctimas mortales por accidentes. Las muertes violentas que no pudieron ser clasificadas alcanzaron un punto máximo en 2019, cuando representaron casi la mitad de todas las muertes violentas ocurridas en la Ciudad (46 %).

Después del pico de las muertes violentas sin clasificar en 2019, también llama la atención su caída repentina el siguiente año, para después volver a subir en 2021 y 2022. Los cambios tan drásticos en la categoría parecen reflejar cambios en la metodología del registro de muertes violentas; es decir, cambios en el llenado de los certificados de defunción. El Inegi menciona que las muertes violentas de intención no determinada son muertes en donde la información disponible en el certificado de defunción no permite clasificar a la muerte como un presunto homicidio, suicidio o accidente. ¿Por qué a partir de 2011 empieza a haber menos información en los certificados que permita clasificar las muertes violentas?

En ninguna otra entidad federativa las muertes violentas sin clasificar sobrepasan a los homicidios ni a los accidentes en algún momento de los últimos 22 años. De hecho, en el resto de las entidades federativas las muertes sin clasificar se mantienen casi constantes y en niveles bajos. Las únicas otras entidades federativas en donde se observa que las muertes sin clasificar son un porcentaje importante de las muertes violentas son Hidalgo, Estado de México, Jalisco y Puebla, en donde representan el 15 % de las muertes violentas en las dos primeras entidades y el 10 % en las dos últimas en 2022. Aun así se quedan lejos de los niveles de la CDMX.

¿Qué sabemos de las víctimas de muertes violentas sin clasificar? Con los datos del Inegi podemos saber que se trataba de víctimas que eran mayoritariamente hombres. En 2022 el 80 % de las víctimas sin clasificar fueron hombres y el resto mujeres. Una proporción de hombres y mujeres similar al total de muertes violentas. Además, esta proporción se mantuvo casi constante durante todo el periodo que analizamos (2000 a 2022).

¿Cuáles fueron las causas de defunción de las víctimas de muertes violentas sin clasificar? Para algunas, sí se sabe cuál fue la causa de defunción: si bien en 2022 el 63 % de las víctimas de muertes violentas sin clasificar no tenían una causa de defunción especificada, se sabe que el resto falleció debido al ahorcamiento o ahogamiento (20 %), al disparo de un arma de fuego (10 %), a la lesión de un arma blanca (3 %), fuerza corporal o caída (1 %), y otros (3 %).

Como muestra la gráfica de arriba, si comparamos las causas de defunción de las muertes violentas sin clasificar con las causas de defunción de los accidentes, los homicidios y los suicidios, vemos que son prácticamente inexistentes las muertes por accidentes con arma de fuego (2 % en todo el periodo), por la lesión de un arma blanca (0 %) y por ahogamiento o ahorcamiento (3 %). Las causas de las muertes por accidentes son otras. Es por eso que hay elementos para pensar que al menos una parte de las muertes sin clasificar en la CDMX son homicidios o suicidios, y no pueden ser accidentes.

Lo más interesante es que a partir de 2011 empiezan a registrarse más víctimas sin clasificar de las que se conoce su causa de defunción, y que murieron por disparo de arma de fuego, lesiones por arma blanca y ahorcamiento o ahogamiento; es decir, que muy probablemente sufrieron un homicidio o suicidio. En 2011 se conocía la causa de defunción del 24 % de las muertes violentas sin clasificar; ese porcentaje sube en 2017 al 45 %. Es decir, a partir de 2011 aumentaron las víctimas de muertes violentas sin clasificar en las que todo indica que sufrieron un homicidio o suicidio. Si esta hipótesis es cierta, implicaría que desde 2012 hasta 2022 unas 4172 personas habrían sido víctimas de homicidios y suicidios en la CDMX y no están contabilizadas dentro de esas categorías.

Hay un subregistro de las víctimas de homicidio en la CDMX reportadas en las EDR

Ya que existe la hipótesis de que una parte de las muertes violentas sin clasificar son homicidios, comparamos el número mensual de víctimas de homicidio reportadas por el Inegi con las víctimas de homicidio reportadas por el Instituto de Ciencias Forenses (Incifo) y las víctimas en carpetas de investigación por homicidio de la Fiscalía General de Justicia (FGJ) de la CDMX.1

El Incifo forma parte del Poder Judicial de la CDMX, y por él deben pasar todos los cuerpos de personas que presuntamente murieron de forma violenta para ser analizados y esclarecer su causa de muerte. Si bien la base de datos del Incifo no es pública, sí existen reportes del Incifo sobre el número de cuerpos ingresados. Gracias a dichos reportes supimos que la información que se nos compartió de manera anónima es confiable, pues los resultados de esta base coinciden con lo publicado en los reportes.

Primero, es importante decir que en 2022 sólo el 1 % de los cuerpos que llegaron al Incifo por haber sufrido una presunta muerte violenta no pudieron ser clasificados como homicidios, suicidios o accidentes: en total, 60 cuerpos. En contraste con los 1549 cuerpos de víctimas de muertes violentas que en 2022 no pudieron ser clasificados por el Inegi a partir de la información registrada en los certificados de defunción.

Si tomamos en cuenta únicamente los cuerpos ingresados al Incifo que fueron clasificados como homicidios y los comparamos con los homicidios registrados por el Inegi, vemos que el comportamiento mensual entre ambos registros era muy consistente desde 2010 y hasta mediados de 2017, pues se registraba casi el mismo número de víctimas de homicidio por mes en ambos registros. Sin embargo, en 2017 se abre una brecha importante y el Inegi empieza a reportar menos homicidios que los contabilizados por el Incifo. La diferencia entre ambas bases se da durante 2017 y hasta finales de 2019. En 2020 la brecha se cierra, pero a finales de 2021 y en 2022 se vuelve a abrir y el Inegi registra nuevamente menos víctimas de homicidio que el Incifo cada mes.

Es importante recordar que, como se mencionó antes, de 2017 a 2019 es cuando vemos el punto máximo de muertes violentas sin clasificar en la CDMX de acuerdo con las EDR de Inegi, y que en 2021 y 2022 vuelven a repuntar las muertes violentas sin clasificar. Esto nos permite plantear que la diferencia de las víctimas de homicidios entre Inegi e Incifo debe estar relacionada con el número de víctimas de muertes violentas sin clasificar. De hecho, como muestra la gráfica a continuación, el número mensual de homicidios del Incifo se parece mucho más a las muertes violentas sin clasificar registradas por el Inegi durante 2017 y hasta 2019, que a las víctimas de homicidios registradas por el Inegi en ese periodo.

Por otro lado, en la siguiente gráfica comparamos las víctimas de homicidios reportadas por el Inegi con las víctimas de homicidio en carpetas de investigación de la FGJ. Vemos que el número de víctimas de homicidio en carpetas se parece más al número de víctimas reportadas por el Incifo que a las reportadas por el Inegi. Además, tanto las víctimas en carpetas de la FGJ como del Incifo muestran un mayor número de víctimas de homicidio cada mes en comparación con las víctimas reportadas por el Inegi, lo que estaría reflejando un subregistro de los homicidios en las EDR del Inegi.

Si bien estamos de acuerdo con Vanessa Romero y Pérez Ricart en que una de las hipótesis plausibles es que el alto número de muertes violentas sin clasificar en las EDR del Inegi se debe a un cambio en la forma de llenar los certificados de defunción que sólo ocurrió en la CDMX, no sabemos exáctamente por qué y por parte de quiénes. De acuerdo con la Guía para el llenado de los Certificados de Defunción y Muerte Fetal, las personas responsables de llenar los certificados son los profesionales de la medicina o personas autorizadas por la autoridad sanitaria, y en el caso de las muertes accidentales o cuando se sospeche la comisión de un delito, son las autoridades judiciales las que resuelvan lo necesario, incluso el levantamiento del certificado. pensamos que entre estas autoridades está el Incifo. Por otro lado, es importante decir que no coincidimos con los autores anteriores en que las defunciones sin clasificar sean plausiblemente suicidios o accidentes, como ellos mencionan, sino que mostramos que también debe tratarse de homicidios.

Además, observamos que, a pesar de que los médicos forenses del Incifo determinen que una muerte violenta fue en realidad un homicidio, no se corrige posteriormente la información en los certificados para que las estadísticas oficiales de defunción, que por normatividad corresponde emitir al Inegi, puedan contabilizar correctamente los homicidios.

Finalmente, al analizar la información del Incifo (ver gráfica de abajo), también nos llama la atención que durante los últimos doce años casi no ha cambiado el número de cuerpos que recibe esta institución cada año debido a muertes presuntamente violentas en la ciudad. Pero sí han disminuido los cuerpos que son clasificados como homicidios y han aumentado los cuerpos que son clasificados como muertes naturales. En 2021 aumentó de manera inusual el número de cuerpos que el Incifo no pudo determinar su intención de muerte violenta, pasando del 1 % que registraba casi todos los años desde 2010 al 4 %.

Es posible que una parte de las víctimas de muertes violentas sin clasificar en las EDR del Inegi sean víctimas de homicidio y suicidio. Y que, al no ser públicos los datos del Incifo, no se haya podido advertir las discrepancias entre las víctimas de homicidio reportadas en los certificados y aquellas que el Incifo efectivamente determinó como víctimas de homicidio. Dado que el Incifo tiene la capacidad para determinar la causa y el tipo de muerte violenta por el que las personas pierden la vida, y dada la relevancia del tema para la estrategia de seguridad y prevención de la violencia, sería importante que esta información fuera de carácter público. Por otro lado, se deben esclarecer los motivos por los que los certificados de defunción no tienen información completa para establecer la intencionalidad de las muertes violentas, especialmente durante los últimos años.

 

Itzel Soto Palma
Analista en Data Cívica. Economista por la UNAM y maestra en Estudios de Población en El Colegio de la Frontera Norte. Ha colaborado en el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social como subdirectora de análisis cuantitativo.


1 En el portal de datos abiertos de la CDMX existen otras dos bases de datos sobre fallecimientos en la ciudad, que son las Actas de defunción en el Registro Civil y los Certificados de defunción de la Secretaría de Salud de la CDMX. La primera se construyó con el objetivo de medir el exceso de mortalidad por covid en la CDMX y tiene información desde 2017, sin embargo, en las actas de defunción la causa registrada no contiene información sobre si la muerte fue de tipo violento o no. Por otro lado, la base sobre Certificados de defunción sólo contiene información para 2020, por lo que no utilizamos estas bases de datos.

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Publicado en: Debate