Hermila,1 excandidata para una regiduría, cuenta que al inicio de su proceso de campaña política en 2024, una noche al regresar a su casa, una camioneta a toda velocidad se frenó de golpe, bajó el vidrio durante 20 segundos, la vio y se fue. Si bien la candidata asegura que no sintió miedo, sí sintió “un calorcito” que recorrió su cuerpo. Ella misma lo califica como un incidente “aislado”, a pesar del clima de violencia en su estado; no lo vio como una amenaza y, por supuesto, no lo denunció ni ante autoridades ni públicamente.
Soledad, activista LGBT, también se postuló para ser candidata a regidora en el último periodo electoral y dice que ahora es peor que cuando participó anteriormente. Y es que ser parte de un partido que no estuviera vinculado con el crimen organizado en esa zona no fue posible: “Fíjese, me estuve escondiendo de los narcos y fui a caer en uno”. Menciona que “son los grupos delictivos los que se agarran las planillas y lo último que pasó fue esto, que vendieron mi planilla”. Cuando se sintió en riesgo y quiso dejar la candidatura no pudo, porque era más peligroso salir que quedarse: “No pude hacerme para atrás, iban a decir que es una traición”.
Elvia, otra excandidata a diputación federal, mencionó que durante un recorrido por una colonia popular, un grupo de mujeres simpatizantes del partido opositor le empezó a gritar y agredir desde la banqueta: “¡Lárgate!”, “¡Vete a la verga!”. Tras un intento por defenderse al simular tomar fotos, se intensificó la agresión. Esto la obligó a huir corriendo hasta refugiarse en su camioneta, donde rompió en llanto.

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Por ninguna de estas situaciones se presentó una denuncia formal, no salió en las noticias, ni tampoco quedó en los registros de organizaciones de la sociedad civil que, como Data Cívica, documentamos violencia política.
¿Cómo visibilizar estas violencias del crimen organizado y otras violencias de otros actores que no aparecen en las notas de prensa? En el proyecto Votar Entre Balas llevamos años construyendo una base de datos a partir de notas periodísticas sobre agresiones del crimen organizado en contra de personas funcionarias o en política.
Durante el último periodo electoral, además del enorme interés en la violencia político-criminal contra candidaturas, hubo periodistas y otras organizaciones que nos preguntaron qué veíamos en nuestro registro respecto a la violencia en razón de género contra las mujeres en la política.2 De nuestro análisis identificamos ciertos patrones diferenciados por género, pero lo cierto es que hay importantes formas de violencia político-criminal y de género en contra de las mujeres que no estamos registrando, ni nosotras ni nadie. Dado que Votar entre Balas registra agresiones mediante notas periodísticas y sobre todo de violencia física extrema, muchos de los problemas que afectan a las mujeres quedan invisibilizados.
Es por ello que en este texto revisamos lo que sí estamos viendo en cuanto a agresiones del crimen organizado contra mujeres en política, y lo que no estamos viendo, pero algunas de ellas nos contaron en entrevista.
Votar entre Balas es un proyecto que registra sobre todo violencia física extrema en contra de personas de la política (y un tipo de violencia psicológica, las amenazas) por parte de un actor específico: grupos de la delincuencia organizada. No obstante, las mujeres en política experimentan violencia por parte de diversos actores (integrantes de partidos políticos, votantes, familiares, parejas, seguridad estatal, funcionarios, etc.), además de ser víctimas de distintas expresiones de violencia.
La evidencia sugiere que los hombres que se desempeñan en política son más propensos a experimentar violencia física en comparación con las mujeres durante su trayectoria política. Sin embargo, las mujeres en la política experimentan mayores eventos de violencia psicológica y violencia sexual, en comparación con ellos. La evidencia también señala que competir por un puesto de mayor jerarquía en la política aumenta más la probabilidad de que las mujeres experimenten mayores niveles de violencia, en comparación con ellos.
Efectivamente, de acuerdo con la base de datos de Votar entre Balas, las mujeres que se desempeñan en el ámbito de la política en México experimentan menos violencia física que los hombres. Desde 20183 hemos documentado que del total de personas que sufrieron violencia física extrema (asesinatos, desapariciones, secuestros y ataques armados), el 13 % fueron mujeres, el 83 % hombres y del 4 % restante no se registró el género en las notas de prensa. Además, hubo 115 personas que recibieron amenazas de muerte o de daños físicos, aquí la diferencia entre hombres y mujeres es menor: 29 % fueron mujeres, 65 % hombres y del 6 % restante no se tiene esa información.
Visto de otra manera, del total de mujeres registradas como atacadas en la base de datos de Votar entre Balas, el 19 % fue víctima de amenaza, en los hombres sólo el 7 % de los registrados como atacados fueron amenazas, una diferencia de 12 puntos porcentuales. Además, un mayor porcentaje de mujeres ha vivido ataques armados en donde no hubo personas fallecidas en comparación con los hombres (12 % vs. 5 %). Es decir, el 31 % de las mujeres víctimas de violencia político-criminal ha experimentado ataques no letales, mientras que sólo 12 % de los hombres atacados lo experimentaron (amenazas más ataques en donde no hubo personas fallecidas).

Además hemos encontrado que las mujeres en la política han experimentado durante todo el periodo para el que tenemos registro más ataques no letales por parte de grupos de la delincuencia organizada en comparación con los hombres, como se muestra en la gráfica de abajo. Del total de hombres registrados como atacados en 2024, el 67 % sufrió ataques letales, 12 % sufrió secuestros o desapariciones y 21 % ataques no letales; mientras que del total de mujeres registradas como atacadas en 2024, el 45 % sufrió ataques letales, 5 % sufrió secuestros o desapariciones y 50 % ataques no letales.

Aunado a lo anterior, si tomamos al total de mujeres electas (presidentas municipales, regidoras, síndicas, etc.) registradas como atacadas, el 41 % sufrió un ataque no letal, 48 % letal y 11 % desaparición o secuestro, en comparación con el grupo de autoridades hombres registrados como atacados en donde el 18 % sufrió un ataque no letal, 75 % letal y 7 % desaparición o secuestro. De manera similar, de las mujeres candidatas registradas como atacadas, el 56 % sufrió un ataque no letal, 40 % letal y 4 % fue secuestrada o desaparecida. Mientras que en los hombres candidatos el 27 % sufrió un ataque no letal, 63 % letal y 10 % desaparición o secuestro.

Los resultados parecen estar en sintonía con la evidencia encontrada en otros lugares del mundo: los hombres parecen experimentar mayores niveles de violencia física extrema y, por ende, más visibles por los medios de comunicación y de prensa. Por otro lado, las mujeres experimentan mayor violencia no letal en puestos electorales con mayor visibilidad o toma de decisión.
Sin embargo, las violencias experimentadas por las mujeres en política pasan la mayoría de las veces desapercibidas o invisibilizadas dado que son violencias que se viven en silencio. Para nombrar estas violencias, hablamos con tres excandidatas, dos de ellas de una entidad marcada por la violencia y la presencia de la delincuencia organizada, y la tercera de una entidad relativamente menos marcada por la violencia.
Hermila
Excandidata para una regiduría cuenta que al inicio de su campaña en 2024, después de salir de una fiesta con compañeras y compañeros de su partido político, al regresar a su casa, una camioneta a toda velocidad se frenó de golpe, bajó el vidrio durante unos 20 segundos, la miraron desde dentro y después se fueron. Dice que sólo sintió “un calorcito” que recorrió su cuerpo.
Dice que no tuvo miedo porque se había jurado nunca volver a tener miedo, después de que en 2018 sus dos compañeros más cercanos se vieron involucrados en una detención por parte de la Fiscalía Estatal y un levantón de un grupo del crimen organizado. Aunque ella dice que sea por vía legal o por “los malos”, es lo mismo: las órdenes se dan desde el poder político más alto en el estado. A pesar de que niega haber sentido miedo, en sus recorridos de campaña nunca habló del tema de seguridad y no piensa hacerlo nunca en público. La razón es que tiene muy presente el recuerdo de lo que le pasó a otra mujer en otro estado en 2016: Gisela Mata quien, tras hacer propuestas muy frontales para combatir al crimen organizado, fue asesinada al día siguiente de que había asumido el cargo como la primera presidenta municipal de Temixco, Morelos.
“A mí eso me impactó y dije: ‘yo jamás voy a dar un discurso así”, afirma. Por eso se cuidó también en la manera en la que planteó su estrategia para ganar los votos que el crimen había ordenado darle a otro candidato. Según cuenta, hubo personas del municipio que recibieron amenazas de que si no votaban por quien le estaban ordenando, los castigaban con golpes conocidos como “tablazos”, y para asegurarse de que lo hicieran, les entregaron un papelito con un número y tendrían que mandar una foto con su voto y el papelito como prueba de que habían cumplido la orden. Así que Hermila le dijo a la gente que iba a sus actos de campaña que tacharan el nombre del candidato que les ordenaran y mandaran su foto, pero que después escribieran “no” en ese y un “sí” en aquel por quien realmente quisieran votar. “Después cuando lo dije, pensé: ‘no manches, creo que fui imprudente en decirlo’”, recuerda. “Casi para el cierre de la campaña lo volví a decir, pero como ya me había dado miedo la primera vez, como que lo dije de una manera sutil, ya como un mensaje más político, sin irme de frente con nadie ni señalando a nadie”.
Hermila tiene una amplia experiencia en procesos de campaña política en su municipio. Cuando iniciaba en el año 2000 mencionó que se sentía vulnerable puesto que su familia no es originaria del municipio donde estaba contendiendo, “por eso me sentía vulnerable porque mi red de apoyo familiar no está aquí” y dijo, “¿Si me hacen algo?¿Si me pasa algo?”. Actualmente reconoce que ha hecho una red de apoyo muy grande, sin embargo, al no tener hijos/as una mujer de más de 40 años en la política, se ha enterado de comentarios asumiendo su orientación sexual. “Es que la, la lesbiana. Ay es que…otras palabras”.
Hermila cree que ser mujer haciendo política en un contexto de control de crimen organizado te pone en una doble desventaja: por un lado, los partidos colocan a hombres en las posiciones más competitivas, y por el otro, los grupos criminales también infiltran a hombres en las campañas. “Se da que ellos ponen cuotas en las regidurías, pero la mayoría de sus cuotas son hombres. Y si el candidato a presidente es hombre, el regidor es hombre. Entonces, ellos pueden poner en todas las planillas, que es lo que se observó en esta ocasión, que la mayoría de regidores fueron cuotas de ellos en los diferentes partidos. Entonces ahí estamos las mujeres también en desventaja, porque siempre van a elegir la mayoría a hombres, ¿no?”.
Soledad
Quiso lanzarse como candidata por primera vez hace dos décadas, inspirada por una mujer a candidata presidencial y tras años de hacer activismo por la población LGBT+ y ser parte de esa comunidad. Aunque era muy popular en su pueblo natal, sufrió la primera derrota ante el machismo en la política porque todo el dinero para hacer campaña se lo quedaron los hombres del partido al que había entrado en ese momento, un ejemplo de violencia en razón de género contra mujeres en la política.
Casi veinte años después y con mucha más experiencia, decidió intentarlo de nuevo. Sus ilusiones toparon nuevamente con el machismo, pero ya no el de un partido político, sino del crimen organizado. La violencia desatada en su estado le hizo tener miedo de que esta vez, reclamar algo podría costarle la vida.
A Soledad la buscaron en varios partidos cuando supieron que tenía intenciones de postularse. Terminó aceptando la oferta de un pequeño partido local, aunque al final, dice que tal vez fue peor, y sentencia: “Todos están comprados por el crimen organizado”.
Por experiencia sabía que para entrar al gobierno municipal, la mejor candidatura es a una regiduría, ya que si eres buena candidata tienes más posibilidades de entrar al cabildo, que contendiendo por la presidencia municipal, donde sólo queda un ganador. Pero de poco le sirvió cuando fue designado a la cabeza de la planilla alguien a quien ella identifica como uno de “los malos”.
Para empezar, les hicieron subir a la sierra, que Soledad identifica como territorio bajo control del narco. Ella quiso dar sus ideas para la campaña, habló de diversidad y quiso enaltecer a las mujeres de la región como trabajadoras. Sintió muy claro que al candidato a alcalde no le había gustado y al terminar, la llamó para decirle: “El candidato aquí soy yo”, recuerda. “Y me dijo: te pido de favor, que si quieres hacer campaña tú con tu bandera o con tu tema de las mujeres, vete a hacerla por otro lado”.
A partir de ahí, dice que a ella la dejaron fuera y sólo había comunicación con su compañero de fórmula, a pesar de que ella era la que tenía más respaldo popular. “Por machismo, fue por machismo, porque él ahí era el único que quería hablar y lucirse”. Lo peor fue lo que iba notando con el paso de los días: escuchó que la gente más cercana a los líderes del partido local estaban esperando a recibir “permiso” para hacer campaña y en otra reunión que se alargó a la noche y en la que empezó a correr el mezcal, empezaron a contar historias de su pasado. “Cosas que yo no quería saber”, resume Soledad. “Yo dije esto ya está muy feo, nos van a involucrar ahí”.
Empezó a tener cada vez más miedo. Prefirió obedecer todo lo que le dijeran y dejar de lado lo que realmente quería hacer, de posicionarse como la candidata de la diversidad y la igualdad de las mujeres. Le contaba a su hija lo triste que se sentía por no estar haciendo lo que quería, así que ella le recomendó que abandonara la campaña, y hasta su compañero de fórmula se lo planteó. Además la buscaron de otro partido para ofrecerle que declinara para apoyar a quien se perfilaba para ganar la presidencia municipal, y a cambio le darían un puesto en su administración. Pero el miedo a su propio partido —y a la gente que estaba detrás— ya era más grande. “Yo quería renunciar, pero ya estaba tan enganchada en el tema que yo dije: si me salgo, me la van a armar… ¿sí me entiendes? Pensé, van a decir: es una rajada, ahora para que se te quite, pum…”.
Admite que cuando le dijeron que no hiciera campaña, sí se sintió amenazada. “Me sentí tan mal y tan vulnerable, impotente ante esa situación; porque de verdad que sí te duele, cuando tú llevas un sueño, que te tumben tus sueños políticos, tus metas y la ilusión de poder ayudar a la gente más que nada el lugar donde tú naces y ver que toda la gente está mal y que te digan eso, duele… Que una persona por su idiosincrasia, tan mal que tengan, a causa de eso, de las pistolas, del narco, que se dejen llevar por ese billete manchado…”. Así que se despidió de su sueño, aceptó no hacer proselitismo como tal y solamente fue al cierre de campañas por ese miedo de que no fueran a pensar que se había “rajado”.
Unos días antes, con toda la angustia que estaba sufriendo, su hija le dijo que se fuera unos días a estar con ella y con su bebé. Soledad accedió y cuenta que ahí le cambió todo, el volver a estar con su familia, ver a su nieta chiquita, le devolvió la estabilidad emocional y le hizo pensar que no valía la pena estar sufriendo por querer hacer política. El día de la elección no ganó su partido ni siquiera la posición de regiduría, que ella sabe que, de haber hecho una campaña real, la hubiera conseguido fácilmente. Al final, su conclusión de intentar a hacer campaña fue: “Lo mismo de la otra vez, pero ahora más pesado, porque ahí sí va de por medio mi vida… U obedecía, u obedecía; aquí ya no era el dinero o el salir y el hablar, aquí era ya mi vida y tenía miedo por la de mi familia”.
Elvia
La mención de su nombre en una conferencia mañanera de AMLO fue el catalizador para su incursión en la política, pues a partir de eso hizo publicaciones en redes sociales con las que alcanzó varios seguidores. Además, Elvia ya era activista en la lucha por causas feministas y de derechos humanos. Reflexiona que las mujeres provenientes del activismo enfrentan más violencia política, según patrones observados también por el INE, debido a su claridad al defender temas controversiales como el aborto o los derechos humanos. Y piensa que esto contrasta con las mujeres provenientes de cuadros partidistas, quienes suelen seguir estrategias más alineadas y evitar temas controversiales.
Elvia nos narró las dificultades de emprender una candidatura política, especialmente como mujer. Explica que reunir firmas para una candidatura independiente es extremadamente complejo y destaca la falta de apoyo real de redes personales y sociales, a pesar de los discursos iniciales de respaldo de las personas.
Por ello, optó por unirse a un partido político con agenda progresista que se alinea con sus valores, como el derecho a decidir, la regulación del cannabis y la oposición a la militarización. Sin embargo, menciona que, aunque encontró apertura para promover sus causas, enfrentó barreras estructurales, como la toma de decisiones dominada por hombres —“el Club de Toby”— en los niveles local y federal.
“La política es patriarcal”, dice Elvia, “en el sentido que quienes toman de facto las decisiones son los hombres”, con comités que simulan procesos inclusivos dentro del partido pero donde las decisiones ya están tomadas por las élites masculinas. También relata los retos financieros de su campaña, que también estuvieron afectados por el machismo: aunque el partido le proporcionó merchandising con los que apoyarse económicamente, los recursos específicos para su candidatura fueron mínimos, por lo cual tuvo que financiar su campaña con ahorros propios o donaciones externas.
Elvia además menciona que los incentivos están diseñados para mantener a las mujeres aisladas y sin alianzas significativas. Figuras femeninas dentro de los partidos enfatizan que “no hay amigas en la política”, una idea que a ella le resulta impactante y desalentadora porque reconoce que muchas lideresas políticas actúan bajo la lógica de “sobrevivir” en un sistema que históricamente ha permitido que sólo haya espacio para unas pocas mujeres. Reconoce que eso refleja la presión por adaptarse al sistema para conservar sus puestos, algo que Elvia comprende aunque lo critique duramente. “O sea las juzgo un chingo, pero también las entiendo un chingo porque volvemos a lo mismo, es este partido patriarcal y de te alineas o te alineas”.
Dentro de las adversidades de no tener un equipo propio con quién hacer campaña, Elvia fue víctima de fraude por parte de una líder vecinal que le ofreció tarjetas de apoyo del gobierno a cambio de dinero para conseguir brigadistas. Otro episodio de miedo y vulnerabilidad durante su campaña política fue cuando en un recorrido en una colonia diferente a la suya fue agredida verbalmente por simpatizantes de otro partido, su intento de defenderse al simular tomar fotos intensificó la agresión, lo que la obligó a huir corriendo hasta refugiarse en su camioneta. Este incidente le hizo comprender el peligro real al que se enfrentaba como candidata, especialmente al hacer campaña en zonas adversas sin apoyo adecuado por parte de su partido.
Elvia cuenta que la violencia aumentó cuando empezaron las campañas locales, con líderes movilizando recursos y ataques más intensos, incluso en redes sociales. Lo anterior se agravó cuando sus dos brigadistas no asistieron a un recorrido, dejándola sola. Esto la llevó a despedirlas y buscar un equipo más confiable. Sin embargo, al comunicarles la decisión, la acusaron con la lideresa territorial que se las había recomendado, quien a su vez la amenazó con represalias si entraba a ciertas zonas de la ciudad. Este comportamiento reforzó sus sospechas de que las brigadistas estaban relacionadas con la lideresa que la había estafado. Después, comenzó a recibir fotos de una camioneta similar a la suya estacionada frente al lugar donde hacía actividades de campaña, junto con mensajes intimidantes y un póster suyo roto. Aunque las amenazas no pasaron a mayores, evidenciaron lo hostil del entorno político y la falta de protocolos de protección.
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Lo que vivieron Soledad, Hermila y Elvia evidencia que el control del crimen organizado y líderes locales sobre los procesos electorales representa un obstáculo mayor para las mujeres, quienes enfrentan una doble vulnerabilidad, pues además de la violencia no letal que enfrentan, tienen que enfrentar discursos discriminatorios y prácticas machistas dentro y fuera de su partido político.
Un aspecto que vale la pena indagar sobre los diversos ataques no letales y otras agresiones no visibilizadas que experimentan las mujeres en política como Soledad, Hermila y Elvia es saber por qué los experimentan en mayor medida que los hombres. Una posible hipótesis sobre esta brecha de género es que este tipo de violencias sean más efectivas para expulsar, controlar y cambiar decisiones políticas de las mujeres en comparación con los hombres.
A lo largo de su vida las mujeres experimentan múltiples violencias que interactúan, se conectan e interrelacionan dentro de un contexto histórico de dominación patriarcal socializado, el “continuum de la violencia”. Desde el lado de las mujeres, este imaginario del “continuum de la violencia” genera una geografía del miedo que posteriormente se convierte en una geografía de la limitación.
En estos casos, Hermila utilizó estrategias sutiles para llamar al voto y no fue tan frontal en sus discursos dado había experimentado de manera indirecta el mensaje del asesinato de Gisela Mata en Temixco. Soledad se silenció y obedeció al líder ligado a grupos de crimen organizado por miedo a perder la vida. Elvia dejó de ir a colonias que no conocía después de varios incidentes de violencia y, además, la expulsaron de la política por no cumplir con roles tradicionales de género.
Efectivamente, la violencia política tiene un impacto emocional profundo que va desde el miedo a perder la vida hasta la sensación de impotencia, desilusión y soledad. Aunque se busca promover una política diferente y valorar la participación de mujeres, persiste una romantización que no refleja la realidad. Las mismas dinámicas e incentivos del sistema político tienden a perpetuar conductas tradicionales de género, incluso entre mujeres. En territorio, se enfrentan agresiones sutiles y dominantes de hombres, que no hacen lo mismo con otros colegas masculinos.
Hermila, Soledad y Elvia coinciden en que la estructura política actual está diseñada para mantener a las mujeres en una posición de vulnerabilidad y dependencia. Además, el crimen organizado y el clima de violencia en el país han añadido otra capa de vulnerabilidad y miedo, que las excluyen aún más. No obstante, también reconocen la importancia de mantener la integridad ética, aunque ello limite sus posibilidades de éxito. Para ellas es urgente transformar las estructuras políticas para que otras mujeres puedan participar plenamente y sin miedo.
Itzel Soto Palma
Analista en Data Cívica. Economista por la UNAM y maestra en Estudios de Población en El Colegio de la Frontera Norte. Ha colaborado en el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social como subdirectora de análisis cuantitativo.
Itxaro Arteta Monteagudo
Periodista desde 2008 con experiencia en temas de género, derechos humanos, transparencia y política. Finalista del Premio Breach-Valdez de Periodismo y Derechos Humanos 2022, mención honorífica del premio Rostros por la Igualdad Gilberto Rincón Gallardo 2023.
Celine González Schont
Profesora asociada de la División de Estudios Políticos del CIDE. Candidata a doctora por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM
Referencias
Bardall, Gabrielle, Breaking the mold: Understanding Gender and Electoral Violence. International Foundation for Electoral Systems, Washington, 2011
Hakansson, Sandra, “Do women pay a higher price for power? Gender bias in Political Violence in Sweden”, The Journal of Politics, vol. 83, núm.2, 2021, pp. 515-531
Gónzalez, Céline, “Experiencias de violencia de género contra mujeres en la política local de México, proceso electoral 2020-2021”, Revista Más Poder Local, 48, 2022, pp. 66- 89.
Kelly, Liz, Surviving sexual violence, Polity Press, Cambrigde, 1988
1 Se cambiaron los nombres de las tres excandidatas por cuestiones de seguridad.
2 Cuando hablamos de violencia político-criminal en contra de las mujeres nos referimos a los ataques de violencia extrema del crimen organizado en contra de las mujeres que se desempeñan en el ámbito de la política o gubernamental (asesinatos, ataques armados, secuestros, desapariciones y amenazas). En cambio, cuando hablamos de violencia en razón de género contra mujeres en la política (VRGMP) nos referimos a todas aquellas acciones o amenazas por parte de distintos actores que buscan provocar daño físico, psicológico, sexual, económico y patrimonial contra las mujeres en el ámbito de la política cuya finalidad es evitar la presencia de la mujeres en la vida pública.
3 Hasta el 31 de octubre de 2024.