Es peligroso ser mujer en América Latina. Catorce de los veinticinco países con las tasas más altas de feminicidio en el mundo son latinoamericanos y caribeños.1 El 9 de febrero de 2020, Ingrid Escamilla, mujer de 25 años y habitante de Ciudad de México, fue asesinada y desollada por su pareja en su domicilio. Aunque en México diez mujeres son asesinadas diariamente,2 muchas de ellas por el hecho de ser mujeres —a lo cual se le conoce como feminicidio— sólo algunos casos se convierten en tema de discusión pública. El feminicidio de Ingrid Escamilla es uno de ellos, tanto por la desgarradora brutalidad del asesinato como por su subsecuente revictimización hecha por autoridades locales y varios medios de comunicación. Algunos periódicos publicaron fotografías de su cuerpo violentado, filtradas por policías y agentes encargados de su caso. Ello desató rabia e indignación y condujo a la movilización de miles de mujeres que, de manera virtual o presencial, denunciaron el caso de Ingrid y la violencia de género en el país.
Exploramos aquí la faceta virtual de la movilización por el feminicidio de Ingrid Escamilla y sus implicaciones. Esta movilización se sitúa en el contexto de una ola morada que va mucho más allá de este caso en específico. El color morado se asocia con la lucha feminista en contra de la violencia de género, una grave problemática que, en su versión más extrema, se manifiesta en la forma de feminicidio. En los últimos años, la ola morada ha ganado fuerza y espacios en las calles y en el debate público, tanto en México como en el resto de América Latina.

Ilustración: Patricio Betteo
Ingrid en redes: tendencia general y primeras horas
Ingrid Escamilla fue asesinada el domingo 9 de febrero de 2020 y el lunes 10 fue nota en las portadas de los periódicos La Prensa y ¡Pásala!, los cuales incluyeron fotografías de su cuerpo violentado. ¡Pásala! acompañó la imagen con un erróneo y muy insensible titular: “Cupido tuvo la culpa”.
El 9 de febrero es, por tanto, el punto de partida de nuestro análisis. Recopilamos los tuits publicados entre el 9 y el 14 de febrero que mencionan a Ingrid Escamilla: el universo es de 174 355 tuits. Como se observa en la gráfica 1, los usuarios de Twitter comienzan a publicar sobre el feminicidio de Ingrid alrededor de las 7:00 pm del 10 de febrero. El número máximo de publicaciones simultáneas se cuenta días después, la noche del 12 de febrero. Más adelante explicaremos por qué la frecuencia de publicaciones fue así en esta red social.
El contenido de los tuits sobre Ingrid Escamilla es interesante. Evoluciona con los días. Las palabras más escritas en los tuits del 9 y 10 de febrero son: “mujeres”, “niunamenos”, “dolorosísimo”, “odio”, “rabia”, “falta”, “esposo” y “cuerpo”. La figura 1 es una nube de palabras que agrupa las más utilizadas en las publicaciones de Twitter sobre Ingrid de esos dos días. A más menciones de una palabra en el conjunto de tuits, mayor tamaño de la misma en la nube.
El hecho de que las palabras más usadas en estas primeras horas sean sobre el enojo y la consternación que provocó el feminicidio de Ingrid refleja que desde un inicio no domina en Twitter el discurso de culpabilización y revictimización. Ello, por supuesto, no significa que no esté presente.
La indignación por el feminicidio de Ingrid continúa en Twitter el 11 de febrero, como muestra la frecuencia de tuits de la gráfica 1. No incluimos en este ensayo la nube de palabras para ese día, ya que el contenido de las publicaciones es muy similar al de los dos días anteriores: “mujeres”, “falta”, “odio”, “rabia”, “medios”, “ética” y “machismo”.
La ola morada en Twitter
Si bien el feminicidio de Ingrid fue cometido el 9 de febrero y la noticia fue difundida el 10, la discusión pública del caso alcanza su máxima expresión en Twitter hasta el día 12. ¿Por qué fue así? Aunque en el caso de cualquier noticia puede existir un lapso entre que ésta se difunde por primera vez y el momento en que adquiere suficiente tracción para volverse viral, en el caso de Ingrid existe un factor más a considerar. Se trata de la iniciativa feminista que promueve la publicación de imágenes bellas —paisajes y flores— para contrarrestar las fotografías del cuerpo violentado de Ingrid. En el tuit detonador de la iniciativa se lee: “Una vez vi un caso de un feminicidio a una chica de EEUU en el que filtraron las imágenes de su cuerpo y sus familiares y amigos compartían fotos de cosas bonitas para que cuando buscaran su nombre no aparecieran las desafortunadas fotos” (publicado el 11 de febrero a las 9:59 pm).3 Como se observa en la gráfica 2, la iniciativa se vuelve viral el día 12 a partir de mediodía. Desde entonces y hasta la madrugada del 13, se generan el mayor número de publicaciones relacionadas con Ingrid Escamilla de todo el periodo.
De manera complementaria, la figura 2 muestra que las palabras “fotos” e “imágenes” son las más frecuentes en las publicaciones del 12 de febrero. Dado que éstas no son de las más usadas en los días anteriores (véase figura 1), podemos asumir que las tendencias se deben mayoritariamente a la iniciativa feminista y no a la difusión de fotos amarillistas de Ingrid Escamilla.
Llama también la atención la alta frecuencia con que las publicaciones emplean la palabra “cuerpo”. Otro hallazgo: los días 12 y 13 de febrero un alto número de cuentas tuitean imágenes sobre Ingrid Escamilla y luego son suspendidas (véase la línea verde en la gráfica 2), seguramente por difundir contenido abusivo. Al mismo tiempo que la iniciativa feminista inunda Twitter de manera abrumadora, algunos usuarios se empeñan en contrarrestarla al difundir imágenes del cuerpo violentado de Ingrid. Esta reacción en rechazo, o backlash, es un fenómeno curioso y preocupante. ¿Por qué en Twitter hay tantas nuevas publicaciones de las fotografías revictimizantes durante el 12 y 13 de febrero y no antes? ¿Quienes difunden estas imágenes son bots programados para compartirlas por el interés de un actor (seguramente poderoso) o son usuarios regulares, que responden individualmente y con hostilidad a la iniciativa feminista? No tenemos respuestas sólidas a estas preguntas. No obstante, contamos con un dato extra: más del 95 % de las cuentas suspendidas fueron creadas en muy distintos momentos entre 2007 y 2019; no tenían fechas de creación similares ni eran tampoco cuentas nuevas, factores que caracterizan a los bots. Por tanto, bien puede ser que el rechazo sea genuinamente obra de usuarios regulares de Twitter que, en la sociedad machista en la que vivimos, reaccionan a la iniciativa feminista con una agresión: la difusión del cuerpo violentado de Ingrid Escamilla.
Más allá de las tendencias de los días 12 y 13 en específico se debe preguntar: ¿la iniciativa feminista logra enterrar de manera definitiva las fotos amarillistas para que las búsquedas sobre Ingrid se asocien con imágenes bellas? Antes de responder, queremos introducir un matiz: los usuarios de Twitter no publican, o lo hicen muy poco, las fotos revictimizantes de Ingrid. Hay dos tendencias (ver gráfica 2): a) los usuarios de Twitter publican muy pocas imágenes relacionadas con Ingrid Escamilla antes de la iniciativa feminista (obsérvese línea punteada); b) los tuits de cuentas suspendidas, los cuales tienen el mayor potencial de presentar las fotos amarillistas, son también muy pocos en comparación con la frecuencia de publicaciones en general. Ello no significa, por supuesto, que —aun sin imágenes— el texto de muchos de estos tuits no es por sí mismo ofensivo y revictimizante, ni que las fotos no circularan en redes por otros medios. De hecho, si bien Twitter no es sede de una difusión masiva de las imágenes del cuerpo de Ingrid, un análisis de búsquedas en Google nos muestra que las y los usuarios de este buscador sí lo utilizan para encontrar estas fotografías. La gráfica 3, elaborada con la herramienta Google Trends, muestra que sí hay esta tendencia de búsqueda desde el 10 de febrero, día en que las imágenes son difundidas. Destacamos las búsquedas de “Ingrid fotos” con la recta amarilla e “Ingrid cuerpo” con la recta roja.
Al margen de este matiz, los resultados de la iniciativa feminista son apabullantes. Usamos técnicas de machine learning para el reconocimiento de imágenes y analizamos el contenido del total de imágenes relacionadas con Ingrid Escamilla, publicadas en Twitter del 9 al 14 de febrero. Los resultados se ilustran en el lado derecho de la figura 3: en el universo tuitero de imágenes de Ingrid predominan las de cielos, acompañadas por fotos de flores, naturaleza y agua, no imágenes de su cuerpo. Hay más de 50 000 imágenes de este tipo, que se imponen de manera contundente sobre cualquier otro contenido relacionado con Ingrid Escamilla. Muestra de ello es también que la palabra más empleada en el texto de los tuits publicados en todo el periodo estudiado es “fotos”, como se observa en el lado izquierdo de la figura 3. Sabemos, a partir del análisis hecho anteriormente, que la palabra “fotos” hace referencia, en la gran mayoría de las ocasiones, a la iniciativa feminista.
Al colocar el feminicidio de Ingrid en el centro de la discusión pública virtual en México, las mujeres mexicanas lo visibilizan lo suficiente como para llevarlo a las calles y a la presidencia de la República. Las mujeres protestan por el caso de Ingrid y el clima de violencia en el país durante la mañana del viernes 14 de febrero frente a Palacio Nacional, y esa misma tarde en los periódicos Reforma y La Prensa, en la “Antimonumenta” y en Paseo de la Reforma. Consiguen que, en consecuencia, el presidente López Obrador se pronuncie sobre los feminicidios en México durante su conferencia matutina del día 14. Sin embargo, en vez de reconocer el justo enojo de las mujeres y sugerir medidas concretas, el presidente enuncia un decálogo condescendiente e improvisado en contra de la violencia de género, que denota apatía y desconocimiento del tema. Es así que, en redes sociales, lo que inicia como manifestaciones de dolor e indignación por el feminicidio de Ingrid Escamilla, expresadas en términos muy generales, se convierten en demandas específicas al gobierno de la República por la falta de atención a la desbordante violencia de género en el país. Esta transición discursiva queda demostrada de manera muy contundente al analizar cuáles son las palabras empleadas en los tuits publicados el 14 de febrero sobre Ingrid Escamilla. La figura 4 las agrupa. Este día predominan palabras que antes no habían sobresalido: “AMLO”, “presidente”, “consignas”, “Palacio Nacional”, “afuera”, y “pintas”. En este punto, la politización del feminicidio de Ingrid es total y trasciende, por mucho, al caso en específico.
La revolución de las conciencias
El feminicidio de Ingrid Escamilla y la movilización de la ola morada que desata en redes sociales tienen dos implicaciones que queremos destacar. La primera se refiere al uso de las redes como herramientas para el cambio social. En específico, a su potencial para visibilizar problemáticas de interés público, incidir en la definición de la agenda nacional y servir como herramienta para la socialización y la movilización. La violencia machista es una problemática estructural y, por tanto, combatirla de raíz requiere también un profundo cambio social, una revolución de conciencias. La única manera de acabar con la violencia machista es derrumbar las estructuras patriarcales que habilitan la violencia de género en todas sus expresiones. Ello sólo se puede lograr al socializar, concientizar y repensar los cánones más básicos a partir de los cuales somos y estamos en el mundo.
Las redes sociales pueden servir como una herramienta útil de socialización. Sin embargo, no hay que perder de vista que su utilidad en este sentido puede ser más limitada de lo que aparenta. Por ejemplo, existen investigaciones que demuestran cómo Twitter funciona como una cámara de eco en la cual las personas no reciben información contraria a sus ideologías y por ende refuerzan sus propios sesgos.4 Asimismo, llegan a tener efectos muy perniciosos. En el caso de Ingrid Escamilla, si bien predominan las voces feministas en Twitter, este espacio sirve asimismo como caja de resononcia de imágenes y opiniones que la revictimizan; por ejemplo, culpándola injustamente por su propio asesinato o mediante la difusión de imágenes de su cuerpo desollado. Además de las afectaciones directas a la víctima y a sus familiares, la difusión de esta clase de publicaciones tiene también otros efectos. Se ha demostrado que el que las personas puedan publicar comentarios discriminatorios en el mundo virtual, sin ser refutadas por nadie, refuerza sus prejuicios.5
Además de la necesaria concientización sobre la violencia de género, de la cual todas y todos podemos y debemos ser partícipes, ésta debe ser afrontada —desde el ámbito gubernamental— mediante políticas públicas contundentes y con perspectiva de género. Dado que pareciera que ello no es prioridad del gobierno de México, las redes sociales tienen el potencial de colocar el tema en su agenda, como ha ocurrido a partir de los feminicidios de Ingrid y Fátima. Si bien la respuesta gubernamental no ha sido en lo absulto óptima, las redes sociales habilitan y tienen un contexto de exigencia sobre el tema, el cual —por supuesto— debe también ser llevado a las calles y a otros espacios.
La segunda implicación, en palabras de Mariel García Montes, es que “sin imágenes, es difícil que haya prensa, pero también que haya movimientos sociales”.6 En un país donde diez mujeres son asesinadas diariamente, evitar normalizar estos números abrumadores implica contar historias y difundir imágenes en vida de las víctimas de feminicidio. La prensa también se alimenta de imágenes e historias. Sin embargo, hace falta replantear cuál es la responsabilidad social de los medios de comunicación al difundir estos contenidos. Por ejemplo, al reportar feminicidios, los medios deben evitar narrativas e imágenes que revictimicen a las mujeres asesinadas y las conviertan en objetos de consumo aun después de su muerte. Estas prácticas refuerzan también las condiciones estructurales que habilitan la violencia de género; acabar con ellas forma parte de la necesaria revolución de las conciencias.
El feminicidio de Ingrid Escamilla, sumado al de Fátima Aldrighett —menos de una semana después—, a la violencia que carcome, a las ocurrencias presidenciales, a la peligrosa tentativa de desaparecer el tipo penal del feminicidio, y a la indignación acumulada por las muertes de Lesvy Berlín, Mara Castilla, Abril Pérez y tantas más, alimentan la ineludible rabia y las justas demandas de los movimientos feministas. Generan también cada vez más consenso social en torno a la condena de la violencia de género y la exigencia de construir un México más equitativo, más justo y más seguro para sus mujeres. Se llega así al Día Internacional de la Mujer con las mexicanas movilizadas, listas para marchar ese día, parar el siguiente, y seguir tomando y ocupando espacios cotidianamente, incluidas las redes sociales. Faltaba más, pues nos están matando.
María José Urzúa Valverde
Estudiante del doctorado en Ciencia Política en la Universidad de Princeton y becaria Fulbright-García Robles
Jose María Rodríguez Valadez
Candidato a Doctor en Ciencia Política y Política Social en la Universidad de Princeton
1 Small Arms Survey, Global Burden of Armed Violence 2015: Every Body Counts, Reino Unido, Cambridge University Press, 2015.
2 Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Incidencia delictiva del fuero común 2019, disponible aquí.
3 Cit (@shanwishdekaka), publicación en Twitter.
4 Eady, Gregory, et. al. “Measuring How Many People are in Media Bubbles on Twitter”, Working Paper, New York University, 2018.
5 Munger, Kevin, “Tweetment Effects on the Tweeted: Experimentally Reducing Racist Harassment”, Political Behavior (2017) 39: 629-649.
6 García Montes, Mariel, “Sobre Ingrid, Fátima y las imágenes del feminicidio”, en Confabulario – El Universal.
Ponemos a disposición de las personas interesadas las bases de datos que generamos, mandando un correo electrónico a jvaladez@princeton.edu






