Dice Arnoldo Kraus que el mundo moderno es alérgico a la incertidumbre, que con su velocidad y sus respuestas rápidas nos impide ver que casi siempre nos faltan detalles, no vemos elementos y nos quedan dudas. Hoy estamos en ese mismo mundo moderno, uno alérgico a la incertidumbre, y a su vez empequeñecido ante un virus del que casi no conocemos nada. Mucho de lo que sentimos ahora, de nuestro miedo y nuestra desesperación, viene precisamente de no saber qué es lo que está pasando y es la angustia que vive una buena parte de la humanidad en este momento.
Puede que ahora nos aterre, pero la incertidumbre es de hecho una característica epistemológica de la investigación científica. Al investigar hacemos negociaciones. Invariablemente llegamos al punto de tomar decisiones que siempre implican un sacrificio sobre lo que podemos conocer. Elegir un camino necesariamente significa no elegir otros.
Por ejemplo, en mecánica cuántica hay algo llamado dualidad onda-partícula. En relación con esto, el principio de incertidumbre de Heisenberg dice que hay que elegir entre saber la posición de una partícula o su velocidad. Si elegimos su posición, ya no podemos saber su velocidad con exactitud. Al elegir saber la velocidad de la onda asociada a la partícula, ya no podemos saber la posición exacta de la partículas, sólo podemos saber la probabilidad de encontrar dicha partícula en una posición dada. Conforme queramos más exactitud en una de estas 2 medidas, tendremos mayor incertidumbre en la otra. Nunca podemos saber con exactitud la posición y velocidad de la partícula simultáneamente. Este ejemplo nos muestra que hay un límite de lo que podemos saber una vez tomada una decisión. Las elecciones que tenemos que tomar cuando decidimos qué queremos conocer aplican a cualquier cosa que midamos.

Ilustración: Oldemar González
Si en la ciencia exacta la incertidumbre es inescapable, definitivamente lo es en la ciencia social. Sabemos que no podemos conocer todo puntualmente, sino que hay un margen de error en nuestras estimaciones, pero la incertidumbre no existe en lo abstracto sino que es una consecuencia directa de la metodología que yo elijo utilizar para contestar lo que quiero investigar. ¿Por qué? Porque toda metodología empieza con supuestos. Supones, por ejemplo, que cada persona infectada de COVID-19 va a contagiar a X número de otras personas y supones que el periodo durante el cual eres infeccioso es de tantos días. Al contar con esos supuestos, y asumiendo que éstos son correctos, el método científico nos permite usar herramientas (como la inferencia estadística) para cuantificar la incertidumbre. En palabras sencillas, eliges primero tus supuestos, después eliges qué tan segura quieres estar de tu estimación dado que estos supuestos son correctos (nunca puedes estar 100 % segura). Teniendo estas dos cosas, puedes construir lo que se conoce como un intervalo de confianza, o un rango. Es decir, puedes estimar que hay 2 500 personas contagiadas de coronavirus en México, pero no estar segura de ello. De lo que sí puedes estar casi segura (al grado de confianza que tú elijas) es de que el número de personas contagiadas está entre 2 200 y 2 800, por ejemplo.
Esto quiere decir dos cosas, una que ya sabíamos —que la incertidumbre es inevitable en la investigación científica— pero otra más interesante —que la incertidumbre y nuestra medición de ella es una consecuencia directa de las decisiones metodológicas que tomamos. Detrás de una investigación científica no hay sólo respuestas frías y calculadas, hay incertidumbre, dudas, sacrificios y muchas elecciones.
No toda la incertidumbre que estamos viviendo en México tiene su origen en este principio de la investigación científica. Si bien es cierto que el gobierno mexicano no puede escapar del clima mundial de incertidumbre, sí puede tomar medidas que contribuyan a atenuarla.
A diferencia de otros países, en México, tendremos que esperar un año y medio para conocer las cifras de mortalidad de 2020. Hasta noviembre de 2021 podremos conocer, por medio de las cifras de defunciones de INEGI, cuántas personas murieron por COVID en 2020, si eran hombres o mujeres, qué escolaridad tenían y en qué parte del país vivían.
México es también el país de la OCDE que menos pruebas de coronavirus ha hecho, lo que nos impide saber cómo se está esparciendo la enfermedad. Los municipios de la esperanza tienen menos infraestructura hospitalaria que el resto y en algunos ni siquiera se han hecho pruebas. Tampoco tenemos entonces forma de saber si hay casos de coronavirus en esos municipios y, sin embargo, los ciudadanos van hacia la “nueva normalidad” en medio de la absoluta incertidumbre.
La crisis que estamos viviendo es crítica y ningún país estaba preparado para enfrentarla. No esperamos que la Secretaría de Salud tenga todas las respuestas, nadie las tiene. Lo que sí tendríamos que esperar es que intente buscarlas y que además nos comunique qué cosas sabe, cuáles no, cuales sabe a medias, hasta qué grado y cuáles son los supuestos en los que se basaron sus cálculos.
La investigación científica no es una calle de un sólo sentido. Cuando el gobierno dice cuántos casos de coronavirus estima es porque previamente generó estimaciones, aceptó supuestos, eligió metodologías y niveles de confianza. Estas decisiones que desde fuera pueden verse como frías y calculadas, están llenas de incertidumbre. En el caso particular de la pandemia de coronavirus, las decisiones que la Secretaría de Salud toma tienen consecuencias mortales; literalmente cuestan vidas. Lo mínimo que tendríamos que pedir desde la ciudadanía es saber cómo se tomaron.
Ángela Mariscal • Data Cívica
Excelente exposicion
Muy acertada descripción de la imposibilidad de la certeza científica y por ende el epitafio de una sentencia. Ergo, porque se decidió o no, lo decidido?
Buen comentario, una forma interesante de abordar el tema que hoy nos ocupa «La incertidumbre»
La explicación científica de una metodología: Felicidades excelente explicación…
Agradezco la publicación de este artículo.
En el caso de esta Pandemia todo depende del Sistema de Vigilancia Epidemiológica que debe operar en todo el país, en donde los datos deben de ser de alta calidad, accesibles, fiables, oportunos, abiertos y fidedignos los que son fundamentales para generar información valiosa para la toma de decisiones en tiempo real. ¿Qué tanto quedó de este sistema formado por el Dr. Julio Frenk?, no sabemos que tanto lo desmantelaron cuando ¡entró esta administración! No tendríamos tanta incertidumbre si fuera científica y no política como lo es ahora.