Hace unas semanas, las calles se llenaron de banderas arcoíris y del orgullo LGBTIQ+ al celebrar quienes somos. Aunque es un día festivo, el resto del año seguimos luchando por la igualdad de derechos para todas las personas, sin importar su orientación sexual ni su identidad de género. En Data Cívica creemos en el poder de los datos como herramienta para esta lucha. La información visibiliza experiencias y necesidades, además de respaldar diagnósticos que guíen políticas públicas que prevengan y atiendan la violencia que viven las personas por su orientación sexual o su identidad de género. En ese sentido, ser contades es un derecho.
Sin embargo, al explorar la encuesta más amplia de recopilación ide información sobre personas LGBTIQ+, la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (Endiseg), nos preguntamos si contamos con suficientes herramientas para estudiar la violencia que se vive desde la diversidad sexo-genérica en México. Con la Endiseg, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) estimó que en México hay 5 millones de personas de 15 años o más que se identifican como LGBTIQ+. En ese sentido, la encuesta cumple con su objetivo: “identificar a la población LGBTIQ+”. No obstante el objetivo de la encuesta, la Endiseg es el ejercicio más amplio que tenemos en México para comprender la diversidad sexogenérica y su realidad, cuyo entendimiento va más allá de contar a las personas que conforman a este grupo. Por eso, desde Data Cívica nos preguntamos ¿qué tanto la Endiseg va más allá de su objetivo con instrumentos para comprender los retos de la diversidad sexogenérica?

¿Cumple su objetivo?
Sí, la Endiseg identifica “de la población de 15 años y más, aquella que se reconoce a sí misma con orientación sexual y/o identidad de género no normativa o no convencional, esto es, población LGBTI+”. La Endiseg arrojó que 4.8 % de la población mexicana tiene una orientación sexual no normativa, mientras que un 0.9 % tiene una identidad de género no cis. La muestra utilizada en la encuesta fue de 44 189 personas, de las cuales 2362 se identificaron con alguna característica de diversidad sexogenérica, representando a casi 5 millones, según el Inegi. Estas cifras no se suman, sino que se traslapan, porque la orientación sexual no está sujeta a la identidad de género ni viceversa.
Cabe recalcar que estamos hablando de una encuesta, no de un censo. Es decir, el Inegi no entrevistó a cada individuo de la población, sino que encuestó a una muestra particular: un grupo más pequeño y cuidadosamente seleccionado para intentar representar a toda la población mexicana. A partir de la muestra, el Inegi realizó una estimación del tamaño de la población LGBTIQ+ total. Dado que esta fue una muestra particular de las infinitas muestras que hubiera podido realizar, existe cierta cierta incertidumbre en los resultados y conclusiones derivadas de ella.
Por eso mismo, antes de estudiar qué tanto nos sirve la Endiseg para entender la violencia que vive la diversidad sexo-genérica en México, nos aseguramos de checar el tamaño de la muestra desde un concepto diverso de las personas LGBTIQ+. Considerando que la diversidad sexual y la diversidad de género no son grupos separados sino grupos que se traslapan, intentamos obtener información sobre los subgrupos1 que conforman a la diversidad sexo-genérica. Al hacerlo, descubrimos que, en ocasiones, la muestra de personas encuestadas es muy pequeña como para sacar conclusiones. Por ejemplo, sólo cuatro mujeres trans lesbianas o nueve hombres trans declararon su orientación sexual “otra”. Esto es relevante porque el tamaño de la muestra limita el grado de certeza de la información que generamos a partir de herramientas estadísticas como las encuestas.
La cuestión es que en cualquier ejercicio hecho con una muestra y no con el total de la población hay cierto grado de incertidumbre, es decir, falta de certeza o precisión en los resultados obtenidos y conclusiones que se derivan de ellos. Eso no implica necesariamente inexactitud o falta de validez en los resultados de la encuesta. La incertidumbre es una medida de la variabilidad y la probabilidad asociada con los resultados basados en la muestra. Pero entre menor sea la muestra, más amplio es ese rango de incertidumbre; es decir, hay una mayor posibilidad de que los resultados de la muestra difieran de los de la población en general.
Considerando el mínimo tamaño de la muestra para algunos subgrupos que cruzan la diversidad de género y la diversidad sexual, consideramos que no tenemos elementos para obtener información para grupos como personas trans que no sean heteres. Por eso decidimos ser un poco menos exigentes e intentar entender la violencia que vive la diversidad sexual y la diversidad de género al “salir del closet” y durante su infancia. Esto únicamente realizando comparaciones entre grupos de personas que se identifican con una orientación sexual no normativa o realizar comparaciones entre grupos de personas que se identifican con una identidad de género no normativa.
¿Podríamos hablar de diferencias dentro de la diversidad sexual y dentro de la diversidad de género?
“Salir del clóset” es ya un primer momento en el que se marcan diferencias entre las personas heterosexuales y las LGBTIQ+. De las primeras no se tiene una expectativa social para que reafirmen su identidad de género o su orientación sexual normativas. En cambio, quienes viven la diversidad suelen tener un proceso de informarle a familiares, amigos o colegas que su sexualidad o género no son los asignados socialmente. Esos momentos pueden ser complejos y desafiantes, ya que para algunas personas resulta un paso liberador y empoderador, pero para muchas otras genera presión y la posibilidad de enfrentar rechazo, discriminación y violencia.
A partir de la Endiseg, analizamos cuántas personas y de qué grupo habían sufrido reacciones adversas al comunicar su identidad de género o su orientación con sus padres. Encontramos que el 16 % de las personas de orientación sexual no normativa fueron agredidas al hacerlo, y parece que fueron las personas que se autodenominan gay quienes sufrieron más agresiones. Mientras el 22 % de las personas de la diversidad de género que le dijeron a sus padres sobre su identidad no cis fueron agredidas al hacerlo, y parece que fueron las personas no binarias o de género fluido quienes más lo sufrieron.
Algunas incluso se enfrentaron a que quisieran “corregirles”. Por orientación sexual, uno de cada diez que le dijeron a sus padres sobre su diversidad se enfrentaron a la intención de aquellos de corregirles; en este caso parece que fueron las personas lesbianas las que más sufrieron esta violencia. Para las personas de identidad de género diversa, la cifra oscila entre uno y dos de cada diez, y parece que fueron de nuevo las personas no binarias quienes más sufrieron esta violencia.
Hacemos énfasis en esta pregunta de la encuesta por las llamadas “terapias de conversión”, mismas que la ONU equipara a tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes. En 2022 el Senado aprobó una iniciativa para prohibirlas, pero todavía está en revisión en la Cámara de Diputados.
Utilizamos la expresión “parece que” porque, como ya mencionamos, hay un margen de imprecisión o falta de certeza en cuanto a cómo los resultados de la muestra representan los resultados de la población objetivo. Los intervalos de confianza nos brindan un rango de valores dentro del cual esperamos con cierta certeza que se encuentre el verdadero parámetro de la población. Sin embargo, cuanto más pequeña es la muestra, mayor es la incertidumbre y la posibilidad de que los resultados difieran de la población en general.
Aunque la altura de las barras muestra el porcentaje promedio declarado por la muestra encuestada, las líneas verticales indican el rango en el que estamos bastante seguras que cae el valor real para el grupo.2 Es decir, si repitiéramos la encuesta 100 veces con 100 distintas muestras y calculáramos un intervalo de confianza para cada una de ellas, en 95 de estos casos el intervalo de confianza contendría el valor real de la población objetivo, valor que buscamos estimar y no conocemos. Por ejemplo, para esta muestra en particular, el 11% de los hombres trans reportaron que sus padres quisieron corregirles. Sin embargo, por la incertidumbre de qué tanto esta muestra representa a la población objetivo, sólo podemos afirmar con un 95% de confianza que el porcentaje real de hombres trans cuyos padres quisieron corregirles en la población total se encuentra entre el 1% y el 21%, en lugar de ser exactamente 11%.
De modo que al mirar más de cerca, vemos que las diferencias entre grupos no son significativas. Para que éstas sean significativas sus intervalos de confianza no se pueden traslapar. Es decir, el límite inferior del grupo con mayor incidencia tiene que ser mayor que el límite superior del grupo con menor incidencia. Cuando comparamos entre grupos de la diversidad sexual o de género, las diferencias no son significativas debido al tamaño de la muestra y la variabilidad de las respuestas. De nuevo, demos un paso para atrás para ver si por lo menos ¿podríamos hablar de diferencias entre diversidad sexual, la diversidad de género, las personas heteres y las personas cis?
¿Por lo menos podemos hablar de diferencias significativas entre grupos?
Para ver si es posible hablar de diferencias estadísticamente significativas entre grupos, decidimos partir de violencias que podrían experimentar tanto la población de la diversidad como la población de la normatividad. Por ejemplo la violencia durante la infancia. Al comparar entre los grupos de la diversidad sexual no podemos sacar ninguna conclusión sobre mayores o menores niveles de violencia para ningún grupo, excepto para el caso de las lesbianas, quienes parecen ser significativamente menos agredidas durante la infancia que el resto de los grupos de la diversidad. Al comparar entre los grupos de la diversidad de género, tampoco podemos decir que alguno sufra violencia significativamente mayor o menor que el resto.
En ambos casos, al incluir a la población heterosexual y cis a las comparaciones respectivas, podemos notar el efecto que tiene el tamaño de la muestra sobre los intervalos de confianza. Entre más grande la muestra, más certera es la estimación de incidencia de violencia y, por lo tanto, más pequeño el intervalo de confianza. Tan pequeño el intervalo que queda detrás de la etiqueta.
En ese sentido, si en vez de discernir entre grupos de la diversidad, sólo vemos a la diversidad sexual como un grupo y a la diversidad de género como otro y los comparamos con las personas hetero y las personas cis, podemos realizar conclusiones estadísticamente significativas. En concreto, y como esperábamos, la violencia que sufren las personas hetero y las personas cis son significativamente menores a las que viven tanto la diversidad sexual como la diversidad de género. Sin embargo, la diferencia entre la incidencia de violencia en la infancia de las personas que son parte de la diversidad sexual y de la diversidad de género ahora, son estadísticamente insignificantes.
¿Es culpa del Inegi que no podamos realizar conclusiones estadísticamente significativas?
Sólo al comparar con personas hetero-diversidad sexual y cis-diversidad de género podemos obtener conclusiones estadísticamente significativas para varias preguntas de la encuesta. En el caso de la Endiseg, la muestra es pequeña3 para estudiar la diversidad dentro de grupos que ya son pequeños. Sin embargo, es una dificultad inherente al intentar comprender la diversidad dentro de la diversidad a partir de una encuesta.
Idealmente tendríamos datos que nos permitieran generar información acerca de la diversidad sexogenérica desde un concepto extensivo de este grupo. Es decir, desde Data Cívica consideramos los análisis sobre la diversidad sexogenérica deberían generar información no sólo sobre las personas LGBTQI+ sino sobre cada uno de los subgrupos que la conforman (lesbianas, gays, bisexuales, mujeres trans, hombres trans, personas no binaries, etc.). En un mundo ideal podríamos explorar a fondo también cómo la identidad de género y la orientación sexual también se intersectan.
Aunque la Endiseg es hasta ahora el mejor acercamiento a conocer a la población que se identifica como de la diversidad sexogenérica, para saber si se queda corta en cuanto a representatividad, tendríamos que saber el tamaño total de la diversidad sexual y la diversidad de género en México. Para hacerlo necesitaríamos preguntas sobre orientación e identidad sexogenéricas en un censo, es decir, con el total de habitantes. Países de la región como Argentina, Chile y Ecuador lo han hecho por primera vez en sus censos de población levantados en 2022. México no tendrá un nuevo conteo de habitantes hasta 2030, pero en 2025 se realizará un ejercicio intermedio, la encuesta intercensal, la cual permite actualizar los cálculos de población a la mitad del periodo comprendido entre censos.
Tener presente la incertidumbre de los datos con los que trabajamos es imperativo para generar información precisa que realmente permita visibilizar, entender la realidad y generar políticas que garanticen el igual acceso a derechos y oportunidades para la diversidad genérica. Simultáneamente, contar con muestras más amplias de la diversidad sexogenérica facilitará datos para generar información representativa Por ello, el punto de partida será garantizar el derecho de todes a ser contades.
Alicia Valentina Franco
Coordinadora de Análisis de Datos de Data Cívica
Itxaro Arteta
Líder de Comunicación Estratégica de Data Cívica
Nota metodológica
Todas las bases y códigos para replicar este análisis están disponibles en este repositorio.
1 Debido a que la orientación sexual y la identidad de género son etiquetas que resumen realidades complejas, incluso la definición de qué contar como parte de la diversidad sexual o de género no es una obviedad. Por ejemplo, algunos abogan que la orientación sexual está definido por los géneros o sexos por los que se tiene deseo mientra que otros abogan que está definido por las personas con las que se tienen relaciones sexuales o afectivas. En este análisis tanto la pertenencia de la diversidad sexo-génerica como los subgrupos que la componen depende de la autoidentificación por parte de las personas encuestadas. Las personas que agrupamos dentro de “No binarie/Género fluido” incluye a personas que se reconocen: tanto hombre como mujer, o ni hombre, ni mujer o de otro género. Las personas que agrupamos dentro de “+” incluyen: pansexual, asexual, demisexual, flexible sexualmente, no quiero responder, no sabe, otra orientación, ninguna y sexual.
2 95 % seguras
3 Por ejemplo, la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (Enpol) cuenta con una muestra más amplia, más de 60 000 personas, para representar a una población más chica, menos de 250 000 personas.





