Para elegir a la presidencia de Morena, a instancia del Tribunal Electoral, el INE seleccionó tres casas para levantar encuestas con cinco contendientes: Porfirio Muñoz Ledo (PML), Mario Delgado (MD), Adriana Menéndez (AM), Yeidckol Polevnsky (YP) e Hilda Mirna Diaz Caballero (HMDC). Como paso previo, en la última semana de septiembre se levantó una encuesta de reconocimiento de la cual emergieron los cinco nombres anteriores. Las encuestas para la presidencia también incluyeron dos preguntas para la secretaría general: una preguntando por candidatas por si la presidencia la ganaba un hombre y otra preguntando por candidatos, por si ganaba una mujer. Nos enfocaremos en los resultados para la presidencia de Morena.

Ilustración: Víctor Solís
Las tres encuestas tuvieron un cuestionario común y sólo incluyeron a quienes se reportaron como militantes y/o simpatizantes. La pregunta fue: “¿Cuál de los siguientes candidatos y candidatas elige Ud. para que sea el Presidente o la Presidenta de Morena a nivel nacional? (Encuestador: entregar el dispositivo al encuestado para que seleccione al candidato(a) de su preferencia)”. Los resultados dados a conocer por el INE revelaron que los intervalos entre Muñoz Ledo y Delgado, los candidatos con mayor porcentaje de preferencias, se sobreponían, por lo que no era posible definir un ganador. Los intervalos de las tres candidaturas restantes, según informó el instituto electoral quedaron alejados de las dos candidaturas con mayor porcentaje, por lo cual se debería realizar una nueva encuesta sólo considerando a los dos candidatos más preferidos.
Como se aprecia en la gráfica 1, en las tres encuestas se observa que los intervalos de Muñoz Ledo y Delgado se encuentran sobrepuestos. También debe destacarse que dos encuestadoras hallaron que eran tres candidaturas las que se sobreponían.
Gráfica 1
Ahora bien, como se muestra en la gráfica 2, los cálculos del INE se realizaron conjuntando las tres encuestas. Se observa que los intervalos del agregado de encuestas entre Muñoz Ledo y Delgado se sobreponen. La agregación también revela que el triple empate que reportaron dos casas encuestadoras ya no ocurre, puesto que al considerar a los tres levantamientos el efecto neto es que las estimaciones puntuales de Menéndez, al agregarse, se convierten en su promedio e intervalos superior e inferior. Con Díaz Caballero ocurre algo similar, pero esto ya no se aprecia con Polevnsky, donde el efecto de la agregación termina siendo una especie de promedio (desde luego que es más complicado que un simple promedio, porque el INE reportó que habían ponderado considerando el total de personas seleccionadas por vivienda, un ajuste por género y edad de conformidad con la lista nominal y corrigieron —así lo señala el reporte— la no respuesta dentro de los estratos urbano, mixto y rural).
Gráfica 2
De este ejercicio emergen dos conclusiones preliminares. Primero, según lo reportan las tres casas encuestadoras, la preferencia por los candidatos parece que sí fue posible medirla de manera razonablemente homogénea, con algunas diferencias por supuesto, pero de alguna forma no parecen diferir radicalmente los reportes de cada casa con los intervalos agregados estimados por el INE. Segundo, en el caso de las candidatas, la historia es diferente. En el caso de Polevnsky, el porcentaje promedio reportado por cada casa encuestadora no parece caer en los intervalos agregados calculados por la autoridad electoral. Para las otras dos candidatas, Menéndez e Diaz Caballero, si bien su estimación puntual sí parece ubicarse dentro de los intervalos agregados, en realidad en una de las tres encuestas no es el caso.
Este análisis no implica que alguna de las tres casas encuestadoras esté errónea o que los intervalos agregados sean los correctos. En realidad, no podemos saberlo. Una diferencia central entre estas encuestas y las preelectorales levantadas días antes de una jornada electoral es que sí conoceremos el resultado final. En otras palabras, tenemos contra qué comparar. En este caso no existe un referente de esa naturaleza. El cálculo de los intervalos agregados se basa en las tres encuestas existentes y no es posible conocer el valor poblacional (el resultado final) para comparar. Lo único con que se cuenta es con el valor muestral (las encuestas). De ahí que si bien se puede realizar el ejercicio de inferencia (extraer conclusiones de la muestra hacia la población), en realidad no es posible compararlo contra el valor poblacional porque éste no se conoce.
El padrón de militantes no fue utilizado por diversas razones, entre ellas quizá su falta de confiabilidad. Ese era el único instrumento, a través de una votación, que nos podía permitir conocer el valor poblacional, pero no contamos con ello. Y precisamente por esa razón, una herramienta técnica, como lo es una encuesta, ahora se emplea para un tema político, como lo es el elegir a una dirigencia partidista.
Desde luego que se podrá argumentar que en muchos ejercicios muestrales nunca se llega a conocer el valor poblacional y entonces nos debe basta el cálculo muestral y con ello podríamos inferir. Así es. El problema en este caso es que se debe dirimir una disputa política en la cual múltiples actores han estado acostumbrados a comparar los ejercicios demoscópicos con el valor poblacional, esto es, con el resultado electoral final, el cual, aquí no se tendrá. Ello sin mencionar lo complejo del ejercicio desde su parte técnica, lo cual ya ha sido discutido por diversas personas que son especialistas en el tema.
Lo que refleja este sencillo análisis es que el ejercicio de medición de preferencias con varias candidaturas torna mucho más compleja la estimación, porque no sólo se trata de obtener quién queda en primer lugar, sino que se pueda conocer con claridad el orden de los contendientes restantes. Si bien parece que ésta fue la tarea de la agregación, en realidad no es un parámetro para comparar porque el dato poblacional no se conoce. Piénsese en la agregación de encuestas (que me tocó realizar hace un par de años): incluso la agregación debía compararse contra el resultado final. De ahí que sólo en casos donde fuera muy clara la distancia entre quienes contienden, los ejercicios demoscópicos para seleccionar dirigencias partidistas quizá podrían resultar apropiados. Aunque ahí caben otras críticas, como la calidad de militante que se asimila a simpatizante en las encuestas, cuando en la política partidista la connotación de militante es muy diferente de la de simpatizante en derechos, accesos y límites para aportar dinero.
Lo que nos resta es esperar los resultados de la siguiente encuesta, así como las reflexiones sobre las implicaciones de ejercicios técnicos de esta naturaleza, las cuales sin duda seguirán empleándose para dirimir controversias políticas.
Alejandro Díaz Domínguez
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey.

