Durante el mes de mayo, México recibió 14.7 millones de vacunas, pero únicamente se aplicaron 13.4 millones. Durante abril, recibimos 11.9 millones de vacunas, pero aplicamos 10.1 millones y, durante marzo, recibimos 9.6 millones de vacunas, pero aplicamos 5.5 millones. Recibimos más vacunas de las que aplicamos y el resto son el inventario, que lentamente se va acumulando. Un inventario que hoy alcanzaría para aplicarle una dosis a todas las personas mayores de 18 años de la Ciudad de México.
En las noticias y redes sociales, frecuentemente el Gobierno reporta que llegó un nuevo embarque con miles de vacunas al aeropuerto de la CDMX y que son distribuidas de inmediato entre distintas ciudades. Miles de vacunas para Tijuana. Otras miles para Puerto Vallarta o para Tuxtla Gutiérrez. Y así, la llegada de vacunas avanza. Por otro lado, las autoridades reportan que miles, e incluso cientos de miles de vacunas, son aplicadas en el país. Pero en ese mar de cifras diarias hay un indicador que no depende de cuántas vacunas llegan procedentes de Pfizer, de Cansino o del gobierno de Estados Unidos, sino de nosotros, de nuestra estrategia, de nuestra logística y de nuestra eficiencia: ¿cuánto tiempo transcurre entre que una vacuna llega a nuestro país y que esa vacuna se le aplica a alguien? Poco más de diecinueve días. Las vacunas languidecen en los refrigeradores. Pero, mientras más rápido vacunemos a suficientes personas, podremos retomar actividades, podrán las y los alumnos regresar a clases de manera segura y dejaremos de perder a seres queridos por el virus. Retrasar las vacunas nos cuesta a todos.
En promedio, las vacunas que se aplicaron en México hasta el 19 de junio llegaron a nuestro país en el mes de mayo. Es decir, hoy tenemos más de diecinueve días de retraso. Y, desafortunadamente, ese lapso que transcurre entre la recepción y la aplicación de las vacunas no ha logrado reducirse. En marzo se aplicaron vacunas que llegaron a México, en promedio, once días antes. En abril, el retraso promedio fue de catorce días; en mayo, de quince días y, entre el 13 y el 19 de junio, el retraso fue de 17.6 días. Este retraso deja sin protección a las personas que pueden beneficiarse de una dosis, aumenta el riesgo de los contagios y abre la posibilidad de nuevas mutaciones del virus en la población no vacunada.

Ilustración: Raquel Moreno
¿Cómo calculamos ese retraso?
Tomemos como ejemplo el 15 de mayo. La Secretaría de Salud reportó, en su conferencia vespertina del 16 de mayo, que se había aplicado un total de 23 168 462 dosis hasta el corte de las 9 p. m. del 15 de mayo. También informaron que se habían recibido hasta esa fecha 29 163 275 dosis. La diferencia entre esas dos cifras —que es de 5 994 813 vacunas— son dosis con al menos un día de retraso entre su llegada y su aplicación. Para calcular el retraso promedio de las dosis aplicadas el 15 de mayo, buscamos el día en que se habían recibido 23 168 462 dosis. Encontramos que en la conferencia del 29 de abril se anunció que se habían recibido, hasta esa fecha, 23 983 385 dosis y que el día anterior se habían recibido 22 598 385. Si suponemos que las dosis se aplican en el orden en que se reciben, concluimos que la dosis número 23 168 462 que se aplicó el 15 de mayo llegó en uno de los dos cargamentos recibidos el 29 de abril, por lo que tardó 16 días desde que llegó hasta que fue aplicada.

Figura 1. Días que transcurren en promedio entre que una vacuna se recibe en México y que es aplicada a alguna persona. El color de cada día está en función del retraso que se observa en cada vacuna. Datos recopilados por Alejandro Cano, utilizando el reporte diario de SSA
En enero sólo se recibían vacunas Pfizer y las entregas fueron suspendidas por tres semanas. Desde el embarque con 219 375 dosis recibido el 19 de enero no se recibió otro embarque de esta farmacéutica hasta el 16 de febrero. En vez de aplicar las vacunas recibidas rápidamente, las autoridades de salud prefirieron dosificarlas —¿para tener algo que informar en cada conferencia diaria?—. El resultado fue que el 14 de febrero aplicaron sólo 154 de las 32 608 dosis que tenían en reserva. Las dosis aplicadas ese día fueron recibidas 26 días antes, en el embarque del 19 de enero. Para comparar, estamos aplicando un promedio de 390 000 vacunas cada día. Sin embargo, ahora, con un proceso de vacunación más estable, entre marzo y el 19 de junio hay una brecha entre lo que recibimos y lo que aplicamos que va en un claro aumento. De hecho, hemos recibido casi 23 % más vacunas de las que hemos aplicado.

Figura 2. Número acumulado de vacunas recibidas (en naranja) y aplicadas (en azul) en México desde enero de 2021. El color de las barras verticales está en función del inventario de vacunas que se pueden aplicar en México, es decir, la discrepancia entre el número de vacunas recibidas y aplicadas
La brecha entre las vacunas que recibimos y las vacunas que aplicamos aumenta conforme pasan las semanas; hoy son ya millones de vacunas que llegaron a México hace algunos días, e incluso semanas, esperando a ser aplicadas. Con datos al 19 de junio, por cada semana que transcurre, se aplican, en promedio, casi medio millón de vacunas menos de las que se reciben. Y ese remanente se sigue acumulando.
¿Por qué nos demoramos tanto en aplicar las vacunas que recibimos?
La logística es sumamente compleja y requiere pensar en el mediano plazo. Evidentemente no es posible aplicar las vacunas el día que llegan, pues se requieren algunos días para su distribución. La vacunación eficiente no puede ser intermitente ni oscilante y requiere de mucha planeación. Sin embargo, hoy tenemos suficientes vacunas en inventario para continuar el mismo ritmo de vacunación que llevamos por los siguientes veintitrés días. Pero en esos veintitrés días seguirán llegando cargamentos de vacunas, es decir, tenemos suficientes vacunas para mantener y acelerar nuestra vacunación. De hecho, en las últimas dos semanas se recibieron casi 7 millones de vacunas en al menos diez distintos cargamentos.
Una posible explicación de la discrepancia que observamos entre el número de dosis que llegan y las que se aplican son las mermas. Por distintas razones, como accidentes, algunas vacunas se van perdiendo en el camino y ello puede explicar las diferencias que observamos. Sin embargo, se han reportado menos de 56 000 vacunas como merma (al 19 de junio), que representan 0.1 % de las vacunas aplicadas. Prácticamente todas las vacunas se aplican eventualmente, pero el problema es que nos tardamos ya hasta diecinueve días entre que llegan a nuestro país y se la ponemos a alguien.
Existen otras posibles explicaciones para entender el retraso que vemos en México, como la falta de equipo especializado —se ha visto en otros países—, el tipo de jeringas o la falta de personal. Pero llevamos quince meses en una pandemia, así que hubo tiempo suficiente para planear que se necesitarían millones de jeringas y personas que las aplicaran. ¿Tal vez diseñamos un plan de vacunación lento y poco eficiente?
En la mayoría de los países, los gobiernos centrales envían las vacunas recibidas a estados y provincias para su aplicación en clínicas y centros de vacunación que operan permanentemente. En esos centros se va ampliando, conforme llegan más vacunas, el grupo de personas que pueden ser vacunadas. Así, por ejemplo, en Bogotá hay unos 300 centros de vacunación y Santiago tiene unos 70 centros permanentes. Sin embargo, esa no es la estrategia usada en México. En nuestro país, el gobierno federal decidió reservarse la aplicación de las vacunas mediante el esquema de Brigadas Correcaminos, que abre centros de vacunación por unos cuantos días en cada municipio y cierra una vez que termina la vacunación de ese grupo, mientras se espera que haya otro grupo poblacional que vacunar o las segundas dosis. Para abrir un centro de vacunación, se esperan hasta tener disponibles vacunas suficientes de un mismo tipo para toda la población objetivo a vacunar en ese municipio y esperan también la decisión del coordinador federal de vacunación en el estado correspondiente. La incertidumbre en las fechas y volúmenes de llegadas de vacunas dificultan la selección de los municipios a atender con este esquema. Por otro lado, la intermitencia de habilitar un centro de vacunación —frecuentemente en escuelas— que reciba a miles de personas en cuestión de una semana pero que permanezca cerrado es una estrategia lenta y costosa, y será aún más complicada con el regreso presencial a clases.
Sería interesante hacer este análisis por tipo de vacuna, para ver si los retrasos son mayores en las vacunas que requieren ultracongelación (Pfizer y Sputnik), o en aquellas que arriban a nuestro país en forma esporádica y poco predecible (AstraZeneca, por ejemplo). Desafortunadamente, en este como en otros temas de la aplicación de las vacunas, no se cuenta con los datos necesarios de las autoridades responsables. Este análisis, y la detección de que la vacuna que pondrán el día de mañana llegó a México hace más de dos semanas, fue posible gracias a un seguimiento exhaustivo y puntual de los comunicados del gobierno y de los datos publicados en sus diapositivas. Pese al valor de contar con datos abiertos sobre la vacunación en México y a que se han realizado solicitudes de información, los datos sobre cuántas vacunas de cada tipo se han aplicado y en qué lugares simplemente no están disponibles, así que no existen datos oficiales para contrastar estos resultados.
La aplicación de vacunas depende de dos factores. En primer lugar, de la llegada de vacunas —la cual es limitada dada la demanda global— y, en segundo lugar, de factores internos y de nuestra logística y planeación. Hay una estrategia que no avanza tan rápido como la recepción de vacunas. A México llegan más vacunas de las que aplicamos y nuestro inventario crece, mientras que, en otros países, las vacunas se aplican casi a la misma velocidad a la que se reciben, como el caso de España. En México tenemos un inventario mucho mayor que el caso de Canadá. La vacunación avanza, aunque sufre cuellos de botella: el mayor de ellos no es la falta de vacunas, sino que no las aplicamos lo suficientemente rápido.
Rafael Prieto Curiel
Matemático del ITAM, trabajó en el C5 de la CDMX por cinco años y realizó una maestría y un doctorado en matemáticas, crimen y migración en University College London. Actualmente es investigador dePEAK Urban en University of Oxford – UCL.
Alejandro Cano
Ingeniero Ambiental y Doctor en Ingeniería Química por el M. I. T.
Este texto es una colaboración entre nexos y Punto Decimal.
El código para reproducir este análisis se puede descargar aquí.
Conociendo la burocracia en México, y un margen de error en tu estimado, se tendría que reconocer , que México ha tenido buenas negociaciones para conseguir las vacunas, ya sean compradas y/o donadas, que se han distribuido y vacunado democráticamente en todo el País y no se les dio preferencia, a la Cd de México.
podrían ser mejor las cosas, si, pero no están tampoco mal y hay buen trabajo en Logistica y aplicación, que han ido mejorando conforme se han venido aplicando.
Obviamente debe haber un retraso. Para determinar cual sería un retraso razonable, hice el mismo cálculo reportado en el artículo con los datos de vacunación de Ontario desde 1/May/21 hasta el 27/Jun/21. El promedio del retraso diario en Ontario en ese periodo es de 7.5 días con desviación estándar de 2.2 días.