Desde la perspectiva de la teoría de sistemas, y en particular desde el clásico Esquema para el análisis político de David Easton, habría tres maneras de evaluar una alianza electoral. Primero, su desempeño. Es decir, si la alianza lleva a un incremento o a un decremento en las preferencias electorales agregadas de los partidos que la conforman. De manera derivada, aunque también en cuanto al desempeño, cabe preguntar cuáles de los partidos coaligados crecen en sus intenciones de voto tras la alianza, como unidades independientes, y cuáles decrecen. Segundo, el resultado. Es decir, allende las preferencias declaradas a lo largo del proceso electoral, el porcentaje del voto efectivamente obtenido por la alianza. Un ángulo interesante a propósito del resultado es si la alianza superó o no el desempeño que habrían tenido los partidos contendiendo por su cuenta, lo cual no es sencillo de evaluar en tanto no existe una elección sin alianza a comparar con la elección con alianza. Finalmente, su impacto, que en el ámbito legislativo —el que interesa en el caso mexicano a nivel federal en 2021— supone la representación legislativa a que dan lugar los votos. Al igual que en el caso del resultado, importa saber, aunque sea con margen de error, si la alianza optimizó el rendimiento de sus partidos miembros.
La alianza Va por México —conformada por PAN, PRI y PRD para competir conjuntamente en 219 de los 300 distritos federales— se podrá analizar desde estas tres perspectivas a partir del 6 de junio. Por el momento sólo es posible analizarla desde la perspectiva de su desempeño. En cuanto a éste, conviene registrar y explicar las tendencias de los partidos que la conforman, así como los cambios en éstas a raíz del anuncio de la alianza en noviembre 2020. También resulta analíticamente pertinente contrastar estas tendencias y cambios con los previos al anuncio, y con las intenciones de voto de los partidos no coaligados. Como tal, el resultado de la alianza sólo podrá conocerse una vez que la elección haya concluido, al totalizar los votos de los partidos participantes. Lo mismo con el impacto buscado que, a decir de los propios partidos integrantes, es que Morena no tenga mayoría absoluta en San Lázaro.
En un balance preliminar antes del inicio de las campañas, la alianza opositora 2021 parece estar afectando en lugar de mejorando la intención de voto de cuando menos dos de los partidos que la integran: PRI y PRD. En cuanto al PAN, la alianza no lo ha llevado a una mejoría, sino a detener una caída preexistente y a mantenerse estable. En resumen, la suma de las intenciones de voto de estos tres partidos ha ido en descenso desde que anunciaron su intención de coaligarse, en noviembre pasado. En contrapartida, a partir del anuncio, han crecido las preferencias por partidos de oposición que no integran la alianza, a saber, PT y MC, así como por el partido gobernante, Morena. En el agregado, las tendencias sugieren que los beneficiarios de la alianza en cuanto a desempeño electoral han sido, paradójicamente, los partidos que no participan en ella. Si bien se trata de cambios menores, dentro del margen de error, apuntan a derroteros que podrían acentuarse con el tiempo.
Lo que sucede con la alianza opositora en 2021 no parece una excepción, sobre todo al advertir lo ocurrido en la elección presidencial de 2018. En ésta, los partidos que conformaron la alianza Por México al Frente —PAN, PRD y MC— resintieron una afectación tan pronto anunciaron su candidatura común —antes de nombrar a Ricardo Anaya como candidato—. En contraste, los partidos no participantes recibieron lo que pareciera una suerte de “bono” derivado del anuncio de sus contrincantes. Conforme avanzó el proceso electoral, y más aún desde que comenzaron las campañas, distintos factores, no imputables a la alianza, surtieron efecto en las tendencias, difuminando analíticamente el impacto atribuible a la alianza.
Adelanto dos hipótesis para explicar lo que sucede, que se detallan más adelante. Por un lado, los partidos coaligados en estas alianzas opositoras, ninguna de las cuales se justifica ideológicamente, podrían estar resintiendo una penalización por parte del electorado a raíz de su deslealtad ideológica y su pragmatismo político. Por otro lado, y en algo más idiosincrático de las elecciones mexicanas de 2018 y 2021, las alianzas se estarían topando con las consecuencias de, acaso sin quererlo, dar sustento fáctico al discurso populista del presidente López Obrador en cuanto a que hay un “nosotros” contra “ellos” o, en otros términos, un “pueblo” articulado en torno a Morena contra unos “conservadores” aliados sin base ideológica o programática con el único propósito de frenar al “pueblo”. Al final, las tendencias parecen ser el efecto de una combinación de cuando menos estas dos explicaciones.
Primero, el texto analiza el desempeño en las preferencias de los partidos que conformaron Por México al Frente y de sus adversarios electorales, entre julio 2017 y junio 2018, recurriendo a datos de El Financiero. Posteriormente, repasa lo que ha sucedido con las preferencias de los distintos partidos —sean o no integrantes de Va por México— entre junio 2020 y marzo 2021. En ambos análisis se toma como discontinuidad de interés el anuncio de la alianza opositora para así examinar los efectos del anuncio en las preferencias declaradas. Hacia el final, el trabajo reflexiona sobre las implicaciones del desgaste al cual terminan sometiéndose los partidos coaligados en alianzas opositoras sin afinidad ideológica para el sistema de partidos mexicano.

Ilustración: David Peón
Por México al Frente
La alianza Por México al Frente para las elecciones presidenciales y legislativas de 2018 fue anunciada en septiembre de 2017 por los tres partidos que la conformarían: PAN, PRD y MC. La alianza tenía antecedentes en 2010, cuando estos partidos se coaligaron a pesar de sus tendencias ideológicas distintas. En ese año derrotaron al PRI en enclaves que este nunca había perdido, en particular en Oaxaca, Puebla y Sinaloa, y fueron vencidos por el tricolor en otros, específicamente Durango e Hidalgo (ver este artículo al respecto). Empero, el hecho de que ocurriera ahora en una elección federal, incluyendo la contienda presidencial, marcaba una diferencia significativa.
La Gráfica I muestra los cambios en las preferencias partidistas según El Financiero, entre julio de 2017 y junio de 2018. Conviene enfatizar que no se trata de las preferencias como tales, sino de sus cambios tomando como base julio de 2017, que se toma como cero. Las dos primeras observaciones de la serie de El Financiero ocurrieron en julio y octubre de 2017, poco antes y después de que se anunció la creación de la coalición en septiembre de 2017. En consecuencia, cuando menos parte del cambio observado entre estas dos observaciones podría imputarse al anuncio de la alianza. Conforme avanzó el proceso, otros factores podrían explicar mejor que la alianza los cambios observados —el candidato, la plataforma, las campañas, etc.—.
Al comparar estos dos puntos en el tiempo es posible focalizar el análisis en el efecto de la alianza opositora, reduciendo el peso de otros factores que ocurrieron antes —por ejemplo, la popularidad de López Obrador— o que ocurrieron después —la formación de la alianza Juntos Haremos Historia, anunciada en noviembre—. Aun cuando el peso de estas explicaciones alternativas no se puede descartar, la comparación pre-post ofrece la posibilidad de colocar el foco analítico en la alianza opositora.
Así, a partir del anuncio en septiembre de 2017, es decir, comparando julio y octubre, los partidos coaligados aparentemente cayeron de manera unánime. El PAN se llevó la peor parte, con casi tres puntos porcentuales menos en tres meses. Le siguió el PRD, con un cambio de alrededor de un tercio del sufrido por el PAN, dentro del margen de error. Más aún, con algunas recuperaciones episódicas, las tendencias del PAN y el PRD fueron descendentes el resto del proceso electoral. MC tuvo un descenso apenas perceptible, y de hecho indistinguible de cero considerando el margen de error, pero que hace muy improbable que haya crecido y que se haya mantenido estable. Como se dijo antes, se trata de cambios que no se pueden dar por ciertos debido a que son menores al margen de error de las encuestas —alrededor de 3 %—.
En contraste, los partidos “grandes” no coaligados —es decir, PRI y Morena— se beneficiaron de la alianza; paradójicamente, los partidos que no se aliaron fueron los únicos que se beneficiaron. De hecho, el único crecimiento registrado por el PRI en la serie de El Financiero en todo el proceso electoral fue precisamente después del anuncio de Por México al Frente —dos puntos—. Morena también creció tras el anuncio, aunque de manera más bien escasa; su despegue ocurriría hacia febrero y sería imparable desde entonces. El PT, por su parte, describe una trayectoria más bien plana a lo largo del año bajo estudio.
Gráfica 1. Tendencias antes y después del anuncio de Por México al Frente

Así, los únicos dos partidos que crecieron con el anuncio de la alianza opositora en 2017 fueron los que decidieron no coaligarse: el PRI —entonces partido gobernante— y Morena —entonces cabeza de las preferencias y que en noviembre anunciaría su coalición con el PES y el PT—. En el otro extremo están los partidos más grandes de Por México al Frente, el PAN y el PRD, que cayeron tras el anuncio, cuestionando con ello la racionalidad de las coaliciones interideológicas, cuando menos a nivel partido. PT y MC se mantuvieron más o menos igual antes y después de septiembre 2017.
Va por México
Una vez analizado 2018, revisemos lo poco que ha pasado con la coalición Va por México —PAN, PRI y PRD— a partir de su salida pública en noviembre 2020. Dicho lo anterior, se hace patente algo semejante a lo sucedido hace tres años: desde el anuncio de Va por México parece haber un declive en las preferencias de los partidos que conforman la coalición, contrastando con la estabilidad o el crecimiento de los partidos no involucrados.
La Gráfica II muestra los cambios en las preferencias electorales por partido político según el agregador de Oraculus entre junio de 2020 y marzo de 2021 —con corte al día 22—. Metodológicamente, se promediaron mensualmente las preferencias de cada partido en las diferentes encuestas consideradas confiables por Oraculus y, a partir de ahí, se registró la variación intermensual. En consecuencia, al igual que en el caso de 2018, no se trata de preferencias, sino de cambios en las mismas —aunque aquí con múltiples fuentes promediadas—. Dos de los tres partidos coaligados han ido para abajo en las tendencias —PRI y PRD—. Ha de decirse que en ambos casos la diferencia es más bien escasa, dentro del margen de error. No obstante, también ha de señalarse que ambos partidos venían de tendencias alcistas —también dentro del margen de error— que se truncaron con la alianza. En cuanto al PAN, llevaba una tendencia más bien descendente, que tendió a aplanarse tras la alianza —mas no a crecer—.
También en semejanza con el caso anterior, los partidos no miembros de la coalición opositora vieron un incremento en sus preferencias desde el anuncio en noviembre 2020 —aunque en general dentro del margen de error—. El alza tras el anuncio se da en los casos del PT y MC, y también en el caso de Morena, que ha crecido —e importantemente, más allá del margen de error— desde diciembre de 2020, aunque inmediatamente después del anuncio de la alianza pasó por una caída.
Ha de insistirse que, en lo general, se trata de variaciones menores; al ser cambios dentro del margen de error, podrían deberse a cuestiones aleatorias. Sin embargo, al recurrir a múltiples fuentes promediadas en lugar de a una sola fuente, el análisis gana en robustez y permite inferencias razonablemente más sólidas que si estuviera apoyado en una sola casa encuestadora.
Gráfica 2. Tendencias antes y después del anuncio de Va por México

Allende los casos concretos de 2018 y 2021, conviene reflexionar más ampliamente sobre las implicaciones para el sistema de partidos y no de las alianzas interideológicas en lo general —sobre lo que mucho se ha escrito—, sino del castigo de los electores a los partidos que las conforman y el premio a los partidos que no.
Implicaciones para el sistema de partidos
Hay cuando menos dos hipótesis para dar sentido a las tendencias de 2018 y 2021, particularmente a los cambios en las tendencias pre-post alianza opositora. La primera es bastante sencilla: los partidos de Va Por México, que decidieron ingresar en una coalición opositora no por afinidades ideológicas ni programáticas sino —según sus propios dichos— por su oposición a López Obrador, recibieron una penalización por parte de los votantes potenciales, quienes estarían castigando la deslealtad ideológica y un excesivo pragmatismo en estos partidos.
La segunda hipótesis es más compleja: como una consecuencia no intencionada, la alianza opositora podría estar robusteciendo el discurso de López Obrador en cuanto a que la dicotomía fundamental de la política mexicana es entre Morena y los demás —“conservadores”, “neoliberales”, “mafia”—. En este sentido, a los ojos de ciertos segmentos del electorado, los partidos coaligados estarían dando la razón a la estrategia populista que se fundamenta en la oposición entre el pueblo y sus adversarios. Ergo, no habría necesariamente una penalización por deslealtad o pragmatismo, sino más bien un “premio” a Morena ante una mayor credibilidad de su discurso en cuanto a que este partido es la única salida de un statu quo deficiente, defendido por todos los demás.
En el agregado, ambas tendencias son peligrosas para el sistema de partidos y su institucionalidad. Primero, la penalización a los partidos establecidos —justificada o no— podría llevar al sistema a una menor estructura, a mayor debilidad, y a una menor legitimidad. En consecuencia, su capacidad de articular y procesar intereses y demandas quedaría aún más limitada de lo que está, pudiendo dar pie a la posible apertura de vehículos de participación política más extremistas.
Segundo, si la opinión pública está leyendo como promotores de la estrategia populista no sólo al presidente y a su partido, sino también a los partidos opositores coaligados, que involuntariamente estarían haciendo más verosímil la dicotomía ustedes-nosotros, la lógica adversativa del populismo podría sentar aún más sus reales en el sistema de partidos y, más ampliamente, en el sistema político. Más aún, ambas tendencias podrían interactuar, llevando a un sistema de partidos no sólo débil, desestructurado y deslegitimado, sino con una oposición fragmentada vista cada vez más como enemiga del “pueblo” al que alude el presidente.
Conclusión
Hay quien podría argumentar que, aun cuando los partidos unidos en Va por México pudieran recibir un porcentaje menor de la votación de lo que obtendrían contendiendo por separado, al estar coaligados podrían conseguir un mayor número de curules en la Cámara de Diputados. En ello, podrían beneficiarse sobre todo del principio de mayoría relativa, a partir del cual se elige a 300 de los 500 diputados, y que en ciertos distritos daría el triunfo a la alianza, a partir de la agregación de los porcentajes de sus partidos integrantes. Sin embargo, dicha posibilidad tiene que ver con el resultado electoral, que sólo será evaluable el 6 de junio. Por el momento, sólo es posible evaluar el desempeño de la alianza en términos de la evolución de las preferencias, donde el balance es negativo. Aún peor para su causa, si de algo sirve lo ocurrido en 2017-2018 para entender la situación presente, difícilmente los partidos coaligados se recuperarían de esta afectación temprana.
Ahora bien, el impacto que Va por México se planteó tener es que Morena no tenga la mayoría absoluta en la Cámara de diputados. Al igual que en el caso del resultado de la alianza, este impacto sólo será evaluable más adelante. Empero, ante el declive inicial en las preferencias de los partidos coaligados, y la probabilidad de que este se prolongue como sucedió en 2018, cabe preguntarse si el propósito de evitar la mayoría morenista no habría tenido mayores probabilidades de concretarse con los tres partidos contendiendo por separado. Sea como fuera, que Va por México tenga el impacto que se propuso dependerá en buena medida de si siguen cayendo las intenciones de voto de PAN, PRI y a PRD, cuánto tiempo más caigan y a qué ritmo lo hagan.
German Petersen Cortés
ITESO.
Agradezco la valiosa asistencia en investigación de Alejandro Strozzi Espinoza.
Sr Petersen … Excelente artículo. Se percibe falta de liderazgo en los partidos de oposición. 30 millones de mexicanos votaron las últimas elecciones por la opción que vieron menos peor, el gobierno actual (!). Así anda México.