El pasado 11 de marzo se cumplieron doce años desde que se legalizaron los matrimonios entre personas del mismo sexo en la Ciudad de México. Este artículo analiza las actitudes de la opinión pública en México en torno al matrimonio igualitario y al derecho a la adopción homoparental después de más de una década de estas reformas. Específicamente, este artículo contrasta diferentes teorías que ayudan a explicar el apoyo o rechazo a los derechos de la comunidad LGBT: teorías basadas en los niveles de educación de la opinión pública, en sus actitudes políticas, en su religiosidad o su cercanía con la comunidad LGBT. Los datos de este artículo se basan en el Estudio Nacional Electoral de México (ENEM), encuesta postelectoral representativa a nivel nacional que es parte del Estudio Comparado sobre Sistemas Electorales (CSES, Comparative Study of Electoral Systems), y que en México es realizado por el CIDE.

¿Quiénes apoyan el matrimonio igualitario?
Existen diversas teorías que nos permiten entender el apoyo o rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo. En primera instancia, las teorías sobre la modernización ponen énfasis en las características socioeconómicas de la opinión pública que hacen que algunas personas sean más o menos propensas a expresar actitudes más progresistas o conservadoras respecto de los derechos de la comunidad LGBT. En ese sentido, a medida que se incrementan los años de educación y los niveles de prosperidad material, los individuos tienden a expresar más escepticismo hacia las tradiciones y, por el contrario, más apoyo a diferentes estilos de vida y perspectivas del mundo.1 De igual forma, las teorías sobre los cambios culturales2 argumentan que las nuevas generaciones, que han sido expuestos a nuevos estilos de vida,3 tienen mayor probabilidad de expresar actitudes favorables hacia el matrimonio igualitario. Por el contrario, las personas que cuentan con mayor edad,4 y que reportan menor tolerancia a la comunidad LBGT, reportan menos apoyo al matrimonio igualitario.5
En ese sentido, la religión es una variable muy importante para entender el apoyo o rechazo al matrimonio igualitario.6 Dadas las enseñanzas tradicionales sobre el matrimonio —que argumentan que constituye únicamente la unión entre un hombre y una mujer—, es posible que quienes pertenecen a una religión o iglesia reporten mayor rechazo a la posibilidad que dos personas del mismo sexo se unan en matrimonio. Sin embargo, otros estudios argumentan que no es la religión per se, sino las expresiones más conservadoras de cada religión las que se opondrían a dicha posibilidad. Esto es precisamente lo que argumenta James Hunter en el libro Culture Wars: The Struggle to Define America,7 en tanto que los votantes más conservadores de distintas religiones se unen activamente para oponerse al matrimonio LGBT mientras que los miembros católicos, protestantes y judíos más progresistas se unen en favor de dichas reformas. En ese sentido, no es la religión sino una interpretación conservadora de la religión lo que motiva el rechazo del matrimonio igualitario.
Las actitudes políticas también pueden influir en el apoyo o rechazo al matrimonio igualitario, sobre todo en sistemas de partido en los cuales los partidos políticos y candidatos politizan activamente este tema. En Estados Unidos, el Partido Republicano y sus candidatos han expresado rechazo sistemático al matrimonio entre personas del mismo sexo, al aborto y distintos temas que forman parte de las llamadas guerras culturales.8 En contraparte, el Partido Demócrata, principalmente sus facciones más progresistas, han formado parte de los grupos que se han movilizado en favor de dichos temas. En ese sentido, los votantes están atentos a las señales que provienen de las élites políticas y expresan apoyo o rechazo al matrimonio igualitario según su identidad partidista e ideología.9
Finalmente, la hipótesis de contacto10 refiere que las personas que han tenido experiencias cercanas con la comunidad LGBT tienen mayor probabilidad de expresar actitudes liberales respecto de esa comunidad, incluido su apoyo al matrimonio igualitario. En ese sentido, quienes tienen amistades o familiares que pertenecen a la comunidad LGBT tienen mayor probabilidad de conocer mejor sus experiencias más allá de información anecdótica que puede surgir de los medios de comunicación u otras fuentes de información. Dada esa cercanía, es más probable que se genere empatía por la comunidad LGBT y, por tanto, dichas personas tengan una mayor probabilidad de expresar apoyo al matrimonio igualitario y su derecho a la adopción.
En América Latina, existe menor investigación al respecto, pero diversos estudios encuentran que los valores religiosos y las ideologías conservadoras tienen un impacto negativo en el apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo. Asimismo, los niveles de apoyo son mayores en personas con mayor ingreso, que viven en ciudades y entre las mujeres.11 Adicionalmente, las personas que apoyan la democracia y los valores democráticos también tienden a expresar mayor apoyo por el matrimonio igualitario.12
El matrimonio entre personas del mismo sexo en México
En México, las políticas públicas que favorecen a las minorías sexuales son un tema relativamente reciente. En los años noventa, hubo una ola de profesionalización que permitió a los activistas de la comunidad LGBT insertar sus demandas en la arena legislativa.13 Este fenómeno fue producto de la necesidad de acción colectiva por parte de la comunidad LGBT, así como de una gran fuente de recursos nacionales e internacionales dedicados a la epidemia de VIH. En 2006 se estableció la primera legislación —en el entonces Distrito Federal— que sentó las bases para el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo. La nueva legislación creó la figura de las sociedades de convivencia, las cuales se constituyeron como “dos personas físicas de diferente o del mismo sexo, mayores de edad y con capacidad jurídica plena, establecen un hogar común, con voluntad de permanencia y de ayuda mutua”.
Aunque representó un avance importante, la figura de las sociedades de convivencia no era equiparable a los matrimonios. Por un lado, el matrimonio produce efectos personales y patrimoniales; en contraste, en las sociedades de convivencia, solamente se crearon efectos patrimoniales para las parejas del mismo sexo. No fue hasta 2009 cuando la legislación del Distrito Federal reconoció el matrimonio y la adopción entre parejas del mismo sexo. Esto fue producto de una oportunidad estratégica donde la oposición partidista y no partidista —sobre todo la Iglesia— se encontraba debilitada. Asimismo, el fin del mandato del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, quien mantuvo una postura conservadora respecto del matrimonio igualitario, permitió al ala más liberal del Partido de la Revolución Democrática (PRD) tomar el mando del programa partidista y, con ello, mostrar mayor apoyo a esta legislación.14
En 2010, este proceso fue retomado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la cual consolidó el respaldo legal al matrimonio igualitario y la adopción homoparental. En su resolución sobre la acción de inconstitucionalidad 2/2010, la SCJN determinó que el matrimonio y la familia no son conceptos inmutables para la sociedad, y deben adaptarse a las circunstancias actuales. Además, dicha sentencia sentó las bases para que otros estados adoptaran medidas similares, así como que reconocieran los matrimonios entre personas del mismo sexo si aún no lo hacían en su legislación. De 2009 a la fecha, veinticinco entidades federativas han modificado sus códigos civiles en favor del matrimonio igualitario. Los estados que aún no incorporan estas disposiciones a su legislación son: Durango, Guanajuato, Guerrero, Tabasco, Veracruz, Tamaulipas y el Estado de México.
Encuesta Nacional Electoral de México (ENEM 2021)
Los datos de este artículo se basan en el Estudio Nacional Electoral de México (ENEM), encuesta postelectoral representativa a nivel nacional que es parte del Estudio Comparado sobre Sistemas Electorales (CSES, Comparative Study of Electoral Systems), y realizado en México por el CIDE. El ENEM se realiza cada tres años y se levanta días después de las elecciones presidenciales o legislativas, según sea el año electoral. En esta edición, la ENEM 2021 se levantó una semana después de las elecciones intermedias de junio del año pasado.
En esta encuesta se incluyeron dos preguntas que buscan medir las actitudes de los entrevistados respecto de la comunidad LGBT. En primer término, se preguntó el acuerdo o desacuerdo con el siguiente enunciado: “El matrimonio sólo debe ser entre un hombre y una mujer” (totalmente de acuerdo/acuerdo/ni acuerdo ni desacuerdo/desacuerdo/totalmente en desacuerdo). Para esta pregunta, resalta que el 60 % de los entrevistados está totalmente acuerdo o de acuerdo con dicho enunciado15 (Gráfica 1). En otras palabras, una mayoría de la opinión pública en México expresa una posición conservadora en este tema. Para entender el perfil de los entrevistados que apoyan el matrimonio tradicional, la Gráfica 2 reporta los resultados entre distintos grupos: según actitudes políticas, características sociodemográficas, religiosidad y cercanía con la comunidad LGBT. En dicha gráfica, los resultados representados en el eje vertical de cada panel van de 0 a 1, donde 1 representa el máximo apoyo al matrimonio tradicional y 0 el máximo rechazo al matrimonio tradicional. Los “brazos” alrededor de cada punto corresponden a intervalos de confianza al 95 %. Dichos resultados son producto de un modelo de regresión lineal.16
Gráfica 1. Acuerdo/Desacuerdo con el Matrimonio Tradicional
En la gráfica 2 se muestra que las actitudes políticas en México, a diferencia de otros países como Estados Unidos, no están asociadas al apoyo al matrimonio LGBT (dado el fraseo de la pregunta, en este caso, al apoyo/rechazo al matrimonio tradicional). La gente que se autoidentifica como de “izquierda” no tiene una opinión distinta que la gente que se autoidentifica como de “derecha”. Los panistas, morenistas e independientes tienen una probabilidad bastante similar de apoyar el matrimonio tradicional; sólo los priistas tienden a expresar una opinión algo más conservadora que los votantes independientes. La aprobación presidencial tampoco tiene asociación alguna con el apoyo o rechazo del matrimonio tradicional. En cambio, las características socioeconómicas de los votantes— consistentes con la teoría de la modernización— sí están asociadas con el acuerdo con el matrimonio tradicional. Los más jóvenes, las mujeres y la gente con educación universitaria rechazan más que “el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer”. En tanto que los entrevistados evangélicos representan el grupo más conservador junto con los entrevistados de más de 65 años y quienes no reportan educación formal. De forma consistente con la hipótesis de contacto, los entrevistados que tienen cercanía con la comunidad LGBT, es decir, que tiene familiares o amigos cercanos que pertenecen a esa comunidad, rechazan más que quienes no tienen contacto, el matrimonio tradicional. Finalmente, como es de esperarse, los entrevistados que se autoidentifican como gay, lesbiana o bisexual17 —alrededor del 3 % de la muestra— son el grupo en México que más rechaza que “el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer”.
Gráfica 2. Acuerdo/Desacuerdo con el Matrimonio Tradicional
(Escala en el eje vertical = 0: Desacuerdo – 1 Acuerdo)
El Estudio Nacional Electoral de México 2021 también incluyó una segunda pregunta que indaga el acuerdo o desacuerdo con que “las parejas homosexuales estables deberían poder adoptar” (totalmente de acuerdo/acuerdo/ni acuerdo ni desacuerdo/desacuerdo/totalmente en desacuerdo). En esta pregunta se encuentra una opinión más polarizada: 46 % de los entrevistados expresó acuerdo, y otro 46 % desacuerdo (Gráfica 3). Tal como en el caso anterior, las actitudes políticas no están asociadas al apoyo a la adopción gay (Gráfica 4). En dicha gráfica, los resultados representados en el eje vertical van de 0 a 1, donde 1 representa el máximo apoyo a la adopción homoparental y 0 el máximo rechazo a la adopción homoparental. A diferencia de la pregunta sobre matrimonio, el género o los niveles de educación no están asociados al rechazo o apoyo al derecho a la adopción. En cambio, la edad, la orientación sexual y la hipótesis de contacto son los factores más importantes que explican el acuerdo con el derecho a adoptar de las parejas LGBT: los más jóvenes junto con las personas que se identifican como gays, lesbianas o bisexuales son quienes más están de acuerdo con la adopción LGBT. Igualmente, las personas que tienen amigos o familiares que forman parte de la comunidad LGBT expresan más acuerdo.
Gráfica 3. Acuerdo/Desacuerdo con el Derecho a la Adopción
Gráfica 4. Acuerdo/Desacuerdo con el Derecho a la Adopción
(Escala en el eje vertical = 0: Desacuerdo – 1 Acuerdo)
Este artículo constituye una primera aproximación para entender las actitudes de la opinión pública en torno al matrimonio igualitario y derechos de la comunidad LGBT en México. Estos resultados en su conjunto muestran la importancia de los cambios generacionales y la hipótesis de contacto. Además de quienes se identifican como miembros de la comunidad LGBT, estos dos grupos (los más jóvenes y quienes tienen amigos o familiares de la comunidad LGBT), de manera consistente, expresan opiniones más liberales en torno al matrimonio y al derecho a adoptar de las parejas homoparentales. En ese sentido, estos resultados destacan la importancia del cambio generacional en la opinión pública: las nuevas generaciones constituyen el grupo más progresista que apoya los derechos de la comunidad LGBT. Futuros estudios podrán analizar algunos hallazgos que se desprenden del presente artículo. Por ejemplo, por qué una parte de la opinión pública en México, si bien expresa acuerdo con el matrimonio igualitario, rechaza el derecho a adoptar de la comunidad LGBT (alrededor del 8 % de la opinión pública). O, por el contrario, por qué hay gente que, si bien rechaza el matrimonio igualitario, está de acuerdo en el derecho a la adopción (20 % de los entrevistados).
Rodrigo Castro Cornejo
Profesor investigador titular de la División de Estudios Políticos en el CIDE.
José Ángel Álvarez
Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el CIDE.
1 Gaines, N. S., y J. C. Garand, “Morality, Equality, or Locality: Analyzing the Determinants of Support for Same-sex Marriage”, Political Research Quarterly, 63(3), 2010, pp. 553-567; Sherkat, D. E., Kylan M. de Vries, y Stacia Creek, “Race, Religion, and Opposition to Same-Sex Marriage”, Social Science Quarterly, 91(1), 2010 pp. 80-98; Sherkat, D. E. y otros, “Religion, politics, and support for same-sex marriage in the United States, 1988–2008.” Social Science Research, 40(1), 2011, pp. 167-180.
2 Golebiowska, Ewa, “Individual Value Priorities, Education, and Political Tolerance.” Political Behavior 17(1), 1995, pp. 23-48; Gibson, James L., “The Political Consequences of Intolerance: Cultural Conformity and Political Freedom.” American Political Science Review 86(2), 1992, pp. 338‐56; Davis, James Allan, “Changeable Weather in a Cooling Climate atop the Liberal Plateau: Conversion and Replacement in Forty‐Two General Social Survey Items, 1972-1989,” Public Opinion Quarterly, 56(3), 1992, pp. 261-306.
3 Haider-Markel, D. P. y Mark R. Joslyn, “Beliefs About the Origins of Homosexuality and Support for Gay Rights: An Empirical Test of Attribution Theory”, Public Opinion Quarterly, 72(2), 2008, pp. 291-310; Haider-Markel, D. P. y Mark R. Joslyn, “Attributions and the Regulation of Marriage: Considering the Parallels Between Race and Homosexuality”, Political Science & Politics, 38(02), 2005, pp. 233-239.
4 Evans, J. y Jonathan Tonge, “Partisan and religious drivers of moral conservatism: Same-sex marriage and abortion in Northern Ireland.” Party Politics, 24(4), 2018, pp. 335-346.
5 Hildebrandt, A., Eva M. Trüdinger y Sebastian Jäckle, “Sooner or later: The influence of public opinion and religiosity on the enactment of laws recognizing same-sex unions”, Journal of European Public Policy, 24(8), 2017, pp. 1191-1210.
6 Golebiowska, Ewa y Kent L. Tedin, “Etiology of Intolerance of Homosexual Politics,” Social Science Quarterly 69, 1988, pp. 587-604; Herek, Gregory M, “Heterosexuals’ Attitudes toward Lesbians and Gay Men: Correlates and Gender Differences”, Journal of Sex Research, 25(4), 1988, pp. 457-77; Wilcox, Clyde, y Ted Jelen, “Evangelicals and Political Tolerance”, American Politics Research 18(1), 1990, pp. 25-46.
7 Hunter, James, Culture Wars: The Struggle to Define America. New York, Basic Books, 1991.
8 Hunter, ob. cit.
9 Baldassarri y Park, “Was There a Culture War? Partisan Polarization and Secular Trends in U.S. Public Opinion”, The Journal of Politics, 82(3), 2020, pp. 809-827.
10 Olsen, L. R., Cadge, W., y Harrison, J. T. “Religion and Public Opinion About Same-Sex Marriage”, Social Science Quarterly, 87(2), 2006, pp. 340‐60; Costa, P. A., Pereira, H., y Leal, I., “The contact hypothesis and attitudes toward same-sex parenting”, Sexuality Research and Social Policy, 12(2), 2015, pp. 125-136.
11 Lodola, G. y Margarita Corral, “Support for same-sex marriage in Latin America”, Americas Barometer Insights, 44, 2010, pp. 1-9.
12 Dion, M. L. y Diez, J. “Democratic values, religiosity, and support for same-sex marriage in Latin America”, Latin American Politics and Society, 59(4), 2017, pp. 75-98.
13 Diez, J. “Explaining policy outcomes: The adoption of same-sex unions in Buenos Aires and Mexico City”, Comparative Political Studies, 46(2), 2013, pp. 212-235.
14 Idem.
15 Es posible que en esta encuesta el apoyo al matrimonio igualitario esté subestimado ya que el fraseo indaga si los entrevistados están de acuerdo con el matrimonio tradicional (“el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer”); en otras palabras, la pregunta está fraseada en sentido negativo. Si la encuesta se basara en un fraseo alternativo en sentido positivo ("¿está usted de acuerdo o en desacuerdo con el derecho de las parejas homosexuales de casarse?”), es posible que el apoyo al matrimonio igualitario registrara un apoyo más alto.
16 Las gráficas 2 y 4 son producto de un análisis de regresión lineal en el que se incluyeron las siguientes variables independientes: género, educación, edad, identidad partidista, aprobación presidencial, ideología izquierda-derecha, religión, asistencia a la iglesia (religiosidad), cercanía con la comunidad LGB y autoidentificarse como LGB. Para facilitar la interpretación, los resultados que se reportan en el texto son producto de una regresión OLS. Los resultados que se obtienen por medio de un modelo ordinal logístico son sustancialmente iguales.
17 En esta pregunta sólo se indaga si los entrevistados se autoidentifican como gay, lesbiana o bisexual (LGB). Dado que ser transexual no es una orientación sexual, sino una identidad de género —conceptualmente constituye una dimensión independiente— no se incluyó como una opción de respuesta.





