Uno de los eventos que se ha convertido en una efeméride electoral en México es la elección presidencial del 2006 y la protesta postelectoral que el movimiento lopezobradorista encabezó en el Paseo de la Reforma. De hecho, hace unos días, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador e incluso el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) —dependiente de la Secretaría de Cultura— recordaron lo que el lopezobradorismo ha llamado el “fraude electoral” de 2006. De manera poco sorprendente, en redes sociales se generó polémica por la declaración del Presidente y que el INEHRM diera eco a una efeméride partidista dado que, si bien forma parte de la memoria colectiva en un sector importante de la sociedad mexicana, realmente no tiene sustento basado en evidencia. Como lo comenta José Woldenberg en su editorial en El Universal de hace una semana, no existe evidencia que se hayan alterado los votos o que se hayan contado sistemáticamente de manera errónea. Por el contrario, existe evidencia robusta que los votos se contaron correctamente incluyendo el PREP, los conteos rápidos, los cómputos oficiales, y el recuento parcial ordenado por el Tribunal Electoral.

En este artículo analizo el proceso por el cual la identidad partidista influye en la forma como los votantes procesan información sobre este tipo de eventos, lo que estudios académicos en opinión pública califican como “percepciones erróneas” (misperceptions). En otras palabras, cuando los individuos tienen “una creencia falsa o que no cuenta con el sustento de la mejor evidencia disponible.”1 Como analizo en este artículo, datos de una encuesta original2 levantada durante la campaña presidencial de 2018 muestra que el 24% de la población en México considera “totalmente cierto” que hubo fraude electoral en la elección presidencial de 2006. En las siguientes líneas analizo algunas hipótesis por las cuales este segmento significativo de la sociedad en México tiene esa percepción.

Ilustración: Víctor Solís

Fraude electoral, razonamiento motivado e identidad partidista en México

De acuerdo con diversos estudios académicos en opinión pública,3 los individuos tienden a aceptar la información que refuerza sus predisposiciones políticas, mientras que rechazan la información que las contradice, y no sólo eso, los individuos —particularmente los más partidistas— también tienden a creer eventos que confirman sus predisposiciones partidistas, pero que no necesariamente tienen sustento basado en evidencia. Este proceso se conoce como “razonamiento motivado”, y ocurre cuando los votantes procesan información con el objetivo de llegar a una conclusión predefinida. De hecho, los individuos también pueden llegar a moldear esa información —retorcerla— para que sea consistente con sus lealtades partidistas.

Este fenómeno ha sido estudiado en Estados Unidos para entender la forma en que los votantes y activistas republicanos rechazan datos factuales. Por ejemplo, la creencia que el Presidente Obama era musulmán4 y que no había nacido en EUA o el rechazo al cambio climático5 a pesar del consenso científico en torno al calentamiento global como producto de la actividad humana. Otro tipo de estudios académicos también han evaluado percepciones como la forma en que los votantes actualizan sus opiniones en temas económicos. Por ejemplo, muchos votantes republicanos antes de la toma de protesta de Donald Trump expresaban una evaluación bastante negativa sobre la economía estadounidense. Sin embargo, pocos días después del inicio de la presidencia trumpista, la percepción de los votantes republicanos mejoró exponencialmente a pesar de que el estado de la economía “objetiva” del país no había cambiado durante esos pocos días. En este caso, la identidad partidista es el motor que permite entender el cambio en la evaluación sobre la economía —dado que el nuevo gobierno comparte su identidad partidista— y a pesar de que el estado real de la economía no cambió en tan pocos días.

Si bien en México no tenemos casos tan dramáticos, sí existen temas en los que los votantes parecen ajustar sus opiniones para no contradecir sus lealtades partidistas. Este parece ser el caso de la percepción sobre fraude electoral en la elección presidencial de 2006. Para estudiar este caso y entender el perfil de los votantes que consideran cierto que existió un fraude electoral levanté una encuesta telefónica con representatividad a nivel nacional durante la pasada campaña presidencial de 2018. En esta encuesta no sólo evalué la creencia en el “fraude electoral” de 2006 sino también otros rumores de la política mexicana que me permitirán contextualizar la creencia en el supuesto fraude electoral de 2006. Diversos estudios de opinión pública definen los rumores políticos como “información en circulación no verificada que surge en contextos de ambigüedad que ayudan a las personas a dar sentido a hechos políticos”.6 Como aparece en el cuadro 1, la encuesta midió el porcentaje de votantes que considera cierto los siguientes rumores: 1) la existencia de una “mafia del poder” integrado por empresarios y políticos que conspira en contra de los intereses del pueblo, 2) que aunque tuviera más votos, a López Obrador no le iban a respetar su triunfo en caso de que ganara las elecciones presidenciales, 3) que México se convertiría en Venezuela si López Obrador gana la presidencia, y 4) que López Obrador pactó con Enrique Peña Nieto para que pudiera ganar la presidencia.7 Todos estos rumores constituyeron información potencialmente verdadera pero no verificada —e incluso, difícilmente verificable— que se han difundido recientemente en México.

Adicionalmente, la encuesta también evaluó dos hechos que son consistentes con la definición de “teorías de la conspiración”. Las teorías de la conspiración buscan “explicar un evento o práctica haciendo referencia a maquinaciones de personas poderosas que tratan de ocultar su rol”.8 Específicamente, evalué el porcentaje de votantes que considera cierto las siguientes teorías de la conspiración: 1) que el gobierno mexicano sabía que los terremotos de 2017 iban a suceder, pero que no quisieron alertar a la población y que 2) los grandes eventos como guerras mundiales o el resultado de las elecciones son controlados por pequeños grupos que conspiran en secreto a nivel mundial.

El cuadro 1 presenta el porcentaje de personas que cree que dichos rumores políticos y teorías de la conspiración son “totalmente cierto”. La existencia de la mafia del poder es el rumor político con mayor respaldo entre la opinión pública (37% “totalmente cierto”), seguido por el rumor que, aunque tenga más votos, “a López Obrador no le van a respetar su triunfo” (25% “totalmente cierto”). Los rumores que tienen menor respaldo es la creencia que México se convertiría en Venezuela si López Obrador gana la presidencia (19%, “totalmente cierto”) y que López Obrador pactó con Enrique Peña Nieto para ganar la presidencia (13%, “totalmente cierto”). Aunque son una minoría, un porcentaje notable (15%) considera “totalmente cierto” que los grandes eventos como guerras mundiales o el resultado de las elecciones son controlados por grupos que conspiran a nivel mundial. En tanto que un 6% considera “totalmente cierta” la teoría de la conspiración que el gobierno mexicano sabía que ocurrirían los sismos del año 2017, pero que no quisieron alertar a la población. Estos datos muestran que la creencia en el fraude electoral de 2006 (24%) es menor que la creencia en la mafia del poder (37%) pero mayor que la creencia del rumor político que a López Obrador no le iban a permitir ganar la presidencia en 2018 incluso si obtenía más votos (19%).

Cuadro 1. Porcentaje de votantes que creen en rumores políticos
y teorías de la conspiración en México

 

Totalmente Cierto

Algo Cierto

Falso

No sabe/
No Contestó

Existe una “mafia del poder” integrado por empresarios y políticos que conspiran en contra de los intereses del pueblo.

37%

31%

21%

11%

Aunque tenga más votos, a López Obrador no le van a respetar su triunfo en las próximas elecciones.

25%

28%

33%

14%

Si gana López Obrador la próxima elección presidencial, México se convertirá en Venezuela.

19%

18%

50%

13%

López Obrador pactó con Enrique Peña Nieto para que pudiera ganar la presidencia.

13%

20%

54%

13%

Grandes eventos como guerras mundiales o el resultado de las elecciones son controlados por pequeños grupos que conspiran en secreto a nivel mundial.

15%

44%

28%

13%

El gobierno mexicano sabía que iban a ocurrir los terremotos del año pasado pero no quiso alertar a la población.

6%

17%

69%

8%

Además de evaluar la creencia general en el “fraude” electoral del 2006, la encuesta también incluyó preguntas específicas sobre las diferentes formas en las que supuestamente se cometió dicho fraude. Si bien no es una lista exhaustiva, la encuesta incluye dos de las principales acusaciones hechas por el movimiento lopezobradorista sobre la forma específica de fraude en contra de López Obrador. En particular, se evaluó el porcentaje de personas que considera cierto que 1) “el IFE alteró los votos para que Felipe Calderón ganara en 2006” y 2) que “el IFE usó un algoritmo para alterar el cómputo de votos para que ganara Felipe Calderón en 2006”.

Adicionalmente, la encuesta también evaluó la creencia en el “fraude” electoral de 2012 cuando López Obrador acusó que Enrique Peña Nieto había ganado la presidencia derivado de la compra masiva de voto. En ese año, López Obrador, específicamente, denunció “la compra de más de cinco millones de votos.” Tal como sucedió en 2006, la campaña electoral de López Obrador no presentó evidencia robusta que diera cuenta de una maquinaria de compra de voto de tal magnitud que pudiera comprar más de cinco millones de votos (ver artículo de Alberto Simpser sobre el tipo de operación de compra de voto necesaria para incidir en los resultados de esa elección).

Como refería con anterioridad, 24% de los votantes consideran totalmente cierto que se cometió un fraude electoral en 2006. Sin embargo, cuando la encuesta evalúa las dos formas específicas de fraude que en 2006 acusó la campaña electoral de López Obrador, el porcentaje disminuye: 19% considera “totalmente cierto” que el IFE alteró los votos para que Felipe Calderón ganara y 17% que el IFE usó un algoritmo para alterar el cómputo de votos. Esto sugiera que, si bien la idea general de “fraude” tiende a permear en un porcentaje significativo de la sociedad mexicana, cuando se evalúan formas más concretas, la creencia es menos sólida. Esto no es del todo sorpresivo ya que la acusación realizada por el movimiento lopezobradorista de 2006 nunca tuvo una acusación consistente sobre el tipo de fraude que supuestamente se cometió en aquel año. Esto seguramente propició que la opinión pública no tenga una creencia definida sobre la forma específica en que se cometió dicho “fraude”.

Es también de resaltar que un mayor porcentaje de personas considera “totalmente cierto” que hubo un fraude en 2012 (30%, totalmente cierto) que en 2006 (24%). De hecho, un notable 37% de los votantes en México considera “totalmente cierto” que Enrique Peña Nieto ganó la elección presidencial por la compra masiva de voto. Este porcentaje se entiende en parte porque esa creencia no sólo se nutre de votantes de Morena, pero también de una proporción significativa de votantes panistas e independientes. A diferencia de la percepción de fraude en 2006, que, como explico a continuación, se nutre principalmente de personas que se autoidentifican con Morena.

Cuadro 2. Porcentaje de votantes que tiene percepciones erróneas
sobre la elección presidencial del 2006

 

Totalmente Cierto

Algo
Cierto

Falso

No sabe/
No Contestó

Se cometió un fraude electoral en la elección presidencial del 2006 cuando Felipe Calderón le ganó la elección a López Obrador.

24%

32%

30%

14%

El IFE alteró los votos para que Felipe Calderón ganara en 2006.

19%

31%

35%

15%

El IFE usó un algoritmo para alterar el cómputo de votos para que ganara Felipe Calderón en 2006.

17%

29%

35%

19%

Se cometió un fraude electoral en la elección presidencial del 2012 cuando Enrique Peña Nieto le ganó la elección a López Obrador.

30%

26%

32%

12%

Peña Nieto ganó la elección presidencial por la compra masiva de voto en 2012.

37%

32%

20%

11%

Como refería anteriormente, uno de cada cuatro votantes en México considera cierto que se cometió un fraude electoral en 2006. El Cuadro 3 explora cuatro hipótesis que diversos estudios académicos9 han mostrado que tiende a incrementar el razonamiento motivado lo que propicia que los individuos tengan percepciones erróneas que contradicen la mejor evidencia disponible. Como es de esperarse, los votantes que se autoidentifican con Morena son los votantes con mayor probabilidad de creer en el supuesto fraude de 2006.

Una hipótesis alternativa es el nivel de información política: quienes tienen menor información y, por ende, menor conocimiento que se contaron correctamente los votos, tendrán mayor probabilidad de pensar que hubo fraude electoral en 2006. Para determinar los niveles de información política de los votantes me baso en un índice aditivo que se construye con base en las siguiente tres preguntas factuales sobre el sistema político mexicano: “¿Cuáles son las cámaras que tiene el Congreso de México?, ¿cuántos años dura un diputado en su cargo? y ¿cuál es el nombre del actual gobernador de su estado?”

Igualmente, consistente con diversos estudios académicos sobre razonamiento motivado, es posible que los votantes con propensión a creer en teorías de la conspiración tengan mayor probabilidad de creer en el supuesto fraude de 2006. Para medir la propensión individual de creer en teorías de la conspiración me baso en la siguiente pregunta: “El gobierno mexicano sabía que iban a ocurrir los terremotos del año pasado, pero no quiso alertar a la población.” Finalmente, estudios académicos recientes sugieren que las personas con alto nivel de enojo tienen mayor probabilidad de experimentar razonamiento motivado, ya que el enojo decrece el interés en aprender sobre candidatos o temas con los que la gente está en desacuerdo e incrementa que los votantes basen sus opiniones en predisposiciones partidistas. Para medir el nivel de enojo me baso en la siguiente pregunta: ·En una escala de 0 a 10, en donde 0 significa no estar nada enojado y 10 muy enojado ¿qué tan enojado se encuentra usted sobre la situación actual de país?”.

Cuadro 3. Porcentaje de personas que tiene percepciones erróneas
 (respondieron “totalmente cierto” entre los siguientes grupos)

 

Panistas

Priistas

Morena

Independientes
(sin partido)

Nivel bajo de información política

Alta propensión a creer en conspiraciones

Muy enojados con la situación del país

Se cometió un fraude electoral en la elección presidencial del 2006

12%

18%

51%

20%

22%

38%

40%

El IFE alteró los votos para que Felipe Calderón ganara.

12%

12%

39%

16%

17%

42%

36%

El IFE usó un algoritmo para alterar el cómputo de votos para que ganara Felipe Calderón

7%

8%

33%

15%

15%

38%

32%

Se cometió un fraude electoral en la elección presidencial del 2012

22%

12%

57%

28%

25%

63%

54%

Peña Nieto ganó la elección presidencial por la compra masiva de voto

35%

16%

69%

32%

29%

68%

62%

Como se observa en el Cuadro 3, la identidad partidista explica en mayor medida la percepción que hubo un fraude en la elección presidencial de 2006: 51% de los votantes que se autoidentifican con Morena consideran que hubo un fraude en esa elección, mientras que menos del 20% entre panistas y priistas reportan creer en ese fraude (20% “totalmente cierto” entre independientes). La información política, la propensión a las teorías de la conspiración o el nivel de enojo no parece incidir de la misma forma que la identidad partidista. Ahora bien, cuando se pregunta sobre las formas particulares de fraude electoral que el movimiento lopezobradorista acusó en ese año, las personas con propensión alta a las teorías de la conspiración tienen mayor probabilidad de creer que el IFE alteró los votos (42%, “totalmente cierto”) y que el IFE usó un algoritmo para alterar el cómputo de votos (38%, “totalmente cierto”). Algo similar sucede con la creencia que se cometió un fraude electoral en 2012: entre personas con alta propensión a creer en teorías de la conspiración, 63% considera “totalmente cierto” que hubo fraude.

Los resultados presentados en este artículo constituyen una primera aproximación para entender el proceso por el cual los individuos creen en eventos que no cuentan con el sustento de la mejor evidencia disponible. A pesar de la evidencia robusta que existe en este caso —que da cuenta que se contaron correctamente los votos— y a pesar de que han pasado más de 13 años, un cuarto de los mexicanos sigue creyendo que hubo un fraude electoral en 2006. Como se explica en este artículo, es la identidad partidista el motor principal de esa percepción. Los votantes que se autoidentifican con Morena son quienes reportan el porcentaje más alto de dicha percepción. Como refiere John Zaller,10 las opiniones de los individuos suelen ser un matrimonio entre predisposiciones partidistas y élites. Cuando las élites partidistas mandan señales claras a su electorado, el público suele tener sus opiniones mejor cristalizadas. Este parece ser el caso de la creencia en el supuesto fraude electoral de 2006: la suma de votantes con una sólida identidad partidista que no han rechazado sino, por el contrario, aceptado el mensaje sobre la elección presidencial de 2006 que Andrés Manuel López Obrador ha transmitido a lo largo de estos años.

 

Rodrigo Castro Cornejo
Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame (EUA) y Profesor-Investigador en la División de Estudios Políticos del CIDE. Su investigación se centra en la formación de opinión pública, la identidad partidista y el comportamiento del votante.


1 Flynn, Adam et al. (2017) “The Nature and Origins of Misperceptions: Understanding False and Unsupported Beliefs About Politics”, Advances in Political Psychology, 38(1): 127-150.

2 La encuesta tuvo una muestra de 1,000 entrevistados y se levantó la última semana de abril de 2018. Para levantar las encuestas telefónicas se contrató a la firma encuestadora BGC Beltrán, Juárez y Asocs. Las muestras tienen una representatividad a nivel nacional de la población con teléfono en su vivienda.

3 Green, D., B. Palmquist y E. Schickler (2002), Partisan Hearts and Minds: Political Parties and the Social Identities of Voters, New Haven, CT, USA: Yale University Press. Lewis-Beck, Michael et al (2008). The American Voter Revisited. Ann Abor, MI. University of Michigan Press, entre otros.

4 Jardina, Ashley y Michael Traugott (2019). “The Genesis of the Birther Rumor: Partisanship, Racial Atttitudes, and Political Knowledge,” Journal of Race, Ethnicity, and Politics, 4(19): 60-80. Harmann Todd and Adam Newmark (2012) “Motivated Reasoning, Political Sophistication, and Associations between President Obama and Islam” PS: Political Science and Politics 45(3): 449-455, entre otros.

5 Hart PS and EC Nisbet (2012) “Boomerang Effects in Science Communication: How Motivated Reasoning and Identity Cues Amplify Opinion Polarization about Climate Mitigation Policies” Comunication Reserarch, 39(6): 701-723.

6 Flynn et al. (2017) “The Nature and Origins of Misperceptions: Understanding False and Unsupported Beliefs About Politics,” Advances in Political Psychology, 38(1): 127-150. Berinsky, Adam (2017). “Rumors and Health Care Reform: Experiments in Political Misinformation” British Journal of Political Science 47(2): 241-262, entre otros.

7 Este cuarto rumor político se agregó en una segunda encuesta telefónica levantada a finales de junio.

8 Flynn et al. (2017) “The Nature and Origins of Misperceptions: Understanding False and Unsupported Beliefs About Politics,” Advances in Political Psychology, 38(1): 127-150 Uscinski et al. (2016) “What Drives Conspiratorial Beliefs? The Role of Informational Cues and Predispositions”, Political Research Quarterly, 69(1): 57-71, entre otros.

9 Leeper, Thomas y Rune Slothuus (2014), “Political Parties, Motivated Reasoning, and Public Opinion Formation”, Advances in Political Psychology 35(1): 129-156. Uscinski et al. (2016), “What Drives Conspiratorial Beliefs? The Role of Informational Cues and Predispositions” Political Research Quarterly, 69(1):57-71. Harmann Todd y Adam Newmark (2012), “Motivated Reasoning, Politcal Sophistication, and Associations between President Obama and Islam”, PS: Political Science and Politics 45(3): 449-455. Suhay, E., & Erisen, C. (2018). “The Role of Anger in the Biased Assimilation of Political Information”, Political Psychology, Rico, G., Guinjoan, M. y Anduiza, E. (2017), “The Emotional Underpinnings of Populism: How Anger and Fear Affect Populist Attitudes”, Swiss Polit Sci Review, 23: 444-461, entre otros.

10 Zaller, John. (1992) The Nature and Origins of Mass Opinion. Cambridge University Press.