Este fin de semana —después de dos maravillosas semanas de fútbol diario—, la Copa Mundial Femenil de Fútbol pasó a su fase eliminatoria.1 La etapa de grupos ya nos había regalado momentos históricos. La consagración (y posterior despedida tras una reñida derrota contra las francesas) de Marta Vieira da Silva —brasileña, delantera, lesbiana y sin patrocinio oficial de tachones— como la mayor anotadora de goles en Copas Mundiales (varoniles y femeniles) con 17 tantos. El primer gol del equipo tailandés en una justa mundialista femenil, a pesar del escaso apoyo por parte de su federación. El partidazo entre Escocia y Argentina cuyo empate significó la salida para ambas del torneo.

La primera parte de los octavos de final no se quedó atrás. Mientras Alemania e Inglaterra consiguieron un cómodo pase con tres tantos cada una, Francia y Noruega tuvieron enfrentamientos más apretados que se decidieron en tiempos extra y tiros penales, correspondientemente. Un espectáculo en toda la extensión de la palabra.

Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos por hacerle justicia al deporte femenil, la disparidad que existe con los competidores varoniles es… exorbitante. Esta primera entrega tiene como objetivo hacer una comparación concisa entre el dinero que la FIFA reparte como “premio” en las distintas copas del mundo.

Futbol

Ilustración: Pablo García

Los datos

La fuente de información que usé para este análisis son los Informes Financieros de la FIFA para los años mundialistas, desde 2006. Debido a la extensión de los documentos y las diferencias entre los mismos, la recolección de datos fue manual. Lamentablemente, la información que compete a mundiales femeniles —a pesar de que la primera edición se celebró en 1991— es escasa. El último informe, correspondiente a 2018, es el único que desagrega la información por posición: cuánto dinero le corresponderá a la campeona, subcampeona, y posiciones subsecuentes. Con el objetivo de hacer un análisis más íntegro, incorporé la información de notas periodísticas que citan a la FIFA para tener referencia del dinero total repartido en los últimos tres mundiales, así como el premio de campeonas para los mismos.

Diferencia de goles: repartición desigual

Bajo la promesa de emparejar la cancha, directivos de la FIFA anunciaron un incremento sustancial en el total de dinero que se distribuiría en la competencia femenil: se duplicaría el monto ofrecido en Canadá hace cuatro años. Sin embargo, la brecha respecto a los mundiales varoniles es aún muy grande: tan sólo en Rusia 2018 los equipos participantes contendieron por una bolsa trece veces mayor a la disputada actualmente en Francia.

Un dato más alarmante: quien quiera que se corone campeona mundial recibirá 0.74 millones de dólares menos que los peores participantes del mundial varonil en Alemania 2006: las campeonas recibirían un premio económico de 4 millones de dólares; los equipos varoniles que ni siquiera calificaron a la siguiente ronda en Alemania recibieron 4.74. Es decir, bajo el supuesto de que las estadounidenses logren el bicampeonato, la FIFA les premiaría con menos dinero que lo que recibió el equipo de hombres en un torneo en el que ni siquiera pasaron al cuarto partido. La siguiente gráfica muestra cómo —a pesar de un posible bicampeonato, y de contar con el partido de fútbol con mayor audiencia en la historia— la recompensa económica que ha recibido la selección femenil es menos de un tercio de la recibida por sus congéneres.

Por último, respecto a los premios por ganar el mundial, las diferencias son similares a lo que ya se ha revisado. En el caso de que, por ejemplo, Francia logre consagrarse en casa y, con esto, igualar lo conseguido por el equipo varonil el año pasado, tendría que ganar nueve veces el mundial para igualar el premio económico que Rusia significó a sus compañeros.

¿Minuto 90?

El partido por una sociedad más justa e igualitaria no se ha acabado —ni en las canchas, ni en las calles. En el caso de la brecha salarial entre jugadoras y jugadores, hay que reconocerlo, al menos existen pincelazos de voluntad por parte de las autoridades para acotarla. Estos esfuerzos, también hay que decirlo, están lejos de ser suficientes —no sólo en materia económica, sino social. El rechazo en general a que las mujeres nos apropiemos del llano persiste: desde los prejuicios a la forma en la que una jugadora debe o no comportarse —si es femenina se percibe que no juega suficientemente bien; si es masculina, entonces es un monstruo… o peor, lesbiana—; hasta las manifestaciones francamente psicóticas que florecen cuando una reconocida comentarista deportiva tiene la oportunidad de narrar, por primera vez en la historia, la final de la Champions League.

En Francia, el balón seguirá rodando hasta el 7 de julio. Nosotras celebraremos cada gol, sufriremos cada penal y discutiremos cada jugada que el VAR decida revisar. El fútbol femenil llegó para quedarse. Creceremos, aprenderemos e igualaremos hazañas dentro y fuera de la cancha; posiblemente, lloremos al inicio para sonreír al final.

 

Katia Guzmán Martínez

Nota
Aquí se puede consultar el código con el que se construyó este artículo, así como los datos y las gráficas que se incluyen.


1 El nombre oficial del torneo es Copa Mundial Femenina de Fútbol. Por razones teóricas, decidí cambiarlo: las mujeres que jugamos fútbol podemos ser femeninas, o no. Femenil es un mejor término para nombrar al mundial.